unaVidaReformada
"Expiación penal sustitutiva" es el nombre teológico (y largo) para una verdad gloriosa y sencilla: Cristo hizo un intercambio. El Justo tomó el lugar de los injustos; el Santo ocupó el lugar de los culpables; el Hijo de Dios recibió sobre sí lo que nosotros merecíamos, para que nosotros recibiéramos lo que solamente Él podía darnos. Como dice Pedro: «Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios» (1 Pedro 3:18). En la cruz hubo un intercambio santo y terrible: Nuestra CULPA por su JUSTICIA. Cristo cargó con nuestra culpa. «Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él» (2 Corintios 5:21). No porque Cristo se hiciera pecador, sino porque nuestros pecados le fueron imputados judicialmente como representante y sustituto de su pueblo. Nuestra CONDENA por su ACEPTACIÓN. «Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús» (Romanos 8:1). La condena que justamente correspondía al culpable cayó sobre el Sustituto. El Juez no ignoró nuestra deuda; la deuda fue satisfecha en Cristo. Por eso, para quienes están unidos a Él, la sentencia condenatoria ha sido removida. Nuestro COSTO por su SACRIFICIO. Nuestra redención no fue barata. «Porque habéis sido comprados por precio» (1 Corintios 6:20). El precio no fueron buenas obras, méritos religiosos, penitencias ni lágrimas humanas. Fue la sangre preciosa de Cristo. «Fuisteis rescatados... con la sangre preciosa de Cristo» (1 Pedro 1:18-19). Nuestro CASTIGO por su PADECIMIENTO. «Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él» (Isaías 53:5). Cristo no solamente sufrió con nosotros; sufrió por nosotros. No fue una tragedia accidental ni un simple ejemplo de amor abnegado. Fue el Cordero entregándose voluntariamente para satisfacer la justicia divina. Este es el corazón del evangelio: Cristo tomó lo nuestro y nos dio lo suyo. Nuestra culpa fue puesta sobre Él; su justicia es acreditada a nosotros. Nuestra condena cayó sobre Él; nuestra justificación descansa en Él. Nuestro precio fue pagado por Él; nuestra redención está asegurada en Él. Por eso la cruz no es simplemente un símbolo de amor. Es el lugar donde el amor de Dios y la justicia de Dios se encuentran sin contradicción. Dios no salvó al pecador pasando por alto el pecado; lo salvó juzgando el pecado en el Sustituto. El Justo murió por los injustos. Ese fue el intercambio. Ese fue el precio. Ese es nuestro Salvador - esa es nuestra esperanza y única vía de redención.
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