Chaves Nogales: la Mirada Libre

Episodio 4. Francia ante el espejo de 1940: El retorno de la "indiferencia inhumana"

8 min · 24. feb. 2026
episode Episodio 4. Francia ante el espejo de 1940: El retorno de la "indiferencia inhumana" cover

Beskrivelse

La noticia de que Christine Lagarde baraja adelantar su salida para blindar su sucesión ante la posible llegada de la ultraderecha al Elíseo no es solo un movimiento táctico; es el síntoma de una democracia que contiene la respiración. Como se advertía recientemente un artículo de Tomás García en La Voz de Galicia, siempre que Francia entra en combustión es imperativo regresar a Manuel Chaves Nogales. En su ensayo La agonía de Francia (1941), el periodista sevillano no solo narró la caída militar de una potencia, sino la descomposición moral de una sociedad que, como la actual, parecía más preocupada por su bienestar inmediato que por el derrumbe de sus instituciones. Chaves Nogales, observador privilegiado en la Francia de 1940, retrató con una vigencia aterradora la “indiferencia inhumana de las masas” ante el colapso. Mientras hoy los mercados y las élites burocráticas maniobran ante el auge de los nuevos populismos de Le Pen o Mélenchon —quienes, según la teoría de la herradura, terminan tocándose en su caudillismo y su rechazo a los valores occidentales—, resuenan las palabras literales de Chaves sobre aquel fatídico domingo en que murió la Tercera República: “En unas horas plácidas, banales, de un domingo radiante, Francia, la Francia que creíamos inmortal, se había hundido, quizás para siempre, entre la indiferencia absoluta de una gran ciudad alegre y confiada, el discurrir perezoso de una muchedumbre endomingada [...] Un mediano restaurant, una cama, una mesa libre en una terraza para tomar cómodamente el aperitivo, una localidad para el cine... tenían más importancia para aquella masa abigarrada que todas las angustiosas preocupaciones nacionales del momento. Nunca una catástrofe nacional se ha producido en medio de una mayor inconsciencia colectiva”. Esta inconsciencia colectiva que Chaves denunciaba es el eco que hoy percibimos en una Europa que se asoma al abismo. El autor explicaba que la organización colosal de la vida moderna es, trágicamente, independiente de la salud del Estado. Esta advertencia es clave para entender por qué la estabilidad económica actual puede ser un espejismo: “El Estado puede hundirse y desaparecer para siempre y el pueblo puede caer en la esclavitud sin que el autobús haya dejado de pasar por la esquina a la hora exacta, sin que se interrumpan los teléfonos, sin que los trenes se retrasen un minuto ni los periódicos dejen de publicar una sola edición. Las masas modernas lo soportan todo menos la incomodidad material, física. La independencia de la patria, los derechos del hombre, los destinos de la civilización, son hoy para la gran masa ciudadana puras abstracciones que no tienen ningún sentido frente al hecho cierto, tangible, irritante, de que al salir del trabajo no se pueda tomar el aperitivo o de que haya que perder una hora haciendo cola ante la puerta de una panadería”. Hoy, Francia vuelve a ser ese “país enfermo” incapaz de integrar sus fracturas sociales y refugiado en una grandeur de porcelana. La clase política, al igual que en los años 30, se ve tentada por los extremos bajo el infame lema “antes Hitler que Blum”, que hoy se traduce en vetos cruzados y radicalismos que asfixian la “tercera vía” liberal que Chaves siempre defendió. El periodista sevillano nos dejó una lección final: la democracia no muere por falta de recursos, sino por la renuncia a los valores que la sustentan. Lagarde intenta salvar la estructura, pero como aprendió Chaves al ver a la burguesía francesa esconder sus billetes mientras los nazis entraban en París, no hay blindaje burocrático que resista cuando la ciudadanía ha decidido enamorarse de su verdugo. “Francia se ha suicidado, pero al suicidarse ha cometido además un crimen inexpiable con esas masas humanas que habían acudido a ella porque en ella habían depositado su fe y su esperanza [...] Francia había llegado a enamorarse de su verdugo. Esta aberración, que en el ser humano aislado no es más que un caso de perversión sexual, al dominar a un pueblo y sobre todo a un pueblo superior como el de Francia, ha dado origen a una de las tragedias más hondas de la historia”. La manada es hoy más fuerte y el rebaño está cada vez más cercado. Solo nos queda recuperar la lucidez de Chaves Nogales para recordar que, frente a la barbarie totalitaria, no hay fórmula superior a la paz, la libertad y el diálogo democrático. This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit antoniomanfredi1959.substack.com [https://antoniomanfredi1959.substack.com?utm_medium=podcast&utm_campaign=CTA_1]

