Jueves VII Pascua - 21.05
JUEVES VII PASCUA
san Juan 17, 20-26
La “amabilidad” del Espíritu Santo
“No encontramos ningún delito en estehombre; ¿y si le ha hablado un espíritu o un ángel?” Ante los planes de Diospoco pueden hacer los hombres. Si la promesa de Jesús acerca del Espíritu Santose iba a llevar cabo, ningún discurso, ni aunque se pusieran de acuerdo todoslos estamentos mundiales (la ONU, la UE…), podría cambiar la voluntad de Dios.El temor ante lo desconocido nos intimida y nos acobarda (es lo que les ocurríaa los fariseos frente a los saduceos en la primera lectura de hoy), pero si somosamigos de Dios nadie puede amilanarnos.
Estos días previos a la gran solemnidadde Pentecostés, en que preparamos con el Decenario la venida del EspírituSanto, son días de contemplación. Ese “Gran Desconocido”, tercera persona de laSantísima Trinidad, deja de ser un extraño para entrar como huéspedprivilegiado en nuestra alma. El trato íntimo con Él ha de darnos el gusto porlas cosas de Dios, “saborear” cada una de sus inspiraciones, hacerlas nuestras,y maravillarnos por su infinita bondad.
Son muchos los santos, y gente piadosa,que se han sumergido en esta amabilísima persona divina. Desde la oración mássincera, hasta proclamar “a los cuatro vientos” sus bondades y su accióneficacísima, han ido descubriendo, e intuyendo, ese fuego abrasador del quehablaba Jesús. Quemar el mundo con el amor de Dios es impregnarlo de lapresencia del Espíritu Santo. Cada rincón, cada persona, cada acontecimiento,cada palabra, cada gesto… merecen ser empapados con esa gracia divina.
¿Ya tienes clara tu vocación?, ¿aúndudas?… Escucha, entonces, las palabras que le dirige el Señor a san Pablo:“¡Animo! Lo mismo que has dado testimonio a favor mío en Jerusalén tienes quedarlo en Roma”. La osadía de los hijos de Dios no tiene límites cuando se dejaactuar al Espíritu Santo. Y esto no es vanagloria ni soberbia, sino el orgullosanto de que todo el planeta quede “cristificado”, lleno de Cristo, por misobras y mis palabras. ¿Es realmente heroico, al levantarte por las mañanas,darle gracias a Dios por el nuevo día?, ¿resulta traumático sonreír alcompañero de oficina, y encomendarle al Espíritu Santo?, ¿nos parece insolente,o fuera de lugar, al llegar a casa, besar a la esposa, o al marido, y dedicarleun rato a los hijos?, ¿creemos necesario echarle la culpa al mundo (jefes,vecinos, gobernantes, amigos…) de lo mal que van las cosas, sin antes habernosrecogido, ¡aunque sea un minuto!, y decírselo a nuestro Padre Dios?
¡Sí!, de esta manera hacemos que elEspíritu Santo actúe en nuestras vidas y en nuestros ambientes. Y no se tratade hacer “cosas raras”. El objetivo no es otro, sino de dar sentido divino atodo lo que es normal. Aquello que para otros es “monótono”, “aburrido”,“siempre lo mismo”… ¡todo eso puede llenarse de Dios!
María, nuestra Madre, se encontrará enmedio de los discípulos, es decir, junto con toda la Iglesia, el día dePentecostés. Ella será la primera que nos recuerde el “testigo” que recibió desu propio Hijo, y que ahora nos entrega: “Les he dado a conocer y les daré aconocer tu nombre, para que el amor que me tenías esté con ellos, como tambiényo estoy con ellos”.