El Viajero Tritón

Episodio 28 - 3000 Ibones - Ultimo dia

17 min · 1 de ago de 2025
Portada del episodio Episodio 28 - 3000 Ibones - Ultimo dia

Descripción

Bienvenidos aventureros, vagabundos y amigos intrépidos, a un nuevo episodio de El Viajero Tritón, el podcast de viajes que nos va a llevar a dar la Vuelta al Mundo por dos veces. Durante esta semana vamos a contaros nuestra aventura por las montañas de los Pirineos donde recorreremos parajes increíbles que compartiremos con todos vosotros. Así que coge tu mochila, deja atrás tu zona de confort y tus prejuicios y acompáñame a visitar la ruta de los 3000 ibones.

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38 episodios

Portada del episodio Corea

Corea

🇰🇷 COREA — EL ÚLTIMO LATIDO DEL VIAJE ✨ Jeju fue mi pausa en mitad del mundo: una isla volcánica, húmeda y silenciosa que me obligó a bajar revoluciones. Bosques subtropicales, cascadas, mercados nocturnos y un ascenso al Hallasan que terminó en un cráter emergiendo entre nubes. Jeju me enseñó que a veces el viaje también necesita silencio. Y luego llegó Seúl, el contraste absoluto. Una ciudad donde conviven palacios y hanoks con neones, k‑pop y rascacielos. Caminé por Gyeongbokgung vestido con hanbok, me perdí en Bukchon, bajé al futuro en la Starfield Library, subí a la Lotte Tower para ver un océano de luces y terminé en Hongdae, donde la Corea joven vibra incluso bajo la lluvia. Entre volcanes y megápolis, tradición y tecnología, calma y ruido, entendí algo claro mientras preparo la mochila para volver: no se vuelve igual después de cruzar medio mundo. En este episodio te cuento el final del viaje.

17 de jun de 20261 h 13 min
Portada del episodio Pekín - Etapa 9

Pekín - Etapa 9

🇨🇳 PEKÍN — EL IMPERIO BAJO EL CIELO 👑🐉 Si Xi’an fue el nacimiento de la Ruta de la Seda… Pekín fue su gran cierre imperial. Porque Xi’an mira hacia el exterior. Pero Pekín mira hacia dentro. Hacia el poder. Hacia el centro del mundo. Y quizá por eso esta ciudad me impresionó tanto. Llegué desde Xi’an en el tren de alta velocidad chino atravesando medio país en apenas cuatro horas. Una locura tecnológica. Pantallas, reconocimiento facial, estaciones gigantescas y una eficiencia casi futurista. Y, de repente, aparecí en una ciudad inmensa, monumental, intimidante. Pekín no intenta gustarte. Pekín intenta imponerse. La primera tarde caminé hasta Tiananmen. Y entendí inmediatamente el mensaje arquitectónico del lugar: aquí el individuo es pequeño y el Estado es inmenso. A un lado el Gran Palacio del Pueblo. Al otro el Museo Nacional de China. Frente a mí el enorme retrato de Mao. Y detrás, casi escondida, la Ciudad Prohibida. Todo allí habla de poder. Tuve además la suerte de ver la ceremonia de bajada de bandera justo antes de la llegada oficial de Putin a la ciudad. Miles de personas observando en silencio absoluto cómo descendía lentamente la bandera china mientras la guardia ceremonial avanzaba con una sincronización perfecta. Fue hipnótico. Aquella noche terminé en Qianmen Street, probablemente una de las calles más bonitas de Pekín. Farolillos rojos, tranvías antiguos, humo saliendo de los restaurantes, árboles iluminados y muchísimo ambiente. Allí probé el auténtico pato pekinés en Kuandú, un restaurante Michelin donde comprendí que aquello no era solamente comida: era un ritual imperial. Pero el gran momento llegó al día siguiente. La Ciudad Prohibida. Y curiosamente, antes de entrar, viví uno de esos pequeños caos modernos de viajar por China: me quedé sin internet. Y cuando en China te quedas sin internet, desaparece literalmente todo: mapas, pagos, traducciones, accesos, reservas… Y entonces apareció Lily. Una chica china que decidió ayudarme espontáneamente y me acompañó caminando hasta mi grupo. Me recordó algo importante: cuando la tecnología falla, las personas todavía salvan el viaje. Dentro de la Ciudad Prohibida entendí por qué los emperadores chinos se consideraban el centro del universo. Durante casi quinientos años, aquel lugar fue una ciudad dentro de otra ciudad. Un espacio construido para transmitir autoridad absoluta. Puertas interminables, patios gigantescos, tejados amarillos reservados únicamente para el emperador y una simetría perfecta diseñada para imponer orden y obediencia. No era solamente un palacio. Era una máquina política. Después llegué al Templo del Cielo, donde el emperador dejaba de ser gobernante para convertirse en mediador entre el cielo y la tierra. Allí el ambiente cambiaba completamente. Ancianos bailando, músicos, familias enteras haciendo ejercicio y personas realizando reverencias sobre piedras ceremoniales buscando armonía con el universo. Y entonces llegó mi séptima maravilla del mundo. La Gran Muralla China. Pero no fui a la parte turística. Escapé hacia Jinshanling, una sección mucho más salvaje y auténtica. Y allí comprendí realmente lo que significa esta obra imposible. La muralla no cruza las montañas. La muralla se convierte en montaña. Sube y baja crestas infinitas, desaparece entre niebla, reaparece entre torres derruidas y parece no terminar nunca. Allí entiendes que no era solamente una defensa militar. Era una frontera psicológica entre dos mundos: el imperio agrícola chino y las estepas nómadas del norte. Caminarla en silencio, con el cielo gris y apenas turistas alrededor, fue uno de esos momentos que justifican años enteros de viaje. Y para despedirme de Pekín hice justo lo contrario al inicio. Abandoné los grandes símbolos del poder… y busqué la vida cotidiana.