Kommentarer

0

Vær den første til at kommentere

Tilmeld dig nu og bliv en del af Chaves Nogales: la Mirada Libre-fællesskabet!

Kom i gang

1 måned kun 9 kr.

Derefter 99 kr. / måned · Opsig når som helst.

  • Podcasts kun på Podimo
  • 20 lydbogstimer pr. måned
  • Gratis podcasts

Alle episoder

8 episoder

episode Episodio 8. Sobre la libertad de las mujeres cover

Episodio 8. Sobre la libertad de las mujeres

Intentamos responder a la pregunta de la visión de la mujer en la obra de Chaves y su condición, también aquí, de un heterodoxo muy alejado de la visión tradicional española, que, en muchos aspectos, sigue vigente hoy día. Vamos a leer un fragmento que pertenece a su etapa de madurez en París, donde sintetiza su visión sobre la liberación femenina a través del trabajo y la biología, contraponiéndola a la situación que observaba en el sur de España. Se trada del libro “La vuelta a Europa en avión. Un pequeño burgués en la Rusia roja. Capítulo: “Un día en París” publicado en 1929. Previamente, los textos habían aparecido de forma seriada en el periódico Heraldo de Madrid durante el año 1928. “En París —no sólo en París, pero en París principalmente— la mujer va siempre al lado del hombre. No creo que aquí haya habido nunca problema feminista a la manera ininteligente que tuvieron de plantearlo las mujeres anglosajonas. Francia ha resuelto el problema feminista de esa manera tan humana, tan sencilla, y netamente biológica que tiene el espíritu francés para plantearse y resolverse los problemas. [...] La mujer está hoy en todas partes. En un sitio, gobierna; en el otro, obedece; aquí, goza; allí, sufre; camarera o dueña, y señora de príncipes, cada cual según su temperamento. Vendedoras ambulantes, mecanógrafas, obreras, intelectuales, madres, esposas, amantes de una hora o amantes de toda la vida. ¡Qué grata para uno, español, esta omnipresencia de la mujer! La cuestión está en salvar el problema sexual, en no concederle más que la importancia secundaria que tiene en realidad. Superado esto, no hay problema feminista. La mujer toma automáticamente la parte que le corresponde en el trabajo del mundo y automáticamente se redime de su esclavitud. Yo comparo estas muchachas graciosas, gentiles, independientes, fieramente independientes, que desempeñan en París la función social de hacer el amor, con aquellas otras mujercitas tristes, dramáticas, de Andalucía, a las que los señoritos maltratan, y las encuentro absolutamente redimidas” El cronista sevillano observó la condición femenina con la misma lucidez y falta de prejuicios con la que analizó los grandes totalitarismos de su tiempo. Su mirada evolucionó desde el análisis de la mujer atrapada en las tradiciones de su Sevilla natal hasta la fascinación por la “omnipresencia” y la independencia de la mujer moderna en las capitales europeas. En su obra de juventud, La Ciudad (1921), Chaves retrata a la mujer sevillana como la habitante de patios “tristes, definitivamente tristes”, donde la historia íntima femenina está marcada por la pena, incluso en sus expresiones de alegría. Años después, en París, como