El Comentario del Día
VIERNESIX TIEMPO ORDINARIO sanMarcos 12, 35-37 Quejarnosa Dios “¡Quépersecuciones padecí! Pero de todas me libró el Señor”. Quejarse no es malo, loestéril es tomar la queja como justificación de nuestras omisiones … Un hombre,en el lecho de la muerte, hablaba a un amigo suyo sobre el sentido de lalibertad. Este amigo argumentaba que Dios, en su infinita misericordia, nopodía permitir que los hombres renunciaran a su amor. El anciano moribundo,después de un largo silencio, contestó: “Ése es el problema. Dios nos ha creadopara amarnos y para que le amemos. Sin libertad no existiría criatura algunacapaz de amar a Dios por sí mismo… todo lo demás sigue las “instrucciones” quemarca el orden y fin natural de la creación. Lo prodigioso del ser humano esque, en cualquier momento, puede decir ‘sí’ o ‘no’ a su Creador”. La queja,por tanto, es algo muy humano. Y todo lo que pertenece a la condición limitadadel hombre no tiene como responsable a Dios, sino al ejercicio de la libertad.La primera “limitación” del hombre fue el pecado, y su forma de pensar y actuarha ido realizándose en una dirección muy estrecha, creyendo que con sus solasfuerzas podría superar cualquier obstáculo. Dios, para muchos, supone unimpedimento para esas ínfulas de “autodeterminación” que, aparentemente, noshacen más independientes. Pero Dios “necesita” de nuestras quejas. Y la oraciónes el mejor medio para ser escuchados… y sentirnos libres de verdad. “Muchosson los enemigos que me persiguen, pero yo no me aparto de tus preceptos”.“Hacer lo que me da la gana” puede sonar a algo rotundo y muy personal. Larealidad es diferente. Cuando renunciamos a aquello que creemos nos reprime (lamoral, las costumbres, la educación, el bien común…), el efecto que conseguimoses el contrario: quedamos esclavizados por las cosas que mueren, y que no nosdan sentido de nada. En cambio, aquél que busca en su existencia elcumplimiento de la ley de Dios, proclamará junto al salmista: “El compendio detu palabra es la verdad, y tus justos juicios son eternos”. Lo salmosestán repletos de quejas. Jeremías era otro “gran quejica”. Muchos profetasapelaban a Dios compasión ante las misiones que les encomendaba… Jesucristo, enGetsemaní, pidió a su Padre que, si era posible, apartara el amargo cáliz de laPasión. El Hijo de Dios no tenía pecado, pero quiso llevar sobre sí todas lasquejas de la humanidad, desde Adán hasta el fin de los tiempos. Todo para quetú y yo recobráramos la única libertad que nos garantiza ser “libres”. “Lagente, que era mucha, disfrutaba escuchándolo”. También nosotros disfrutamos denuestra relación con Dios. Sabemos que, en todo momento, seremos escuchados porÉl, y que nuestras quejas no son motivo para abatirnos, sino de sacar fuerzasde nuestra debilidad. Así lo entendieron durante siglos aquellos que buscabanidentificarse con los sentimientos de Jesús, y así lo entendemos nosotros. Comodecía el propio san Pablo: “Todo es para bien”. A laVirgen se le dijo: “Bendita tú porque has creído”. Y ella extiende su mantoamoroso sobre cada uno de nosotros. En ese refugio de ternura y misericordia,oiremos voces que aclamarán al unísono: “Bienaventurados vosotros que osquejasteis y fuisteis escuchados”.
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