Maleta Mundi
Sanlúcar del Guadiana y Alcoutim comparten río y tradiciones y conforman un singular espacio fronterizo cargado de atractivo los lazos históricos, culturales y socioeconómicos entre España y Portugal son inapelables y se reflejan en grandes cifras y en una actividad institucional casi continua. Ambos países comparten más de 1.200 kilómetros de frontera y no pocos intereses en común. Pero hay vínculos que se viven especialmente a pie de pueblo. Un ejemplo es el binomio conformado por el pueblo onubense de Sanlúcar de Guadiana y el municipio luso de Alcoutim, dos pequeñas localidades que, enclavadas entre montañas a uno y otro lado de dicho río, representan un auténtico tándem de gran atractivo cultural. Sanlúcar de Guadiana, cuyo pequeño casco urbano se asienta en las faldas de una colina que desciende hasta el río, hunde sus raíces hasta el siglo XIII, después de que el rey Sancho II de Portugal arrebatase a los musulmanes las tierras donde actualmente se alza el municipio. No obstante, ya en el siglo XIV, el lugar fue incorporado al Señorío de Gibraleón y en 1435, Isabel Guzmán como III Señora de Gibraleón le concedió el título de villa. Dada su ubicación estratégica a orillas del río y frente por frente con el municipio portugués de Alcoutim, Sanlúcar del Guadiana gozó de un papel preponderante en los flujos comerciales llegando a capitalizar en el siglo XIX buena parte del tráfico de aguardiente, azúcar y arroz. La sencillez de su arquitectura, con sus fachadas encaladas, las calles en cuesta y sus vistas a Alcoutim, proyectan una singularidad que inspira un enclave con verdadera personalidad propia. Tan sólo pasear por su casco urbano, disfrutar de su quietud y admirar los paisajes naturales que ofrece esta localidad constituye una experiencia muy a tener en cuenta. Sanlúcar del Guadiana cuenta además con importantes atractivos adicionales, como su playa fluvial y su puerto, donde un servicio de barcazas canaliza el trasiego entre uno y otro lado del río, o su imponente castillo de San Marcos, que se erige sobre el municipio, en la cima de un cerro que domina el entorno. Esta fortificación se remonta al siglo XIV, si bien el complejo defensivo que ha llegado hasta nuestros días deriva de la combinación del recinto original con las incorporaciones y transformaciones constructivas acometidas en los siglos XVII y XVIII, merced al devenir de la historia. La localidad onubense se refleja, casi como si de un espejo se tratase, en su vecino municipio luso de Alcoutim, también de fachadas blancas y puerto fluvial, conformando de alguna manera una suerte de pueblos gemelos separados y a la vez unidos por el Guadiana. Y es que Alcoutim cuenta además con su propio castillo, bastante más modesto en lo arquitectónico que el de San Marcos pero que acoge una muestra arqueológica donde destaca la mayor colección de vestigios de juegos de mesa de época islámica procedentes de un único yacimiento, o monumentos como la iglesia de la Misericordia, la ermita de San Antonio y la Casa de los Condes, siempre transmitiendo tanta sobriedad y sencillez como en el caso de Sanlúcar. La localidad lusa cuenta igualmente con su propia playa fluvial y rinde homenaje a su pasado como enclave de contrabandistas, no sólo con una estatua dedicada a quienes desarrollaban dicha actividad, sino con todo un festival cultural con música, teatro e incluso un puente flotante que, de manera efímera, conecta el municipio con Sanlúcar de Guadiana. Este “Festival do Contrabando” rememora así cada mes de marzo el tráfico ilegal de mercancías que acogía Alcoutim hasta mediados del siglo XX, una actividad fraudulenta que no hacía sino estrechar los lazos entre este pueblo y su localidad gemela en la orilla española del Guadiana. Dos municipios conectados además por la primera tirolina transfronteriza del mundo, gracias a la cual es posible viajar literalmente por los aires desde un cerro próximo a Sanlúcar del Guadiana hasta las inmediaciones de Alcoutim, sobrevolando el Guadiana a más de 70 kilómetros por hora en una experiencia verdaderamente electrizante. Sanlúcar del Guadiana y Alcoutim constituyen así un producto turístico unificado, para disfrutar de las tranquilas calles encaladas de ambos pueblos, viajar en los paquebotes que conectan una y otra orilla del río con un paisaje fluvial que no deja a nadie indiferente y saborear la gastronomía de los establecimientos que salpican las terrazas con vistas al río, en ambos pueblos. Este atractivo que no ha pasado desapercibido más allá de Despeñaperros hizo de Sanlúcar del Guadiana un escenario recurrente en la tercera temporada de la serie de suspense La Caza, proyectando hacia toda España la singularidad de este enclave.
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