ya hemos visto, descubriría con entusiasmo a una mujer “fieramente independiente” que trabaja y se redime de la “esclavitud” y la “prostitución negra” de los países menos civilizados. La mujer como motor revolucionario: Durante su viaje a la URSS, Chaves identificó que la mujer rusa era un “formidable fermento revolucionario”. Sostenía que, mientras en los países latinos la mujer era un elemento conservador, en Rusia su sentimiento de cambio era superior al del hombre, sumándose a la revolución con un fervor de “misión providencial”. El cambio del canon estéticoEn su biografía de Juan Belmonte (1935), Chaves analiza cómo el ideal de belleza en España pasó de la mujer “peso pesado” (las camareras de café) a un modelo más estilizado e internacional, personificado en la esposa extranjera del torero, lo que en su día supuso un “escándalo público” para los castizos. Cuando Belmonte regresó de América en el otoño de 1918 tras casarse en Lima con una joven de la buena sociedad local, Julia de Cossio, el desembarco en Cádiz y la llegada a Sevilla supusieron un desencanto para sus paisanos. Al ver a la esposa de Belmonte —una mujer estilizada y alejada de las formas rotundas del gusto español de la época—, las comadres trianeras la miraban con desprecio y comentaban con sarcasmo: “¡Valiente sardina se ha traído Juan!” El matrimonio de Belmonte no fue visto simplemente como un asunto privado, sino como un “insolente desacuerdo con el canon nacional de belleza”. Para los castizos e integristas de la tradición, que un torero famoso —figura máxima del casticismo— se casara con una “señorita extranjera” que no encajaba en el modelo de mujer española “como es debido”, adquirió tintes de escándalo público. La sociedad tradicionalista se sentía irritada ante lo que percibía como una traición a los estándares estéticos de la raza. En sus relatos de la Guerra Civil, Chaves destaca figuras como Rosario, una miliciana que salva la vida de un abogado de derechas. Para el autor, la heroicidad femenina emana de los valores humanos y la compasión, situándose por encima de los fanatismos sectarios. . Por cierto, se sabe que Chaves Nogales llegó a firmar artículos de moda para prensa hispanoamericana bajo el nombre de su hija, Pilar Chaves, para sortear ciertas limitaciones o completar encargos de agencias. Por cierto, para entender cómo pensaba Chaves Nogales y lo lejos que estaba de los estándares habituales, escuchemos a su hija en octubre de 2017 en Sevilla, entrevistada por Jesús Vigorra y Pérez Reverte, acompañada de su hijo, Antony Jones Chaves. Otra mujer muy importante. La responsable de la recuperación de su Obra: La investigadora y catedrática María Isabel Cintas es la mayor experta en su obra y ha dedicado décadas a recuperar sus textos, siendo reconocida como la figura clave que sacó al periodista del ostracismo. This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit antoniomanfredi1959.substack.com [https://antoniomanfredi1959.substack.com?utm_medium=podcast&utm_campaign=CTA_1]

7. juni 202611 min
episode Episodio 7. La dignidad en la derrota y la precariedad cover

