unaVidaReformada
Cuando la Iglesia confiesa ser apostólica, no afirma que los apóstoles continúen apareciendo en cada generación, ni que exista una cadena ininterrumpida de nuevos reveladores. Confiesa, más bien, que el Espíritu Santo edificó a la Iglesia sobre el testimonio único e irrepetible de los apóstoles de Jesucristo, preservando su doctrina y extendiendo su misión hasta los confines de la tierra. La apostolicidad de la Iglesia es, por tanto, una obra permanente del Espíritu Santo. Él no vino para reemplazar el ministerio apostólico, sino para establecerlo, preservarlo y hacerlo fructificar en todas las generaciones. Lo que el Espíritu inspiró en el primer siglo continúa iluminando, gobernando y edificando a la Iglesia por medio de las Escrituras. FUNDAMENTO APOSTÓLICO El Espíritu Santo constituyó a los apóstoles como testigos autorizados de la persona, muerte, resurrección y exaltación de Cristo. Por eso, la Iglesia está "edificada sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo" (Efesios 2:20). Un fundamento se coloca una sola vez; no necesita ser reconstruido continuamente. La revelación apostólica quedó completa cuando el Señor concluyó la obra encomendada a sus apóstoles, y el Espíritu preservó ese testimonio en las Sagradas Escrituras para beneficio de toda la Iglesia. DOCTRINA APOSTÓLICA La primera comunidad cristiana "perseveraba en la doctrina de los apóstoles" (Hechos 2:42). Esa perseverancia no fue un mérito humano, sino el fruto de la obra santificadora del Espíritu Santo, quien guía a la Iglesia a permanecer en la verdad revelada por Cristo. Allí donde la predicación, la enseñanza y la adoración permanecen sometidas a la Palabra inspirada, allí la Iglesia manifiesta su carácter apostólico. No es apostólica porque produzca nuevas doctrinas, sino porque conserva fielmente la doctrina recibida "una vez para siempre" (Judas 3). VOCACIÓN APOSTÓLICA El mismo Espíritu que estableció el fundamento y preserva la doctrina también impulsa la misión. La Iglesia es enviada al mundo para proclamar el evangelio, hacer discípulos, bautizar y enseñar todo lo que Cristo mandó (Mateo 28:18–20). En este sentido, toda la Iglesia participa de una vocación apostólica: no como poseedora de la autoridad irrepetible de los Doce, sino como heredera de su comisión. El Espíritu Santo continúa enviando a su pueblo para anunciar el señorío de Cristo, plantar iglesias, discipular a las naciones y llamar a los hombres al arrepentimiento y a la fe. IGLESIA APOSTÓLICA La Iglesia, por tanto, permanece apostólica mientras conserve estas tres realidades inseparables: el fundamento apostólico de la revelación bíblica, la doctrina apostólica transmitida en las Escrituras y la vocación apostólica de anunciar el evangelio a todas las naciones. En cada una de ellas resplandece la obra fiel del Espíritu Santo, quien no dirige la atención hacia sí mismo, sino hacia Cristo, preservando a su Iglesia en la verdad y capacitándola para cumplir su misión hasta el día en que el Señor vuelva en gloria.
536 episoder
Kommentarer
0Vær den første til at kommentere
Tilmeld dig nu og bliv en del af unaVidaReformada-fællesskabet!