Episodio 8. Sobre la libertad de las mujeres
Intentamos responder a la pregunta de la visión de la mujer en la obra de Chaves y su condición, también aquí, de un heterodoxo muy alejado de la visión tradicional española, que, en muchos aspectos, sigue vigente hoy día. Vamos a leer un fragmento que pertenece a su etapa de madurez en París, donde sintetiza su visión sobre la liberación femenina a través del trabajo y la biología, contraponiéndola a la situación que observaba en el sur de España.
Se trada del libro “La vuelta a Europa en avión. Un pequeño burgués en la Rusia roja. Capítulo: “Un día en París” publicado en 1929. Previamente, los textos habían aparecido de forma seriada en el periódico Heraldo de Madrid durante el año 1928.
“En París —no sólo en París, pero en París principalmente— la mujer va siempre al lado del hombre. No creo que aquí haya habido nunca problema feminista a la manera ininteligente que tuvieron de plantearlo las mujeres anglosajonas. Francia ha resuelto el problema feminista de esa manera tan humana, tan sencilla, y netamente biológica que tiene el espíritu francés para plantearse y resolverse los problemas. [...]
La mujer está hoy en todas partes. En un sitio, gobierna; en el otro, obedece; aquí, goza; allí, sufre; camarera o dueña, y señora de príncipes, cada cual según su temperamento. Vendedoras ambulantes, mecanógrafas, obreras, intelectuales, madres, esposas, amantes de una hora o amantes de toda la vida. ¡Qué grata para uno, español, esta omnipresencia de la mujer!
La cuestión está en salvar el problema sexual, en no concederle más que la importancia secundaria que tiene en realidad. Superado esto, no hay problema feminista. La mujer toma automáticamente la parte que le corresponde en el trabajo del mundo y automáticamente se redime de su esclavitud. Yo comparo estas muchachas graciosas, gentiles, independientes, fieramente independientes, que desempeñan en París la función social de hacer el amor, con aquellas otras mujercitas tristes, dramáticas, de Andalucía, a las que los señoritos maltratan, y las encuentro absolutamente redimidas”
El cronista sevillano observó la condición femenina con la misma lucidez y falta de prejuicios con la que analizó los grandes totalitarismos de su tiempo. Su mirada evolucionó desde el análisis de la mujer atrapada en las tradiciones de su Sevilla natal hasta la fascinación por la “omnipresencia” y la independencia de la mujer moderna en las capitales europeas.
En su obra de juventud, La Ciudad (1921), Chaves retrata a la mujer sevillana como la habitante de patios “tristes, definitivamente tristes”, donde la historia íntima femenina está marcada por la pena, incluso en sus expresiones de alegría.
Años después, en París, como ya hemos visto, descubriría con entusiasmo a una mujer “fieramente independiente” que trabaja y se redime de la “esclavitud” y la “prostitución negra” de los países menos civilizados.
La mujer como motor revolucionario: Durante su viaje a la URSS, Chaves identificó que la mujer rusa era un “formidable fermento revolucionario”. Sostenía que, mientras en los países latinos la mujer era un elemento conservador, en Rusia su sentimiento de cambio era superior al del hombre, sumándose a la revolución con un fervor de “misión providencial”.
El cambio del canon estéticoEn su biografía de Juan Belmonte (1935), Chaves analiza cómo el ideal de belleza en España pasó de la mujer “peso pesado” (las camareras de café) a un modelo más estilizado e internacional, personificado en la esposa extranjera del torero, lo que en su día supuso un “escándalo público” para los castizos. Cuando Belmonte regresó de América en el otoño de 1918 tras casarse en Lima con una joven de la buena sociedad local, Julia de Cossio, el desembarco en Cádiz y la llegada a Sevilla supusieron un desencanto para sus paisanos. Al ver a la esposa de Belmonte —una mujer estilizada y alejada de las formas rotundas del gusto español de la época—, las comadres trianeras la miraban con desprecio y comentaban con sarcasmo: “¡Valiente sardina se ha traído Juan!”
El matrimonio de Belmonte no fue visto simplemente como un asunto privado, sino como un “insolente desacuerdo con el canon nacional de belleza”. Para los castizos e integristas de la tradición, que un torero famoso —figura máxima del casticismo— se casara con una “señorita extranjera” que no encajaba en el modelo de mujer española “como es debido”, adquirió tintes de escándalo público. La sociedad tradicionalista se sentía irritada ante lo que percibía como una traición a los estándares estéticos de la raza.
En sus relatos de la Guerra Civil, Chaves destaca figuras como Rosario, una miliciana que salva la vida de un abogado de derechas. Para el autor, la heroicidad femenina emana de los valores humanos y la compasión, situándose por encima de los fanatismos sectarios. .
Por cierto, se sabe que Chaves Nogales llegó a firmar artículos de moda para prensa hispanoamericana bajo el nombre de su hija, Pilar Chaves, para sortear ciertas limitaciones o completar encargos de agencias. Por cierto, para entender cómo pensaba Chaves Nogales y lo lejos que estaba de los estándares habituales, escuchemos a su hija en octubre de 2017 en Sevilla, entrevistada por Jesús Vigorra y Pérez Reverte, acompañada de su hijo, Antony Jones Chaves.
Otra mujer muy importante. La responsable de la recuperación de su Obra: La investigadora y catedrática María Isabel Cintas es la mayor experta en su obra y ha dedicado décadas a recuperar sus textos, siendo reconocida como la figura clave que sacó al periodista del ostracismo.
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