Episodio 7. La dignidad en la derrota y la precariedad

Grabo este podcast el 3 de mayo, Día Mundial de la Libertad de Prensa, una reivindicación que hoy, más que nunca, está vigente. Por eso recurro de nuevo a Chaves Nogales. Titulo este capítulo siete: La dignidad en la derrota y la precariedad Gran parte de su obra final fue escrita desde el exilio, con escasos recursos y bajo la sombra de la persecución. Nunca vendió su pluma al mejor postor, a pesar de las dificultades económicas. * Vigencia: Su ética profesional frente a la adversidad es un referente para el periodismo actual, que a menudo se enfrenta a crisis de modelo de negocio y presiones externas. Chaves es el ejemplo de que la integridad es el activo más valioso de un comunicador. CABECERA Para este nuevo episodio sobre Manuel Chaves Nogales, exploraremos la faceta más heroica y, a la vez, más amarga de su trayectoria: su capacidad para mantener la integridad profesional y la dignidad moral mientras vivía en la precariedad del exilio y bajo la constante amenaza de muerte. Chaves Nogales pasó de ser uno de los periodistas mejor pagados de España, con un sueldo de 3.000 pesetas mensuales en el diario Ahora, a vivir en la indigencia del exilio. Al salir de España en noviembre de 1936, se instaló en un modesto hotelito de un arrabal parisino (Montrouge), rodeado de otros “desarraigados” víctimas de los totalitarismos. A pesar de las dificultades económicas —su hija Pilar recordaba que tuvieron que vender muebles y lámparas para sobrevivir—, Chaves se negó a vender su pluma. Mantuvo lo que él llamaba una “ciudadanía española puramente espiritual”, de la que ni los “blancos” ni los “rojos” pudieran desposeerle. . En Londres, trabajó de forma frenética para múltiples medios latinoamericanos, a menudo sufriendo porque los pagos tardaban meses en llegar, lo que le sumía en una constante estrechez económica Su ética no era una pose intelectual, sino un riesgo físico real. Chaves confesó que, antes incluso de la guerra, los fascistas habían acordado asesinarlo como medida preventiva, mientras que los revolucionarios también le consideraban “perfectamente fusilable” En 1940, la Gestapo fue a buscarle a su casa de París, obligándole a una huida desesperada hacia Londres La saña del régimen franquista contra su integridad fue tal que, ocho días después de su muerte en 1944, el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo le condenó a doce años de prisión e inhabilitación absoluta perpetua Fuente: Sus últimas palabras recogidas por Antonio Soto (1944) “Hasta ahora no se ha descubierto ninguna forma de convivencia humana superior al diálogo, ni se ha encontrado un sistema de gobierno más perfecto que el de una asamblea deliberante... es decir; la paz, la libertad, la democracia. En el mundo no hay más. [...] Si los españoles abusan alguna vez de la libertad, démosles más libertad aún. Los males de la libertad solo con libertad se