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Materia Oscura es un programa especializado en Ciencia del periodista José Manuel Nieves. Universo, física, hallazgos, nuevas investigaciones... Todo pasa por el tamiz de Nieves.
Plutón: el cumpleaños que nunca veremos
Desde su descubrimiento en 1930, Platón fue considerado un planeta, hasta la reunión de la Unión Astronómica Internacional (UAI) en Praga, en 2006. Ni siquiera había recorrido un cuarto de su órbita cuando la comunidad científica se dio cuenta de que era diferente. Era mucho más pequeño de lo que Lowell, su descubridor, había predicho. Tampoco era un gigante de gas, como se creía. Además, a partir de los años 90, la tecnología mejoró tanto que se empezaron a descubrir otros cuerpos en esa misma zona, lo que hoy se conoce como el Cinturón de Kuiper. Algunos de estos cuerpos tenían un tamaño similar a Plutón. De repente, el Sistema Solar podía pasar de 9 planetas a 15 o a 25. Ante ello, la UAI decidió que para ser un planeta, los cuerpos debían cumplir tres condiciones. Platón no encajaba en todas ellas. Por ejemplo, no era una roca muerta, está vivo geológicamente. Tiene glaciares de nitrógeno que fluyen como si fueran pasta de dientes. Tiene montañas de hielo de agua tan duras como la roca de granito aquí en la Tierra, que se elevan 3.000 metros hacia su cielo negro. Y tiene esa famosa «mancha» con forma de corazón, la Tombaugh Regio, que es una vasta planicie de hielos exóticos. Asimismo, Plutón tiene cinco lunas. La más grande, Caronte, es tan enorme en comparación con Plutón (tiene la mitad de su tamaño) que técnicamente no orbitan uno alrededor del otro, sino que se mueven como dos iguales.
¿Qué pasaría si atravesamos la Tierra de parte a parte?
Hubo un día, en medio de la Guerra Fría, en el que las superpotencias empezaron a mirar hacia abajo, buscando perforar lo más profundo posible en la corteza terrestre, e incluso llegar al manto del planeta. Los científicos estaban convencidos de que, además de los ricos recursos que encontrarían, la información que podrían proporcionar las rocas extraídas de esos pozos súper profundos eran tan importantes como cualquier muestra traída de la Luna. Desde 2023, las noticias de perforaciones nos llegan desde China. Y es que el gigante asiático comenzó entonces a perforar un agujero colosal de 11.000 metros de profundidad. Once kilómetros de herida en la corteza terrestre, en la región de Xinjiang, para intentar alcanzar rocas del sistema cretácico, de hace unos 145 millones de años. Sin embargo, esos once mil metros de los chinos, o incluso los 12.262 metros del famoso Pozo Superprofundo de Kola, en Rusia, son apenas un rasguño. Y es que el radio de nuestro planeta es de unos 6.370 kilómetros. Estamos hablando de que nos queda más del 99% del camino por recorrer para llegar al núcleo interno. Una bola sólida de hierro, tan caliente como la superficie del Sol, pero que se mantiene sólida por la presión inimaginable que soporta.
¿Quién perforó estos misteriosos micro túneles en la roca?
Los científicos llevan años investigando unas misteriosas perforaciones en las rocas del desierto arábico. En un nuevo estudio, recién publicado en Geomicrobiology Journal, los investigadores han sido tajantes: la geología, por sí sola, no es capaz de hacer algo así. De modo que, después de descartar cada proceso químico y físico conocido, solo quedó una explicación posible, por fantástica que parezca: se trata de una firma biológica. Algo vivo hizo esos agujeros.
WASP-121b, un planeta de Ciencia Ficción
Un equipo de astrónomos de la Universidad de Ginebra, utilizando el Telescopio Espacial James Webb, ha conseguido algo que nunca antes se había logrado: observar cómo la atmósfera de un exoplaneta escapa al espacio a lo largo de una órbita completa. WASP-121b es un mundo de extremos absolutos. Según los investigadores: «Un clima que no se parece a nada que hayamos visto antes». Es más, desafía lo que sabíamos sobre cómo se forman los planetas.
La mayor reserva de agua del Universo
Tras el Big Bang, solo había hidrógeno, helio y un poco de litio. El oxígeno, necesario para hacer agua (H2O), tuvo que "cocinarse" en el interior de las primeras estrellas y ser expulsado al espacio después, cuando éstas murieron. Esto convierte a este descubrimiento en la reserva más grande y, sobre todo, la más antigua de agua que se conoce hasta la fecha. El agua, por lo tanto, no es una rareza moderna; es una parte intrínseca de la historia antigua del cosmos. El agua que han detectado no es líquida, como la de nuestros mares, sino una niebla "espesa" y "caliente" (en términos cósmicos) que envuelve por completo al agujero negro. En el cuásar APM 08279+5255, el agua no puede congelarse. La energía del agujero negro la mantiene en estado gaseoso, excitada, emitiendo señales de radio que han viajado por el universo durante 12.000 millones de años hasta llegar al espectrómetro Z-Spec en el Observatorio Submilimétrico de Caltech, en Hawái, y al interferómetro de Plateau de Bure en los Alpes franceses. Es gracias a estos instrumentos que hemos podido "leer" la firma química del agua a través del abismo del tiempo.
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