El Comentario del Día
DOMINGOIX TIEMPO ORDINARIO. SOLEMNIDAD DEL SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO san Juan6, 51-58 Lafortaleza de la infancia espiritual Uno delos ídolos de nuestra civilización es el "self-made-man": el hombreque se ha hecho a sí mismo, y que de nadie depende porque a nadie debe nada...El conserje de una sucursal bancaria que ha llegado a ser dueño del Banco; elrepartidor de periódicos que alcanza la presidencia de los Estados Unidos...Nuestra generación contempla, en esos modelos, cómo cualquier dificultad puedeser superada por la fortaleza humana, y así sueña al superhombre. Es unalástima que tan bello sueño quede reventado, como una pompa de jabón, por elinsignificante alfiler de la muerte. Frente a su guadaña, superhombres yfrágil-hombres no somos sino unos niños desnudos e indefensos... ¡Quéhumillación! El niñoes el contrapunto del superhombre: no puede ni siquiera alimentarse a sí mismo,porque necesita unas manos que le den de comer. No puede ser asumir elprotagonismo de su existencia, porque apenas pasa de ser un precioso bultoreceptivo. Se duerme, cuando crece, en el sueño del superhombre. Y, poco antesde morir, despierta anciano y desvalido para volver a ser lo que era: un niño aquien otros alimentan. Han pasado setenta, ochenta años de sueño, y al cabo deellos se da cuenta de que aún tienen que cambiarle los pañales. "Note olvides del Señor, tu Dios, (...) que te alimentó en el desierto con un manáque no conocían tus padres"... La grandeza de estas palabras, que es lamisma grandeza de la Eucaristía, es que están escritas para niños. En ellas elprotagonista es sólo Dios, mientras el ser humano no pasa de ser elbeneficiario de unos cuidados maternos. Las fuerzas humanas tienen suimportancia, porque son nuestro homenaje al Creador y no hemos de escatimar,para Él, un sólo gramo de sudor. Pero la salvación no la ganaremos con nuestroesfuerzo, porque no hay superhombre en este mundo capaz de vencer a la muerte yasaltar el Cielo. A la hora de la salvación, somos niños y, al igual que ellos,debemos recibirla como recibimos la Eucaristía. Allí nos postramos indefensosmientras nos alimenta el mismo Dios que nos cambia los pañales en el sacramentodel Perdón. "Osaseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, notenéis vida en vosotros". El superhombre no entiende esas palabras de laIglesia según las cuales faltar a misa un domingo constituye un pecado que nospriva de la Vida Eterna. No las entiende porque cree que puede salvarse a símismo y pasar, de "self-made-man", a "self-saved-man"...Pero el "self-saved-man" no existe. Cualquier niño entiende, aún sinsaber hablar, que si no se abraza a los pechos de su madre morirá. Y cualquiercristiano que ame a Dios sabe que Salvación y Eucaristía son, exactamente, lomismo, porque Dios alimenta a sus pequeños. ¡Quiénnos iba a decir, después de tantos esfuerzos que acabaríamos siendo salvadospor una partícula de Pan de Vida puesta en la mesa del altar por una MadreInmaculada y depositada en nuestros labios por el propio Dios a través de lasmanos del sacerdote!
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