curan”. La independencia tiene un precio: Chaves demuestra que la fidelidad a la verdad a menudo conlleva la soledad y el ostracismo . En un mundo de “periodismo de bando”, él es el referente de la “Tercera España”. La integridad frente a la crisis del modelo: Mientras hoy el periodismo sufre presiones por el modelo de negocio, Chaves nos recuerda que “nadie puede sustituir al periodista como mediador entre la realidad y el lector” si este mantiene su rigor y honestidad El periodista como “primer borrador de la historia”: Su legado es una lección de cómo contextualizar lo que se ve para que se entienda, sin caer en la banalidad de las tecnologías o las modas pasajeras ---- Aprovecho para hablarles del antes mencionado, Antonio Soto. Antonio Soto fue un periodista gaditano y uno de los amigos más íntimos y leales de Manuel Chaves Nogales, con quien mantuvo una relación fraternal desde 1920 . Ambos compartieron una trayectoria profesional paralela, siendo compañeros en la redacción del Heraldo de Madrid y, años más tarde, coincidiendo nuevamente en el exilio en Londres En la capital británica, Soto desempeñó un papel crucial tanto en la vida personal como profesional de Chaves: Compañero de exilio y trabajo: Soto trabajó junto a Chaves en la agencia Atlantic-Pacific Press Agency (APPA) y vivió en el mismo bloque de apartamentos que él, en Russell Court Testigo de sus últimos días: Fue una de las dos únicas personas (junto a Frances Kaye) que acompañó a Chaves Nogales durante su enfermedad y muerte en un hospital privado de Londres en mayo de 1944 Albacea de su palabra: Tras la muerte del cronista, Soto fue el responsable de redactar y radiar su necrológica a través de la BBC el 9 de mayo de 1944 En este histórico mensaje, Soto inmortalizó el testamento espiritual de su amigo al transmitir sus últimas palabras: “Si los españoles abusan alguna vez de la libertad, démosles más libertad aún. Los males de la libertad solo con libertad se curan” Soto mantuvo correspondencia con el hermano de Manuel, José (Pepe) Chaves Nogales, a quien relató con crudeza y ternura las circunstancias del fallecimiento, confesando que no tuvo el valor de verlo morir en el quirófano Se encargó de recoger las pertenencias de Chaves para enviarlas a España, incluyendo su máquina de escribir y sus papeles, aunque estos últimos se perdieron en el trayecto o fueron requisados Además de su labor periodística, Antonio Soto aparece vinculado a la obra más famosa de Chaves, ya que fue el apoderado del torero Juan Belmonte. Esta doble condición de periodista y hombre de confianza en el mundo taurino refuerza su importancia como pieza clave para entender el entorno humano que rodeó a Chaves Nogales en sus años de mayor esplendor y en su amargo final en Londres. This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit antoniomanfredi1959.substack.com [https://antoniomanfredi1959.substack.com?utm_medium=podcast&utm_campaign=CTA_1]

