El Comentario del Día
MARTES XITIEMPO ORDINARIO san Mateo5, 43-48 Elabsurdo de la injusticia Quitad laCruz del lugar que ocupa en el centro de Cosmos y de la Historia, y el mundoentero se vendrá abajo, convertido en un absurdo. “¿Conqueme has sorprendido, enemigo mío?”. Ajab, finalmente, es denunciado, y todoparece indicar que la deuda de su crimen fuera a ser pagada: “En el mismo sitiodonde los perros han lamido la sangre de Nabot, a ti también los perros telamerán la sangre”… Pero, antes de que el castigo se desplome sobre quien a símismo se ha declarado enemigo de Dios, la voz de Jesús vuelve a sonar desde laMontaña: “Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. Asíseréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobremalos y buenos”… Ajab hace penitencia, una penitencia ridícula en comparacióncon su crimen, y es perdonado: “Por haberse humillado ante mí, no lo castigarémientras viva; castigaré a su familia en tiempo de su hijo”. Resultado: Nabot(un hombre pobre y justo), muerto; Ajab (un rey asesino), vivo… Y un castigoque espera a desplomarse sobre un hijo que nada tuvo que ver en aquel crimen.¡Un absurdo! Y, puestos a desenmascarar absurdos: ¿No lo es el que tus pecados másgraves, después de confesados, se hayan saldado con la penitencia de unAvemaría? ¿Dónde está la piedra angular que dé consistencia a este conjunto de“disparates” cuyo peso les hace despeñarse sobre el sentido común? “Castigaréa su familia en tiempo de su hijo”. La piedra angular está delante de nosotros.Contemplamos a ese hijo, y descubrimos que no se trata de Ocozías, el mediocreretoño de Jezabel. El alcance del anuncio del profeta era mucho más largo queel del vientre de aquella zorra. Hablaba del “Hijo del hombre”, Jesús: “Élsoportó el castigo que nos trae la paz”. Ponemos la Cruz en el medio, y todorecobra consistencia… Porque enlos brazos extendidos de Jesús Crucificado fue recogida la sangre de Nabot, yallí, a cambio de una viña terrena, recibió el justo en herencia la Viña deDios. Allí fue recogida la torpe penitencia de Ajab, y, unida al Corazón roto yal Cuerpo entregado de Cristo, hizo que el arrepentido mereciese lamisericordia de un Dios capaz de amar a su enemigo. Allí se depositan nuestrasculpas cuando confesamos, y allí se une nuestra minúscula penitencia a la deJesús. Allí Nabot, Ajab, tú y yo nos encontramos. En los brazos extendidos deJesús, crucificado sobre el mismo lugar en que los perros lamiesen la sangre deNabot, nosotros, que por nuestros pecados fuimos hechos semejantes a bestias,hemos lamido la Sangre del Cordero y hemos sido salvados. Nosotros somos la“familia” que, según anunció el profeta, sufre unida al Hijo. Noapartemos la mirada de la Cruz, ni bajemos de los brazos de María, que en elGólgota nos muestran el Madero Santo: porque, si por un solo momento lohiciese, me volvería loco. Miramos aMaría junto a Jesús Crucificado … y todo tiene tanto sentido que podríamosmorir de amor.
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