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Over Un Río de papel.
Testimonios de otros ojos que me permiten mirar. Testimonios, discernimiento y esperanza para mirar el presente. Blog: Un Río de Papel ✍️ www.testigosdepapel.blogspot.com
4) Una Morada, muchos aposentos, Sobre el bien que nos hace la teología femenina.
En el cuarto episodio de la tercera temporada de Un Río de Papel, celebramos el Día de la Mujer explorando la teología femenina. Nos adentramos en las ideas de Hildegarda de Bingen ( Alemania) , Teresa de Ávila ( España) , Elizabeth A. Johnson ( EEUU), Maria Clara Bingemer ( Brasil) y Mariola López Villanueva ( España) . Estas mujeres nos comparten su visión sobre cómo Dios se manifiesta en nuestra vida diaria, en nuestra interioridad, en el lenguaje religioso que usamos, en la mística urbana y en el discernimiento espiritual. Un tema que conecta a todas estas teólogas es la espiritualidad ignaciana. Mariola López Villanueva, en particular, nos ofrece una perspectiva fresca de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio. Ella nos invita a integrar el discernimiento en nuestra vida diaria, a conectar con nuestro cuerpo y a reconocer la experiencia concreta de las mujeres. Su enfoque nos recuerda que Dios nos habla en lo cotidiano, en nuestros sentimientos, en las decisiones que tomamos y en las luchas que enfrentamos, tanto de manera personal como en comunidad. ¡Una visión realmente inspiradora!
3) Ciudadanía de conciencia: Elegir en tiempos de mafias y fragmentación
Es probable que en todas las circunstancias en las que me he acercado tomar decisiones, haya pensado más en la finalidad y en las consecuencias de estas, como el único criterio para tal decisión . De hecho vengo de una formación en la que se ha hecho énfasis en el discernimiento de las decisiones. A menudo me doy cuenta que no necesariamente aplico el discernimiento para la decisiones más trascendentales, como aquellas que tienen que ver con la elección de un gobernante o de una política de gobierno. Al acercarme a esta toma de decisiones me doy cuenta de que rara vez me ubico en ese 'primer tiempo' de claridad absoluta que describe San Ignacio para tomar una decisión,, donde el camino es evidente y no hay duda. Al contrario, casi siempre estoy en el 'segundo tiempo': ese territorio de claroscuros donde los sentimientos —o mociones— se encuentran en conflicto. Ignacio nos sugería situarnos frente a la toma de decisiones usando la imaginación y la razón; preguntándonos, por ejemplo, qué consejo le daríamos a alguien a quien deseamos su perfección, o proyectándonos al final de nuestra existencia para ver qué decisión nos daría paz haber tomado. Yo mismo, al aplicar estos criterios a nuestra coyuntura peruana, experimento una profunda agitación y rechazo. Es difícil discernir cuando el entorno parece diseñado para confundirnos; sin embargo, creo que la espiritualidad nos recuerda que es precisamente en la turbulencia donde la autonomía de la conciencia debe ser más vigilada o cuidada para no dejarnos arrastrar por 'afectos desordenados' como el miedo o la desesperanza, que finalmente son muestra de desolación espiritual. Esta lucha interior se vuelve más compleja cuando entendemos, como bien analiza Carlos Meléndez, que el Perú de este 2026 no enfrenta un autoritarismo clásico, sino una 'entropía democrática'. Estamos ante un sistema que ha perdido su energía institucional, donde las leyes son cáscaras vacías y lo que realmente impera es un orden transaccional dominado por lo que él llama 'informales con plata' y redes que buscan la impunidad. Es lo que se define como un equilibrio de mafias: un Estado que deja de ser un ente regulador para convertirse en un servidor de intereses particulares que prefieren la ausencia de fiscalización. En este escenario agotador de los últimos 10 años, el peligro es que nuestra 'elección' se rinda ante la lógica del mercado de favores o se deje engañar por el cinismo de quienes denuncian con el discurso lo que sostienen con sus pactos bajo la mesa. Frente a este ecosistema de fragmentación, la propuesta de 'la elección' adquiere una urgencia profética. Como nos ha exhortado el Papa León XIV en su mensaje para esta Cuaresma de 2026, estamos llamados a una 'escucha de la realidad' que logre traspasar el ruido de las promesas vacías y el lenguaje político que hiere. Esta escucha no es pasiva; es un ejercicio de autonomía moral que nos pide desarmar nuestros prejuicios y ayunar de la resignación. El voto del 12 de abril no debería ser una respuesta reactiva, sino un acto de libertad interior que busque, incluso en la precariedad de las opciones, aquello que más ayude a la configuración de una sociedad digna. Elegir autónomamente en conciencia es, en última instancia, un acto de resistencia espiritual; es decidir que nuestra vida cotidiana no será cómplice del desorden negociado. San Ignacio nos pedía estar atentos a las 'trampas del mal espíritu', que a menudo se disfraza de ángel de luz. Por ello, es vital superar la tentación de la solución fácil que nos hace creer que existe un 'voto católico' predefinido como respuesta a todo. A menudo, las opciones que se presentan como religiosas son las que más nos entrampan en esta dinámica transaccional. Para el 12 de abril me planteo algunas preguntas . * ¿Mi elección nace de una consigna externa o del silencio de mi conciencia frente a la realidad del país?
