Relatia Podcast
Rafa pasó por delante de la tienda de antigüedades mil veces antes de entrar. Estaba en la esquina de su calle, entre la panadería y la tintorería, y siempre le había parecido un lugar que pertenecía a otra época: escaparate polvoriento, letrero de madera que decía «Antigüedades El Reflejo» en letras doradas que se descascarillaban, y en el interior, visible a través del cristal sucio, un caos de objetos que parecían sacados de las casas de abuelos de todo el mundo. Entró el día que cumplió catorce años. No por los objetos sino porque llovía y había olvidado el paraguas y la tienda era el refugio más cercano. Una campana oxidada sonó cuando empujó la puerta, y el olor a madera vieja y cera de muebles le llenó la nariz. —Bienvenido —dijo una voz desde las profundidades de la tienda. Un hombre apareció entre estanterías atestadas de relojes sin cuerda, cajas de música mudas y cuadros con marcos dorados. Era viejo, pero no de una vejez normal sino de una vejez que parecía deliberada, como si hubiera elegido cada arruga. Llevaba un chaleco de terciopelo morado, gafas redondas con montura de plata, y una sonrisa que contenía demasiados secretos para ser inocente. —Soy el Espejero —dijo—. Propietario de este humilde establecimiento. —Solo estoy esperando a que pase la lluvia —dijo Rafa. —Todos los que entran aquí dicen lo mismo. Y todos se llevan algo que no sabían que necesitaban. Rafa recorrió la tienda con la curiosidad desganada de alguien que no tiene nada mejor que hacer. Había de todo: lámparas de aceite, gramófonos, monedas antiguas, mapas amarillentos, sombreros que habían sido elegantes hace un siglo. Pero nada le llamó la atención hasta que llegó al fondo de la tienda. Allí, apoyado contra la pared, cubierto parcialmente por una tela de terciopelo rojo, había un espejo. No era un espejo grande ni especialmente bonito. Tenía un marco ovalado de madera oscura, sin adornos, del tamaño de un plato grande. Su superficie era lisa y limpia, lo cual contrastaba con el polvo que cubría todo lo demás en la tienda, como si alguien lo limpiara todos los días. Pero lo que hizo que Rafa se detuviera no fue el espejo en sí sino lo que vio en él. O más bien, lo que no vio. Cuando se paró frente al espejo, no vio su reflejo. Vio a otro Rafa. Este Rafa era diferente: llevaba un uniforme de fútbol, tenía el pelo más corto, y sonreía con la confianza de alguien que se siente en su elemento. Estaba en un campo de fútbol, rodeado de compañeros que lo vitoreaban. El otro Rafa marcó un gol y corrió celebrando con los brazos abiertos. —¿Qué…? —Rafa retrocedió un paso. La imagen se disolvió y su reflejo normal apareció: un chico de catorce años con el pelo demasiado largo, la postura ligeramente encorvada y la expresión perpetuamente indecisa que su madre llamaba «cara de pensar» y sus compañeros llamaban «cara de empanado». —Veo que has encontrado el Espejo de las Vidas Alternas —dijo el Espejero, que había aparecido a su lado sin hacer ruido—. Es la pieza más valiosa de mi colección. —¿Qué es lo que he visto? —Una versión de ti que existiría si hubieras tomado una decisión diferente. En este caso, si hubieras aceptado entrar en el equipo de fútbol cuando te lo pidieron en sexto de primaria. Rafa recordó ese momento. Tenía once años y el entrenador del equipo de su colegio le había pedido que se uniera. Rafa era bueno con el balón, pero también era tímido, y la idea de jugar delante de público lo aterrorizaba. Dijo que no. Y luego se arrepintió. Y luego se acostumbró a no haber dicho que sí. —¿Está mostrándome lo que habría pasado si hubiera dicho que sí? —No exactamente. Está mostrándote una de las vidas posibles. Cada decisión crea una bifurcación: un camino que tomas y otro que no. El espejo te permite ver los caminos que no tomaste.
49 episodios
Comentarios
0Sé la primera persona en comentar
¡Regístrate ahora y únete a la comunidad de Relatia Podcast!