3. maj 202610 min
episode Episodio 6. La Semana Santa, una fórmula vigente de convivencia cover

Episodio 6. La Semana Santa, una fórmula vigente de convivencia

El pensamiento de Manuel Chaves Nogales sobre la Semana Santa, particularmente la de su Sevilla natal, es uno de los análisis sociológicos más agudos y vigentes que se han escrito sobre esta festividad. Para él, las cofradías no eran meras instituciones religiosas, sino una fórmula de convivencia humana y social que lograba lo que la política de su tiempo no podía: unir a ciudadanos de ideologías opuestas bajo un sentimiento común. Para desarrollar este tema, me baso en sus reportajes para el diario Ahora (abril de 1935), su colaboración en la revista francesa Voila (1936) con fotografías de Robert Capa, y su libro de juventud La Ciudad (1921). Chaves Nogales veía en el cabildo de las hermandades una organización democrática y popular (aunque él mismo decía, con ironía, que era un “caciquismo perfecto”) que servía como refugio frente a la polarización. En una época de odio cainita, observaba cómo monárquicos, republicanos y hasta obreros comunistas se unían en la cofradía. Hoy, la Semana Santa sigue siendo uno de los pocos espacios de transversalidad social. En un presente marcado por la “burbuja” de las redes sociales y la crispación política, la cofradía sigue operando como ese lugar donde personas con visiones del mundo irreconciliables comparten un mismo varal o una misma fila de nazarenos, priorizando la identidad de barrio o de fe sobre el bando político. Una de sus frases más célebres es: “Siempre hay en el fondo de la cofradía un poquito de anarcosindicalismo”. Chaves detectó que las hermandades son organizaciones netamente populares que han nacido y crecido a espaldas de los dos grandes poderes constituidos: la Iglesia y el Estado. El cofrade, por temperamento, es rebelde ante las imposiciones del Cardenal y del Gobernador. Esta tensión persiste hoy. La lucha de las hermandades por mantener su autonomía frente a los protocolos de seguridad de las autoridades civiles (el “Gobernador”) o las directrices normativas de las diócesis (el “Cardenal”) refleja esa esencia indómita que Chaves describió. La fiesta pertenece al pueblo, y cualquier intento institucional de encorsetarla choca con ese espíritu “anárquico” del cofrade. Chaves sostenía que el origen de la Semana Santa no es solo la religiosidad verdadera, sino una fórmula social basada en las relaciones vitales del individuo: su barrio, su tallercito, su familia y su taberna. Por eso, afirmaba que en las filas de nazarenos se plantan el capirote tanto los creyentes más tibios como los “muy bien caracterizados ateos”. El fenómeno de los “ateos cofrades” o personas que participan de la liturgia pública por pura tradición cultural es hoy, también, más fuerte que nunca. En una sociedad cada vez más secularizada, la Semana Santa se ha consolidado no solo como un rito religioso, sino como un vínculo con la memoria familiar y la identidad local, permitiendo que personas alejadas de la Iglesia sigan sintiéndose dueñas de la fiesta. Chaves narró con asombro la resistencia de los cofrades ante el intento del Cardenal Ilundáin de poner ruedas a los pasos para evitar conflictos con los sindicatos de costaleros. Los cofrades lo consideraron “herético”: la Virgen debía ir sobre hombros humanos, porque esa era la esencia del sacrificio y el garbo. Hoy vivimos un debate similar con la hiper-tecnificación de la fiesta. Desde el uso de GPS para controlar los tiempos de paso hasta la saturación de pantallas en las calles, persiste la duda de si la técnica ayuda o desvirtúa el “misterio”. La defensa del costalero frente a cualquier mecanización sigue siendo una reivindicación de lo humano y artesano frente a lo industrial, tal como Chaves analizó en su día. Para Chaves, el anonimato del nazareno era un ejercicio de orgullo sobrehumano. Al taparse la cara, el hombre humilde se siente dueño de toda la hermandad; presta los atributos del poderoso al desconocido. Lo definía también como una suerte de “maratón de los penitentes” con una indudable naturaleza deportiva. En la era de la sobreexposición y la dictadura de la imagen en Instagram, el anonimato del antifaz adquiere una dimensión casi revolucionaria. Sigue siendo ese espacio donde la individualidad se diluye en la masa para encontrar una personalidad mayor, protegida por la máscara que iguala a todos los que van en la fila. (Ahora. Madrid, 31-3-1935)LOS COFRADES EN LA INTIMIDADNo se ha dado jamás el caso de que una hermandad haya tenido que alquilar nazarenos. El día que esto ocurriera los penitentes se convertirían en comparsas y la Semana Santa en una mascarada. Esos miles y miles de penitentes que desfilan delante de los pasos con la cara tapada y el cirio apoyado en la cadera lo hacen por pura devoción o bien por un espíritu de solidaridad y emulación, cuyo origen no es la religiosidad verdadera, ni siquiera el culto al sevillanismo, sino una fórmula social que se basa en una vida de relación restringida a las autenticas relaciones vitales del individuo: el barrio en que vive, el tallercito donde trabaja, su parroquilla, sus vecinos, su calle, su familia, su taberna. Esto es la cofradía. La supervivencia de este pequeño mundo del barrio en que se mueve el cofrade es lo que mantiene la Semana Santa en Sevilla, y merced a la coacción de este ambiente se plantan el capirote y enarbolan el cirio los más tibios creyentes y hasta muy bien caracterizados ateos, This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit antoniomanfredi1959.substack.com [https://antoniomanfredi1959.substack.com?utm_medium=podcast&utm_campaign=CTA_1]

