Martes de la X semana del Tiempo ordinario: 9 de Junio (P. Manny Rodríguez Delgado, C.Ss.R.)
Podcast, 9 de junio, 2026
Queridos hermanos y hermanas en Cristo Jesús,
Les doy la bienvenida a "LA BUENA PALABRA", nuestro podcast diario en el que los Misioneros Redentoristas de la Provincia de Baltimore comparten la Buena Nueva de Jesús. Soy el padre Manuel Rodríguez, redentorista, de la Basílica de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro en Brooklyn, Nueva York.
Hoy es martes, 9 de junio de 2026. La homilía de hoy es de Mateo, capítulo 5, versos 13 a 16.
En el Evangelio de hoy, Jesús nos dirige unas palabras sencillas, pero profundamente exigentes:
“Ustedes son la sal de la tierra… ustedes son la luz del mundo.”
La sal y la luz no existen para sí mismas.
La sal da sabor y preserva.
La luz ilumina y orienta.
Así debe ser la vida del cristiano.
En un mundo donde a menudo hay indiferencia, violencia, división y pérdida de esperanza, Jesús nos recuerda que nuestra fe no puede esconderse. Un verdadero discípulo transforma el ambiente donde vive: en la familia, en el trabajo, en la parroquia y en la comunidad.
La sal, cuando pierde su sabor, ya no sirve. También nuestra fe puede volverse “sin sabor” cuando se vive solo de apariencia, cuando dejamos de orar, cuando olvidamos la caridad, cuando nos acostumbramos al Evangelio sin ponerlo en práctica.
Y Jesús también dice: “No se enciende una lámpara para esconderla.”
La luz de Cristo que recibimos en el Bautismo no es para guardarla, sino para compartirla. Muchas veces una palabra de consuelo, un gesto de perdón, una visita a un enfermo, una ayuda silenciosa, pueden ser una verdadera luz para alguien que vive en oscuridad.
Este mensaje me hace pensar en mi tía, Rosy, fallecida hace dos años. Siempre que la visitaba, la encontraba con personas que se le habían acercado para pedirle consulta sobre diversas situaciones de sus vidas. Y ella, con la combinación de la sabiduría humana y el espíritu de Jesús, los escuchaba, les consolaba y, con palabras muy positivas, sinceras y sabias, les acompañaba y les aconsejaba. Siempre pensaba que ella, como laica comprometida, como luz y sal, llegaba a muchas más personas que yo como sacerdote. Y como a mi tía Rosy, he visto a muchas, muchas personas que son figuras concretas de la presencia de Jesús entre nosotros.
El Señor no nos pide hacer cosas extraordinarias, sino vivir de manera auténtica y coherente. La santidad muchas veces se manifiesta en lo pequeño: en la paciencia, en la escucha, en la bondad, en la honestidad, en la fidelidad diaria.
Que al ver nuestras buenas obras, otros puedan glorificar al Padre del cielo. Es decir, que nuestra vida lleve a otros a acercarse más a Dios.
Pidamos hoy al Señor que nunca perdamos el sabor del Evangelio y que nuestra luz no se apague. Que, con humildad y amor, podamos ser sal que da esperanza y luz que guía hacia Cristo. Amén.
Kommentit
0Ole ensimmäinen kommentoija
Rekisteröidy nyt ja liity The Good Word-yhteisöön!