4 de jun de 202618 min
Portada del episodio Xi’an - Etapa 8

Xi’an - Etapa 8

🇨🇳 XI’AN — EL FINAL DE LA RUTA DE LA SEDA 🐫✨ Después de casi dos meses atravesando Anatolia, el Cáucaso, Uzbekistán, Tayikistán, Kirguistán y Kazajistán… llegué por fin a Xi’an. La antigua Chang’an. El kilómetro cero de la Ruta de la Seda. Y entendí algo importante. La Ruta de la Seda nunca fue solamente comercio. Fue una autopista de ideas, religiones, sueños, culturas y civilizaciones. Llegar aquí fue cerrar un círculo invisible. Recorrí la inmensa muralla de Xi’an bajo la lluvia fina, pedaleando entre puertas imperiales mientras el eco de las antiguas caravanas parecía seguir vivo entre las piedras. Crucé el barrio musulmán envuelto en humo de brochetas de cordero, granadas abiertas, caligrafías árabes y voces que parecían venir directamente de Samarcanda o Bujará. Xi’an no se visita. Xi’an se absorbe. En sus calles todavía conviven China, Persia y Asia Central. Y luego llegó uno de esos momentos que justifican un viaje entero: contemplar frente a frente a los Guerreros de Terracota. Más de 8.000 soldados creados hace más de 2.200 años para custodiar eternamente al emperador Qin Shi Huang, el hombre que unificó China y soñó obsesivamente con la inmortalidad. Cada rostro distinto. Cada expresión única. Cada guerrero esperando en silencio desde hace siglos. Allí comprendí que la Ruta de la Seda nació precisamente gracias a aquel imperio que decidió mirar hacia occidente. También descubrí las pagodas del monje Xuanzang, el gran viajero chino del siglo VII, el verdadero “Marco Polo oriental”, que cruzó Asia Central hasta India buscando conocimiento budista y regresó con manuscritos sagrados que transformarían China para siempre. Quizá por eso Xi’an emociona tanto. Porque aquí todo habla del viaje. Del intercambio. De la curiosidad humana. Aquí termina la Ruta de la Seda… pero también comienza otra cosa. Mientras caminaba de noche entre las luces rojas de la Torre de la Campana, rodeado de chicas vestidas con trajes Hanfu, músicos callejeros, aromas de chili y té caliente bajo la lluvia, sentí que el viaje no acababa realmente. Porque viajar, al final, es continuar conversaciones que empezaron hace miles de años. Y algunas todavía siguen abiertas. 🇨🇳🐫✨