27. mar. 202611 min
episode Episodio 5. La tumba perdida de Chaves Nogales cover

Episodio 5. La tumba perdida de Chaves Nogales

Gracias a mi amigo, el periodista Luis Menéndez, he tenido las fotos más recientes de la tumba de Chaves Nogales, cerca de Londres. Esto es lo que queda. Es la tumba CR19 en el listado oficial en el cementerio de North Sheen, un bello lugar. Las fotos son de Luis Menénez, al que pueden escuchar en el podcast. Esta es la visión general de la tumba. En el podcast aprovechamos para escuchar las reflexiones sobre la muerte de la abuela del autor, que resultan muy esclarecedoras para entender su propia muerte, en 1944. Lo primero que te viene a la cabeza es por qué se permite que la tumba de Chaves Nogales esté así, no costaría mucho adecentarla. Ya se ha intentado varias veces. La Embajada de España incluso encargó un proyecto con epitafio. Pero la familia no parece estar muy interesada. Sobre todo ahora que sus textos son ya de dominio público y no producen ingresos. Pero habrá que intentarlo. Ya se ha hecho con otros intelectuales en el exilio y nadie mejor que Chaves Nogales lo merece. Escuchemos ahora un texto del autor. La fuente es Chaves Nogales, (1924). “Narraciones maravillosas y biografías ejemplares de algunos grandes hombres humildes y desconocidos” extraído de “La Bolchevique Enamorada y otros Relatos”. En LA NECROFILIA Nos habla de su abuela, del dolor de SU muerte y cómo lo vivió él. Y nos preguntamos que sintió cuando una dolencia gástrica, que le venía avisando desde hace mucho tiempo, le llevó a una peritonitis que hoy se habría curado en horas, pero que se lo llevó a la tumba. ¿Sintió lo mismo que nos dice en este texto? Mi abuela, por lo menos en los tiempos en que yo pude conocerla, rendía un fervoroso culto a los muertos. Acaso esta necrofilia fuese en ella una pasión puramente senil, ya que según noticias que posteriormente pude adquirir, la bendita señora había tenido en su juventud otras muchas pasiones bien distantes de su final preocupación aunque de la intensidad con que amó la vida pudiera deducirse exactamente su extremada consideración a la muerte. Yo, que entre los terrores pánicos de mi adolescencia tenía en primer lugar el terror a la muerte, admiraba a mi abuela como a un ser sobrenatural por la sencillez, la afabilidad con que se volvía de cara a la nada. Me daba la impresión de que ella había hecho ya el viaje de retorno y por una gracia única de la Divinidad estaba con nosotros. Tales eran la seguridad, el aplomo, la certeza que había logrado en su comercio diario con los muertos, a los que ella agasajaba con aquel mimo y aquella suavidad que en su juventud tuvo —dicen— para sus amadores. Cuando le llegó la hora mi abuela se murió. Yo, que aquella noche andaba desazonado al advertir la proximidad de la Intrusa, estuve largas horas en acecho y pude seguir paso a paso la agonía de la pobre abuela; fue una verdadera agonía; su resistencia física era grande y luchó a brazo partido con la muerte; gritaba, revolvíase, fundíase al fin en un ronco estertor en que su cuerpo, todo su cuerpo protestaba. Cuando en el conticinio se declaró vencida le quedó cuajada en los ojos una mirada de espanto. He sospechado siempre que mi abuela anduvo algo descaminada en sus relaciones con los muertos. Éstos, sus íntimos amigos, debieron de informarla mal; seguramente no le dijeron toda la verdad y la pobre llegó algo engañada; el espanto que se pintó en sus ojos decía claramente que «aquello» no era lo previsto. Entonces empecé a desconfiar de los muertos y alejé de mí la necrofilia. Y empecé a creer que la muerte no nos otorga su amistad ni su confianza a cambio de la ornamentación barroca con que la adornamos para hacerla presentable en sociedad. Solo, sin su familia, acompañado de unas pocos amigos, se fue una primavera de 1944. Una reflexión lúcida sobre la soledad del individuo ante el fin. Y si, de nada nos sirve la ormamentación barroca, por mucho que, entonces y ahora, pongamos lacitos al momento final, que a todos nos va a llegar. Fíjense ustedes que usa la palabra “conticinio”, definida como la hora de la noche en que todo está en silencio. El momento en que su abuela decidió marcharse. This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit antoniomanfredi1959.substack.com [https://antoniomanfredi1959.substack.com?utm_medium=podcast&utm_campaign=CTA_1]

11. mar. 202614 min
episode Episodio 4. Francia ante el espejo de 1940: El retorno de la "indiferencia inhumana" cover

Episodio 4. Francia ante el espejo de 1940: El retorno de la "indiferencia inhumana"

