Liftados
El último episodio de Liftados, el podcast presentado por Gorka Cabañas y Dani Cabado, viaja hasta Noruega para descubrir por qué el país nórdico es hoy una de las mayores fábricas de talento en balonmano femenino. La guía es Gerard Gomis, entrenador catalán afincado en Oslo, que desgrana un modelo formativo muy distinto al español y lleno de matices. Gomis describe un ecosistema desbordante: ciudades con hasta diez clubes femeninos y generaciones de 20-25 jugadoras por equipo. La competición se multiplica porque cada club inscribe varios equipos por nivel, lo que genera tres partidos por fin de semana y una carga física elevada. La mayoría de entrenadores hasta los 15-16 años son padres y madres dentro del sistema de voluntariado dugnat, lo que favorece la técnica individual pero retrasa el aprendizaje táctico. Las instalaciones son otro mundo. Pabellones con tres canchas y disponibilidad total permiten entrenar sin limitaciones. Y la vida deportiva de una jugadora de 15 años incluye balonmano, fútbol, CrossFit y sesiones en centros de alto rendimiento integrados en los institutos. Esa intensidad convive con un gran problema: la alta incidencia de fracturas por estrés debido a la falta de nutrientes y la escasa exposición al sol. A nivel metodológico, Gomis detecta carencias en toma de decisiones y juego alrededor del pivote. Las jugadoras progresan rápido técnicamente, pero necesitan más estímulos tácticos. Ahí es donde entrenadores extranjeros aportan un valor inmediato. El sistema de selecciones es masivo y estructurado. En Oslo se controlan más de 160 jugadoras por generación, que entrenan mensualmente antes de un torneo interno donde se selecciona una lista de 50. La filosofía sorprende: los equipos cadetes y juveniles no están obligados a ganar. El objetivo es trabajar los conceptos que la selección absoluta necesitará dentro de cuatro años. El resultado pasa a segundo plano. Gomis también comparte un momento clave de su carrera. Tras perder por 20 goles en su debut en el CESA noruego, recibió en la pista la llamada de la seleccionadora juvenil: quería ficharlo como asistente del equipo de élite. Una muestra del largo plazo con el que trabaja el país. Noruega no es un destino para “hacerse rico” en el balonmano, pero sí un lugar donde un entrenador puede vivir de su deporte sin la presión inmediata del marcador. Un contraste que abre el debate sobre qué modelo fomenta mejor el desarrollo real de jugadoras y entrenadores.
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