3 de jun de 202632 min
Portada del episodio Kazajistán - Etapa 7

Kazajistán - Etapa 7

KUTMANTAN… y hasta pronto, Asia Central. 🇰🇿✨ Kazajistán apareció ante mí como aparece el horizonte en la estepa: inmenso, silencioso y aparentemente vacío… hasta que empiezas a mirar de verdad. Crucé la frontera caminando, mochila al hombro, como tantas veces soñé hacer leyendo historias de la Ruta de la Seda. Y al otro lado me esperaba un país gigantesco, duro, elegante y lleno de contrastes. Llegué desde Kirguistán con el corazón todavía latiendo entre montañas, y quizá por eso mis primeros pasos aquí fueron extraños. Pero viajar también consiste en desaprender expectativas. Porque Kazajistán no se entrega rápido. Primero te observa. Y entonces empiezan a ocurrir cosas. Autostop en mitad de la estepa bajo la lluvia. Carreteras infinitas. Viejos todoterrenos soviéticos. El lago Kolsai cubierto de niebla. El cañón Charyn abriéndose como una cicatriz roja sobre la tierra. Las montañas del Tian Shan. Las aguas termales de Alma Arasan. Medeu y Shymbulak a más de 3.200 metros. El metro de Almaty homenajeando la Ruta de la Seda. Y sobre todo… personas. Porque este viaje acabó siendo una historia de personas. Amaral y la familia Merbek aparecieron en el momento exacto en el que el camino parecía desordenarse. Y lo cambiaron todo. Me llevaron con ellos sin conocerme. Me enseñaron su tierra. Compartieron mesa, risas, carne de caballo, queso kurt, sauna, historias y tiempo. Me trataron como familia. Y una vez más entendí algo que este viaje no deja de repetirme: el mundo está lleno de gente buena. Después de casi 60 días de ruta, más de un millón de pasos y decenas de ciudades míticas atravesadas por la antigua Ruta de la Seda… he decidido dar el salto hacia Xi’an. No porque falten ganas de seguir por tierra. Sino porque también viajar es aprender cuándo avanzar. Entre Almaty y China quedan miles de kilómetros de estepa y desierto. Y a veces la sabiduría del viajero no está en resistir… sino en elegir bien las batallas del tiempo y del alma. Porque la Ruta de la Seda nunca fue solo una línea en un mapa. Fue intercambio. Movimiento. Transformación. Y quizá este salto también forma parte del viaje. Así que esta noche despego hacia China. Hacia Xi’an. Hacia el final simbólico de la Ruta de la Seda. Hacia otro comienzo. Porque como siempre digo… “La cima de una montaña es el pie de la siguiente.” Hasta pronto, Kazajistán. Gracias por sorprenderme cuando menos lo esperaba. ❤️

2 de jun de 202647 min
Portada del episodio Kirguistán - Etapa 6

Kirguistán - Etapa 6

🇰🇬 KUTMANTAN, KIRGUISTÁN 🇰🇬 Hay países que visitas… y hay países que se te quedan dentro para siempre. Kirguistán ha sido eso para mí. ❤️ Después de cruzar la mítica Pamir Highway, llegaron los caballos salvajes, las yurtas en mitad de la nada, los lagos helados, las montañas infinitas y una hospitalidad que todavía emociona recordarla. Dormí en Song-Kul a -5º dentro de una yurta tradicional mientras el viento golpeaba las montañas y el silencio lo llenaba todo. Cabalgué durante horas entre nieve, yaks y praderas infinitas junto a guías kirguis que terminaron convirtiéndose en amigos. Compartí té, canciones y comida con familias nómadas. Hice autostop entre valles remotos. Perdí una chaqueta… y terminé viviendo una experiencia inolvidable con águilas cazadoras. Vi amaneceres imposibles frente al inmenso Issyk-Kul. Recorrí lugares legendarios como Jeti-Oguz, Skazka Canyon o Sulayman-Too. Pero lo más bonito de Kirguistán no son sus paisajes. Es su gente. Las sonrisas. La humildad. La sensación constante de seguridad. La mano en el corazón cada vez que te preguntan si todo está bien. Kirguistán es todavía auténtico. Salvaje. Libre. Poco turístico. Y profundamente humano. Si me preguntas cuál ha sido mi país favorito de esta Ruta de la Seda… No lo dudo. Kirguistán. 🇰🇬🐎🏔️ Y sí… me lo llevo en el corazón.

30 de may de 20261 h 48 min