El Comentario del Día

Sábado VIII Tiempo Ordinario - 06.06

4 min · 6 de jun de 2026
Portada del episodio Sábado VIII Tiempo Ordinario - 06.06

Descripción

SÁBADOVIII TIEMPO ORDINARIO sanMarcos 11, 27-33 Laverdadera autoridad   Jesústiene la respuesta adecuada a la pregunta sobre la Verdad y del hombre ytambién posee un poder, sobre todo, tanto por ser Dios como por su sacrificioredentor. Una vez resucitado recuerda a sus discípulos: “Me ha sido dado todopoder en el cielo y en la tierra...”. Sinembargo, en nuestro mundo no siempre ambas van unidas. Muchas veces tienen elpoder personas que no son capaces de dar respuestas y que, por lo mismo, acabanretorciendo la realidad y maltratando al hombre. Los regímenes totalitarios sonde este tipo. Sus gobernantes se sienten capaces de preguntar todo y quierenregular hasta las cosas más pequeñas. Disponen de la fuerza para hacerlo, perono pueden apelar ni a la verdad ni al bien para justificar sus decisiones.También nos encontramos, a veces, con una autoridad desprovista de poder. Hayquien tiene verdaderas respuestas para el hombre o una situación, pero no puedehacerlas valer por carecer de la fuerza necesaria. Laetimología de “autoridad” remite a un verbo latino, “augeo”, que significa“hacer crecer”. Tiene autoridad, pues, quien ayuda al crecimiento del otro. Poreso la autoridad es reconocida por sí misma. Un niño la reconoce en sus padresy un alumno en sus maestros. La autoridad se acaba imponiendo por su mismaverdad. Eso no significa que siempre le hagamos caso. Basta pensar en lasenseñanzas de la Iglesia y en la resistencia de algunos frente a ellas. Sinembargo, siempre podemos medir la autoridad por lo que supone de ayuda paranosotros. Así como el poder a veces puede ser opresivo, la autoridad siempre esliberadora. Lo ideal es que caminen juntas, porque el poder, por sí mismo no esmalo. En elEvangelio nos encontramos con unos personajes que se sorprenden por el modo deactuar de Jesús. Éste hacía milagros, hablaba de una manera nueva y se mostrabaen el mundo como Señor de la historia y de los elementos. Quienes le preguntanson personas importantes: sumos sacerdotes, escribas, ancianos… ¿Por qué lohacen? La primera impresión es que pretenden colocar a Jesús por debajo deellos. Quieren saber con la única finalidad de dominar. Es como en la época delos fisiócratas en que se hizo célebre la expresión “saber es poder”. NuestroSeñor desmonta su pretensión. Lo hace con otra pregunta que pretende desmontarla falacia de sus interlocutores. Les interroga sobre el bautismo de Juansabiendo que no le van a responder. Y aquellos no contestan, precisamente,porque no les interesa la verdad sino mantener su influencia y posición. Segúnlo que digan se hacen culpables por no creer y según lo que responda deberánenfrentarse al pueblo. Optan por el silencio que, en este caso, les condena. También ala Virgen se le puede preguntar todo … siempre y cuando estemos dispuestos a laVerdad.

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Portada del episodio Domingo XII Tiempo Ordinario - 21.06

Domingo XII Tiempo Ordinario - 21.06

DOMINGOXII TIEMPO ORDINARIO san Mateo10, 26-33 El don dela fe   Hay, aveces, en el Evangelio pasajes más oscuros, o de difícil interpretación.Nuestra madre la Iglesia en estos casos, como madre que tiene el favor de Diospara desentrañar las Escrituras acude en nuestra ayuda y nos aclara aquellospuntos algo oscuros, que escaparse a nuestra mente. Elmisterio de la Encarnación, cuando el Señor nos habla de la Santísima Trinidady algún aspecto más, pueden quedar en cierto modo velados, pero en general todoresulta sencillo. Todo se entiende si hay fe. Aunque en esto de la fe quizáconviene recordar dos aspectos: el primero y principal que la fe es un don deDios y, por tanto, cabe la actitud por nuestra parte de agradecimiento si latenemos, y de petición si notamos que nos falta; pero en segundo lugar, haytambién que recordar que, junto al don, la fe es una virtud y que, como todaslas virtudes, pueden crecer o disminuir según nosotros realicemos actos quevayan consolidando esta virtud o que, por el contrario, si no realizamos actosencaminados al crecimiento de la virtud, aquella vaya menguando e inclusodesaparezca. Esto sucede en todas las virtudes y, por tanto también en lavirtud de la fe. No escierto del todo esa expresión que en ocasiones utilizamos: “ha perdido la fe”.Como si la fe de pronto al levantarse por la mañana uno no acabara deencontrarla: “no sé donde dejé la fe”. Dicho de modo más positivo: la fe esaquel don y virtud que, precisamente por esa repetición de actos de fe, nos vallevando a tener “cada vez más fe”, de modo que uno, poco a poco, vaentendiendo mejor las cosas de Dios; va dándose cuenta de la conveniencia de irabandonándose cada vez más en manos de Dios; empieza a comprender que aquelloque “nunca” entendió y algo que ya hacía mucho tiempo que había sucedido, depronto, una tarde, empieza a percibir que sí: ahora, lo capta en toda sudimensión, y ve que aquel acontecimiento le ha servido mucho para su madurez humana,para su humildad, para su comprensión ante las penas o alegrías de los demás. Tanimportante es acrecentar la fe que debe de haber un momento que vivamos de fe.No hemos dicho que “no perdamos la fe”, sino “vivir” de fe. La fe es elalimento, la vida del alma, lo que da fortaleza, seguridad, entereza, alegría,sentido a la vida, ganas de vivir hasta el encuentro con nuestro Padre Dios. “Notengáis miedo a los hombres” y, un poquito más adelante, insiste de modoparecido: “no tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar elalma”.  Hemos de fundamentar  el “no-miedo”, es decir, la seguridad, laentereza, la alegría, el vivir sonriendo a la vida y el no tener miedo a nadani a nadie, que la fe. La Virgenes maestra de fe.  La seguridad nos la daDios que es nuestro Padre y sabemos que: “el que crea en mí (fe) vivirá parasiempre (felicidad eterna junto a Dios)”.

21 de jun de 20263 min