El Comentario del Día
DOMINGOXII TIEMPO ORDINARIO san Mateo10, 26-33 El don dela fe Hay, aveces, en el Evangelio pasajes más oscuros, o de difícil interpretación.Nuestra madre la Iglesia en estos casos, como madre que tiene el favor de Diospara desentrañar las Escrituras acude en nuestra ayuda y nos aclara aquellospuntos algo oscuros, que escaparse a nuestra mente. Elmisterio de la Encarnación, cuando el Señor nos habla de la Santísima Trinidady algún aspecto más, pueden quedar en cierto modo velados, pero en general todoresulta sencillo. Todo se entiende si hay fe. Aunque en esto de la fe quizáconviene recordar dos aspectos: el primero y principal que la fe es un don deDios y, por tanto, cabe la actitud por nuestra parte de agradecimiento si latenemos, y de petición si notamos que nos falta; pero en segundo lugar, haytambién que recordar que, junto al don, la fe es una virtud y que, como todaslas virtudes, pueden crecer o disminuir según nosotros realicemos actos quevayan consolidando esta virtud o que, por el contrario, si no realizamos actosencaminados al crecimiento de la virtud, aquella vaya menguando e inclusodesaparezca. Esto sucede en todas las virtudes y, por tanto también en lavirtud de la fe. No escierto del todo esa expresión que en ocasiones utilizamos: “ha perdido la fe”.Como si la fe de pronto al levantarse por la mañana uno no acabara deencontrarla: “no sé donde dejé la fe”. Dicho de modo más positivo: la fe esaquel don y virtud que, precisamente por esa repetición de actos de fe, nos vallevando a tener “cada vez más fe”, de modo que uno, poco a poco, vaentendiendo mejor las cosas de Dios; va dándose cuenta de la conveniencia de irabandonándose cada vez más en manos de Dios; empieza a comprender que aquelloque “nunca” entendió y algo que ya hacía mucho tiempo que había sucedido, depronto, una tarde, empieza a percibir que sí: ahora, lo capta en toda sudimensión, y ve que aquel acontecimiento le ha servido mucho para su madurez humana,para su humildad, para su comprensión ante las penas o alegrías de los demás. Tanimportante es acrecentar la fe que debe de haber un momento que vivamos de fe.No hemos dicho que “no perdamos la fe”, sino “vivir” de fe. La fe es elalimento, la vida del alma, lo que da fortaleza, seguridad, entereza, alegría,sentido a la vida, ganas de vivir hasta el encuentro con nuestro Padre Dios. “Notengáis miedo a los hombres” y, un poquito más adelante, insiste de modoparecido: “no tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar elalma”. Hemos de fundamentar el “no-miedo”, es decir, la seguridad, laentereza, la alegría, el vivir sonriendo a la vida y el no tener miedo a nadani a nadie, que la fe. La Virgenes maestra de fe. La seguridad nos la daDios que es nuestro Padre y sabemos que: “el que crea en mí (fe) vivirá parasiempre (felicidad eterna junto a Dios)”.
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