La buena vida
Hoy os quiero hablar de uno de los ingredientes más importantes en la crianza: la calma. Cuando llegó mi cuarto hijo, la intensidad llegó con él y se instaló en casa. Cada día era intenso a nivel logístico, a nivel emocional... Pasaban los meses y la intensidad no se iba, así que asumí que se iba a quedar en casa bastante tiempo. Me di cuenta que para sostener toda esa intensidad necesitaba altas dosis de calma, sobre todo de calma interna. Necesitaba traspasar la práctica del yoga a mi día a día. Y no hablo de la calma idealizada, de esa en la que nunca pasa nada. Hablo de la calma interna.
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