LIMINAL | Decide lo que evitas
Cómo usar el miedo como brújula Hay una llamada que llevas semanas sin hacer. No es que no sepas qué decir. Sino porque justo antes de marcar el número, el cuerpo se activa y la mente empieza a construir escenarios. Quizá no es el momento. Quizá debería prepararlo mejor. Quizá mañana. Y entonces, ya está, no llamas. Pero tampoco te quedas quieto. Revisas una nota, mejoras un documento, ordenas algo del proyecto. Actividad constante. Esfuerzo real. Cero avance en lo que importa. Lo que está pasando es que el miedo está organizando tu agenda sin que lo hayas invitado. Llevamos mucho tiempo creyendo que el miedo es una señal de stop . Que si algo da miedo, probablemente no deberíamos hacerlo. Pero hay otro tipo de miedo, el que aparece justo cuando estás a punto de hacer algo que sí importa. El que señala exactamente la dirección en la que deberías moverte. El problema es que los dos se sienten igual, y si nunca aprendes a distinguirlos, acabas obedeciéndolos por igual. Al final, el coste no llega como una gran caída. Llega despacio . Primero pierdes una oportunidad, luego otra, y con el tiempo ganas la identidad de alguien que piensa mucho y mueve poco, porque nadie lo ve desde fuera y sigues funcionando, sigues cumpliendo, pero las conversaciones que podrían cambiar algo no ocurren. No necesitas que el miedo desaparezca para hacer algo. Solo necesitas dejar de usarlo como permiso automático para volver atrás. ¿Qué decisión concreta llevas demasiado tiempo dejando en pausa porque confundes el miedo con una señal de que todavía no debes moverte?
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