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Jueves de la IX semana del Tiempo ordinario: 4 de Junio (P. Tomás "Martín" Deely, C.Ss.R.)

6 min · 4 de jun de 2026
Portada del episodio Jueves de la IX semana del Tiempo ordinario: 4 de Junio (P. Tomás "Martín" Deely, C.Ss.R.)

Descripción

Amando con Todo Nuestro Corazón Cuando cristianos que le pertenecen a la Iglesia Católica van a ese Sacramento que llamamos EL SACRAMENTO DE LA PENITENCIA o como muchos lo llamamos La Confesión casi siempre rezamos una oración que llamamos El Acto de Contrición. Muchos de nosotros lo rezamos de una forma distinta. Pero hay una parte de este Acto de Contrición que siempre dice que estamos arrepentidos de nuestros pecados no tanto porque tenemos miedo de perder el cielo u de ir al infierno.No.  La parte mas importante cuando rezamos el Acto de Contrición es cuando decimos claramente…ME ARREPIENTO MAS PORQUE MIS  PECADOS HAN OFENDIDO A DIOS…A QUIEN DEBO AMAR sobre todas las cosas …..CON TODO MI CORAZÓN… Todos nosotros que creemos en Dios y en su Hijo Jesucristo sabemos que Cristo, Jesús nos fue enviado por su Padre Celestial para ser nuestro Redentor y Salvador. Sabemos que DIOS, QUE JESÚS, SU HIJO NOS AMAN CON TODO SU CORAZÓN. Si no hubiera sido así entonces Jesús, cuando sabía que no querían capturar y matar, Jesús habría huido con miedo y terror. Pero sabemos que eso no es lo que pasó. No. Jesús   aceptó ser capturado, golpeado, clavado a la cruz para morir así porque  DIOS, JESÚS NOS AMA COM TODO SU CORAZÓN.  Por este motivo en el evangelio de hoy, cuando el escriba le preguntó a Jesús: “¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?” Jesús le respondió: “El primero es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor; amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. El segundo es éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay ningún mandamiento mayor que éstos” Un diacono que se llama Jay Cormier dijo eso en su homilía para hoy: —Amando con toda nuestra mente pasa cuando comenzamos ser a todas las demás personas como Dios mismo, como Jesús mismo nos ve a cada uno de nosotros: Porque Dios nos mira y no ve pecadores. Dios nos mira y ve sus propias queridas hijas e hijos. OREMOS: Jesús ayúdame ver y amar a los demás con todo mi corazón al igual que Tú mismo nos mira y nos ama con todo su corazón. Si me quieren enviar un comentario tdeely7352@hotmail.com [tdeely7352@hotmail.com]

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Portada del episodio Tuesday of the Tenth Week in Ordinary Time: June 9 (Fr. Kevin Mac Donald, C.Ss.R.)

Tuesday of the Tenth Week in Ordinary Time: June 9 (Fr. Kevin Mac Donald, C.Ss.R.)

It is hard to pass by a feast day honoring a saint who has been declared “Doctor of the Church.” After all, there have been only 38 declared in the long history of the Catholic Church and they all have something special to teach us.    St. Ephrem, a deacon born to Christian parents around the year 306, spent his life teaching Christians throughout Mesopotamia. He did it mostly through hymns, even organizing an all-women choir to perform in church, something that was not practiced at the time. The choir members were even known as “deaconesses.” Ephrem often referred to himself as the “herdsman” and the bishop as the “shepherd.”    In 337, Emperor Constantine I died. Constantine was responsible for legalizing and promoting the practice of Christianity. Seeing an opportunity, the King of Persia, Shapur II, began to systematically attack the area where Ephrem lived. His hometown was besieged, but remained safe within its walls, even when Shapur’s army diverted a river to undermine them. When the attacking army elephants and calvary got bogged down in the wet ground, it allowed the citizens of the city to quickly refortify the walls. Ephrem even wrote a hymn commemorating the event, referring to the city as “Noah’s Ark,” floating to safety on the flood.    Eventually, his home city was captured, and all the Christians were expelled. Ephrem moved to Edessa in modern day Greece. He began to build the local church by establishing a learning center where he served as a teacher. He succumbed to the plague as he ministered to its victims in 373.  I will conclude with a portion of one of Ephrem’s sermons:    “In your sacrament we daily embrace you and receive you into our bodies; make us worthy to experience the resurrection for which we hope. We have your treasure hidden within us ever since we received baptismal grace; it grows ever richer at your sacramental table…Savior, your crucifixion marked the end of your mortal life; teach us to crucify ourselves and make way for our life in the Spirit.” Amen.   Blessings,  Fr. Kevin MacDonald, C.Ss.R.

