Senderos Jacobeos: 27 minutos con Ernesto: "El postureo en el Camino". Ernesto Díaz Sobremazas & Raúl-Fernando Gómez
El “postureo” en el Camino de Santiago es un tema que genera bastante debate, sobre todo desde que Instagram y TikTok convirtieron la experiencia en algo muy visible y compartible.
La crítica suele ir por varios lados:
gente que hace el Camino “para la foto”,
obsesión con documentar cada etapa,
búsqueda de validación social,
romanticismo exagerado del sufrimiento (“mis ampollas cambiaron mi vida”),
y cierta estética de peregrino espiritual que a veces parece más marca personal que experiencia real.
Pero el asunto tiene bastantes matices.
Un cambio importante es que antes el Camino se vivía y luego se contaba; ahora mucha gente lo narra en tiempo real. Algunos medios hablan directamente de una “capa narrativa constante” creada por las redes.
También es verdad que las redes han transformado el comportamiento del peregrino:
rutas que se vuelven populares por viralidad,
albergues “instagrameables”,
etapas elegidas por estética,
vídeos tipo vlog diario,
y hasta influencers accidentales surgidos del Camino.
El caso de Anaís (@nosomosssnadie) se volvió bastante simbólico: empezó compartiendo el Camino del Norte con humor y acabó explotando en seguidores.
Ahora bien, reducir todo eso a “postureo” también puede ser injusto.
Hay varias posturas interesantes:
Para algunos peregrinos veteranos, el exceso de móviles rompe parte del espíritu del Camino: silencio, introspección, encuentros espontáneos.
Otros creen que compartir la experiencia no la invalida. Mucha gente descubre el Camino precisamente gracias a vídeos o diarios en redes.
Y hay quien piensa que siempre existió cierto postureo; simplemente antes se hacía enseñando fotos en casa y ahora en stories.
De hecho, estudios recientes muestran algo curioso: casi la mitad de los peregrinos dicen no usar redes sociales durante el Camino, especialmente los mayores o extranjeros.
O sea, aunque el fenómeno digital es muy visible, no representa a todo el mundo.
También aparece una especie de “anti-postureo” que a veces acaba siendo otro postureo:
presumir de ir sin móvil,
dormir solo en albergues austeros,
hacer rutas menos famosas “porque el Francés está masificado”,
o competir por quién vive el Camino de forma más “auténtica”.
Eso pasa mucho en experiencias con carga simbólica: viajes largos, montaña, yoga, lectura, surf, etc. La autenticidad se convierte casi en una identidad pública.
Y luego está la parte positiva:
las redes ayudan a planificar,
crean comunidad,
dan seguridad,
y animan a gente joven a caminar.
Al final, el Camino funciona como un espejo:
algunos van por espiritualidad,
otros por deporte,
otros por turismo,
otros por crisis personales,
otros por contenido.
Y muchas veces una cosa no excluye la otra. Hay gente que empieza “por moda” y termina viviendo algo muy profundo; y también gente que presume mucho y no conecta nada.
Quizá la pregunta más interesante no es si hay postureo —porque claramente lo hay— sino si compartir una experiencia le quita valor automáticamente. Ahí ya cada peregrino tiene su opinión.
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