2) El Gobernante justo, Nemo dat quod non habet ( nadie da lo que no tiene)
Por eso, la invitación del Rey eterno toca directamente nuestra manera de mirar la política, la economía y la vida social. La persona es el centro, no el dinero ni el poder. Gobernar, organizar, decidir es una forma de caridad cuando se pone al servicio de la dignidad humana. No basta indignarse; hay que actuar: organizarnos, interpelar, sostener lo que da vida en nuestros barrios y parroquias. El Reino se juega en lo concreto. La democracia, vista desde esta clave, no se sostiene en caudillos salvadores, sino en instituciones y comunidades capaces de deliberar juntas. El Rey eterno no convoca masas pasivas; llama colaboradores responsables. Pasar del aplauso fácil a la corresponsabilidad es parte del seguimiento. Lo mismo ocurre con la vida. No se puede decir “defiendo la vida” y cerrar el corazón al migrante, al anciano abandonado, al pobre que incomoda. El Rey eterno se reconoce en todos ellos. Seguirlo implica una coherencia que atraviesa discursos, opciones y prácticas. El ejercicio culmina en la oblación: no ante un rey poderoso, sino ante el Eterno Señor de todas las cosas. Allí se revela el fondo de la espiritualidad ignaciana: Dios no busca esclavos ni héroes trágicos, sino personas libres, capaces de amar sin miedo a perder seguridades. La pobreza, la humildad, incluso el aceptar ser malinterpretados, no son fines en sí mismos; son consecuencias de una vida descentrada de sí y centrada en el Reino. Por eso, la pregunta final no es teórica. Es profundamente personal y actual: ¿quieres venir conmigo? No mañana, no cuando todo esté claro, sino aquí y ahora. El Reino comienza cuando alguien decide dar un primer paso —pequeño, concreto— para que la vida de otros sea más humana. ¿Cuál será hoy el tuyo?
1) Las Huellas de la vida; Maestra vida ( Sobre "Jauría" la obra de Patricia Del Río)
Es por eso que, este año, leer "Jauría", de Patricia del Río, ha sido un reencuentro transformador. Ella le da la vuelta a esa imagen del perro colgado y nos entrega a Choco, Sargento y Luna y otros como testigos reales de la violencia en el campo. Aquí, los perros ya no son mensajes de odio, sino recipientes de dignidad. Patricia les devuelve la voz para que nos cuenten las historias de diez familias que la violencia intentó borrar. Al leer sobre ellos, siento que estos perros son los candelabros que me faltaban de niño: son la luz necesaria para mirar las heridas de la postviolencia. En cada uno de ellos reside la imagen humana —y por tanto, la imagen de Dios— que el testimonio logra restaurar frente a la barbarie que intentó deshumanizarnos. Entiendo hoy, con la perspectiva que dan los años y la fe, que el relato de estos animales es, en esencia, un testimonio pascual. Es la crónica de una cruz compartida y de una muerte que marcó a fuego nuestra generación, pero es también el anuncio de una resurrección que se gesta en el útero de la memoria. Como aquel niño que buscaba en la oscuridad un candelabro más grande para iluminar el miedo, hoy busco en estas historias la claridad necesaria para el milagro de la reconciliación. Contar lo que vivimos —desde la vela que temblaba en una sala de Lima hasta el último suspiro de un perro en una quebrada de Ayacucho— es el único puente sagrado que nos permite el encuentro.
34) La encarnacion del amor ( Un itinerario ignaciano de madurez en la fe al celebrar la navidad)
El capítulo 34 de "Un río de papel " propone una lectura profunda y situada de la Navidad como clave hermenéutica para la madurez espiritual cristiana. Lejos de una comprensión devocional o intimista, el texto articula la Encarnación como un movimiento descendente de Dios hacia la historia concreta, especialmente hacia una América Latina herida. Desde la Meditación ignaciana de la Encarnación, la mirada trinitaria se presenta como compasiva y comprometida: Dios no juzga desde fuera, sino que entra en la complejidad humana para redimir desde dentro. En diálogo fecundo con Karl Rahner y con el magisterio reciente —especialmente la noción de una esperanza generativa—, el episodio afirma que la fe madura cuando se vuelve experiencia, cuando integra mística y realidad histórica, oración y compromiso. El itinerario espiritual que recorre el capítulo —vía purgativa, iluminativa y unitiva— es presentado como un proceso dinámico, no lineal, que conduce a una fe encarnada y libre. La kénosis de Cristo aparece como criterio decisivo de madurez: no acumular seguridades, sino abrazar la fragilidad y el servicio. En clave latinoamericana, la Encarnación se vuelve histórica en el “pueblo crucificado”, retomando la intuición de Jon Sobrino y el testimonio de los mártires. El cierre del texto refuerza una visión eclesial y pastoral donde la madurez se expresa en el discernimiento comunitario, la escucha y una misión cercana. Así, la Navidad no queda en Belén, sino que se proyecta como llamada permanente a generar vida, esperanza y luz en medio de la noche del mundo.
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