Ayer3 min
Portada del episodio Martes de la X semana del Tiempo ordinario: 9 de Junio (P. Manny Rodríguez Delgado, C.Ss.R.)

Martes de la X semana del Tiempo ordinario: 9 de Junio (P. Manny Rodríguez Delgado, C.Ss.R.)

Podcast, 9 de junio, 2026   Queridos hermanos y hermanas en Cristo Jesús, Les doy la bienvenida a "LA BUENA PALABRA", nuestro podcast diario en el que los Misioneros Redentoristas de la Provincia de Baltimore comparten la Buena Nueva de Jesús. Soy el padre Manuel Rodríguez, redentorista, de la Basílica de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro en Brooklyn, Nueva York. Hoy es martes, 9 de junio de 2026. La homilía de hoy es de Mateo, capítulo 5, versos 13 a 16. En el Evangelio de hoy, Jesús nos dirige unas palabras sencillas, pero profundamente exigentes: “Ustedes son la sal de la tierra… ustedes son la luz del mundo.” La sal y la luz no existen para sí mismas. La sal da sabor y preserva. La luz ilumina y orienta. Así debe ser la vida del cristiano. En un mundo donde a menudo hay indiferencia, violencia, división y pérdida de esperanza, Jesús nos recuerda que nuestra fe no puede esconderse. Un verdadero discípulo transforma el ambiente donde vive: en la familia, en el trabajo, en la parroquia y en la comunidad. La sal, cuando pierde su sabor, ya no sirve. También nuestra fe puede volverse “sin sabor” cuando se vive solo de apariencia, cuando dejamos de orar, cuando olvidamos la caridad, cuando nos acostumbramos al Evangelio sin ponerlo en práctica. Y Jesús también dice: “No se enciende una lámpara para esconderla.” La luz de Cristo que recibimos en el Bautismo no es para guardarla, sino para compartirla. Muchas veces una palabra de consuelo, un gesto de perdón, una visita a un enfermo, una ayuda silenciosa, pueden ser una verdadera luz para alguien que vive en oscuridad. Este mensaje me hace pensar en mi tía, Rosy, fallecida hace dos años. Siempre que la visitaba, la encontraba con personas que se le habían acercado para pedirle consulta sobre diversas situaciones de sus vidas. Y ella, con la combinación de la sabiduría humana y el espíritu de Jesús, los escuchaba, les consolaba y, con palabras muy positivas, sinceras y sabias, les acompañaba y les aconsejaba. Siempre pensaba que ella, como laica comprometida, como luz y sal, llegaba a muchas más personas que yo como sacerdote. Y como a mi tía Rosy, he visto a muchas, muchas personas que son figuras concretas de la presencia de Jesús entre nosotros.  El Señor no nos pide hacer cosas extraordinarias, sino vivir de manera auténtica y coherente. La santidad muchas veces se manifiesta en lo pequeño: en la paciencia, en la escucha, en la bondad, en la honestidad, en la fidelidad diaria. Que al ver nuestras buenas obras, otros puedan glorificar al Padre del cielo. Es decir, que nuestra vida lleve a otros a acercarse más a Dios. Pidamos hoy al Señor que nunca perdamos el sabor del Evangelio y que nuestra luz no se apague. Que, con humildad y amor, podamos ser sal que da esperanza y luz que guía hacia Cristo. Amén.

Ayer5 min