La noticia de que Christine Lagarde baraja adelantar su salida para blindar su sucesión ante la posible llegada de la ultraderecha al Elíseo no es solo un movimiento táctico; es el síntoma de una democracia que contiene la respiración. Como se advertía recientemente un artículo de Tomás García en La Voz de Galicia, siempre que Francia entra en combustión es imperativo regresar a Manuel Chaves Nogales. En su ensayo La agonía de Francia (1941), el periodista sevillano no solo narró la caída militar de una potencia, sino la descomposición moral de una sociedad que, como la actual, parecía más preocupada por su bienestar inmediato que por el derrumbe de sus instituciones. Chaves Nogales, observador privilegiado en la Francia de 1940, retrató con una vigencia aterradora la “indiferencia inhumana de las masas” ante el colapso. Mientras hoy los mercados y las élites burocráticas maniobran ante el auge de los nuevos populismos de Le Pen o Mélenchon —quienes, según la teoría de la herradura, terminan tocándose en su caudillismo y su rechazo a los valores occidentales—, resuenan las palabras literales de Chaves sobre aquel fatídico domingo en que murió la Tercera República: “En unas horas plácidas, banales, de un domingo radiante, Francia, la Francia que creíamos inmortal, se había hundido, quizás para siempre, entre la indiferencia absoluta de una gran ciudad alegre y confiada, el discurrir perezoso de una muchedumbre endomingada [...] Un mediano restaurant, una cama, una mesa libre en una terraza para tomar cómodamente el aperitivo, una localidad para el cine... tenían más importancia para aquella masa abigarrada que todas las angustiosas preocupaciones nacionales del momento. Nunca una catástrofe nacional se ha producido en medio de una mayor inconsciencia colectiva”. Esta inconsciencia colectiva que Chaves denunciaba es el eco que hoy percibimos en una Europa que se asoma al abismo. El autor explicaba que la organización colosal de la vida moderna es, trágicamente, independiente de la salud del Estado. Esta advertencia es clave para entender por qué la estabilidad económica actual puede ser un espejismo: “El Estado puede hundirse y desaparecer para siempre y el pueblo puede caer en la esclavitud sin que el autobús haya dejado de pasar por la esquina a la hora exacta, sin que se interrumpan los teléfonos, sin que los trenes se retrasen un minuto ni los periódicos dejen de publicar una sola edición. Las masas modernas lo soportan todo menos la incomodidad material, física. La independencia de la patria, los derechos del hombre, los destinos de la civilización, son hoy para la gran masa ciudadana puras abstracciones que no tienen ningún sentido frente al hecho cierto, tangible, irritante, de que al salir del trabajo no se pueda tomar el aperitivo o de que haya que perder una hora haciendo cola ante la puerta de una panadería”. Hoy, Francia vuelve a ser ese “país enfermo” incapaz de integrar sus fracturas sociales y refugiado en una grandeur de porcelana. La clase política, al igual que en los años 30, se ve tentada por los extremos bajo el infame lema “antes Hitler que Blum”, que hoy se traduce en vetos cruzados y radicalismos que asfixian la “tercera vía” liberal que Chaves siempre defendió. El periodista sevillano nos dejó una lección final: la democracia no muere por falta de recursos, sino por la renuncia a los valores que la sustentan. Lagarde intenta salvar la estructura, pero como aprendió Chaves al ver a la burguesía francesa esconder sus billetes mientras los nazis entraban en París, no hay blindaje burocrático que resista cuando la ciudadanía ha decidido enamorarse de su verdugo. “Francia se ha suicidado, pero al suicidarse ha cometido además un crimen inexpiable con esas masas humanas que habían acudido a ella porque en ella habían depositado su fe y su esperanza [...] Francia había llegado a enamorarse de su verdugo. Esta aberración, que en el ser humano aislado no es más que un caso de perversión sexual, al dominar a un pueblo y sobre todo a un pueblo superior como el de Francia, ha dado origen a una de las tragedias más hondas de la historia”. La manada es hoy más fuerte y el rebaño está cada vez más cercado. Solo nos queda recuperar la lucidez de Chaves Nogales para recordar que, frente a la barbarie totalitaria, no hay fórmula superior a la paz, la libertad y el diálogo democrático. This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit antoniomanfredi1959.substack.com [https://antoniomanfredi1959.substack.com?utm_medium=podcast&utm_campaign=CTA_1]

24. feb. 20268 min