unaVidaReformada

Una iglesia APOSTÓLICA

41 min · 8. juli 2026
episode Una iglesia APOSTÓLICA cover

Description

Cuando la Iglesia confiesa ser apostólica, no afirma que los apóstoles continúen apareciendo en cada generación, ni que exista una cadena ininterrumpida de nuevos reveladores. Confiesa, más bien, que el Espíritu Santo edificó a la Iglesia sobre el testimonio único e irrepetible de los apóstoles de Jesucristo, preservando su doctrina y extendiendo su misión hasta los confines de la tierra. La apostolicidad de la Iglesia es, por tanto, una obra permanente del Espíritu Santo. Él no vino para reemplazar el ministerio apostólico, sino para establecerlo, preservarlo y hacerlo fructificar en todas las generaciones. Lo que el Espíritu inspiró en el primer siglo continúa iluminando, gobernando y edificando a la Iglesia por medio de las Escrituras. FUNDAMENTO APOSTÓLICO El Espíritu Santo constituyó a los apóstoles como testigos autorizados de la persona, muerte, resurrección y exaltación de Cristo. Por eso, la Iglesia está "edificada sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo" (Efesios 2:20). Un fundamento se coloca una sola vez; no necesita ser reconstruido continuamente. La revelación apostólica quedó completa cuando el Señor concluyó la obra encomendada a sus apóstoles, y el Espíritu preservó ese testimonio en las Sagradas Escrituras para beneficio de toda la Iglesia. DOCTRINA APOSTÓLICA La primera comunidad cristiana "perseveraba en la doctrina de los apóstoles" (Hechos 2:42). Esa perseverancia no fue un mérito humano, sino el fruto de la obra santificadora del Espíritu Santo, quien guía a la Iglesia a permanecer en la verdad revelada por Cristo. Allí donde la predicación, la enseñanza y la adoración permanecen sometidas a la Palabra inspirada, allí la Iglesia manifiesta su carácter apostólico. No es apostólica porque produzca nuevas doctrinas, sino porque conserva fielmente la doctrina recibida "una vez para siempre" (Judas 3). VOCACIÓN APOSTÓLICA El mismo Espíritu que estableció el fundamento y preserva la doctrina también impulsa la misión. La Iglesia es enviada al mundo para proclamar el evangelio, hacer discípulos, bautizar y enseñar todo lo que Cristo mandó (Mateo 28:18–20). En este sentido, toda la Iglesia participa de una vocación apostólica: no como poseedora de la autoridad irrepetible de los Doce, sino como heredera de su comisión. El Espíritu Santo continúa enviando a su pueblo para anunciar el señorío de Cristo, plantar iglesias, discipular a las naciones y llamar a los hombres al arrepentimiento y a la fe. IGLESIA APOSTÓLICA La Iglesia, por tanto, permanece apostólica mientras conserve estas tres realidades inseparables: el fundamento apostólico de la revelación bíblica, la doctrina apostólica transmitida en las Escrituras y la vocación apostólica de anunciar el evangelio a todas las naciones. En cada una de ellas resplandece la obra fiel del Espíritu Santo, quien no dirige la atención hacia sí mismo, sino hacia Cristo, preservando a su Iglesia en la verdad y capacitándola para cumplir su misión hasta el día en que el Señor vuelva en gloria.

Comments

0

Be the first to comment

Sign up now and become a member of the unaVidaReformada community!

Get Started

1 month for 9 kr.

Then 99 kr. / month · Cancel anytime.

  • Podcasts kun på Podimo
  • 20 lydbogstimer pr. måned
  • Gratis podcasts

All episodes

536 episodes

episode Una iglesia APOSTÓLICA artwork

Una iglesia APOSTÓLICA

Cuando la Iglesia confiesa ser apostólica, no afirma que los apóstoles continúen apareciendo en cada generación, ni que exista una cadena ininterrumpida de nuevos reveladores. Confiesa, más bien, que el Espíritu Santo edificó a la Iglesia sobre el testimonio único e irrepetible de los apóstoles de Jesucristo, preservando su doctrina y extendiendo su misión hasta los confines de la tierra. La apostolicidad de la Iglesia es, por tanto, una obra permanente del Espíritu Santo. Él no vino para reemplazar el ministerio apostólico, sino para establecerlo, preservarlo y hacerlo fructificar en todas las generaciones. Lo que el Espíritu inspiró en el primer siglo continúa iluminando, gobernando y edificando a la Iglesia por medio de las Escrituras. FUNDAMENTO APOSTÓLICO El Espíritu Santo constituyó a los apóstoles como testigos autorizados de la persona, muerte, resurrección y exaltación de Cristo. Por eso, la Iglesia está "edificada sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo" (Efesios 2:20). Un fundamento se coloca una sola vez; no necesita ser reconstruido continuamente. La revelación apostólica quedó completa cuando el Señor concluyó la obra encomendada a sus apóstoles, y el Espíritu preservó ese testimonio en las Sagradas Escrituras para beneficio de toda la Iglesia. DOCTRINA APOSTÓLICA La primera comunidad cristiana "perseveraba en la doctrina de los apóstoles" (Hechos 2:42). Esa perseverancia no fue un mérito humano, sino el fruto de la obra santificadora del Espíritu Santo, quien guía a la Iglesia a permanecer en la verdad revelada por Cristo. Allí donde la predicación, la enseñanza y la adoración permanecen sometidas a la Palabra inspirada, allí la Iglesia manifiesta su carácter apostólico. No es apostólica porque produzca nuevas doctrinas, sino porque conserva fielmente la doctrina recibida "una vez para siempre" (Judas 3). VOCACIÓN APOSTÓLICA El mismo Espíritu que estableció el fundamento y preserva la doctrina también impulsa la misión. La Iglesia es enviada al mundo para proclamar el evangelio, hacer discípulos, bautizar y enseñar todo lo que Cristo mandó (Mateo 28:18–20). En este sentido, toda la Iglesia participa de una vocación apostólica: no como poseedora de la autoridad irrepetible de los Doce, sino como heredera de su comisión. El Espíritu Santo continúa enviando a su pueblo para anunciar el señorío de Cristo, plantar iglesias, discipular a las naciones y llamar a los hombres al arrepentimiento y a la fe. IGLESIA APOSTÓLICA La Iglesia, por tanto, permanece apostólica mientras conserve estas tres realidades inseparables: el fundamento apostólico de la revelación bíblica, la doctrina apostólica transmitida en las Escrituras y la vocación apostólica de anunciar el evangelio a todas las naciones. En cada una de ellas resplandece la obra fiel del Espíritu Santo, quien no dirige la atención hacia sí mismo, sino hacia Cristo, preservando a su Iglesia en la verdad y capacitándola para cumplir su misión hasta el día en que el Señor vuelva en gloria.

8. juli 202641 min
episode Unida, ungida y universal artwork

Unida, ungida y universal

El Espíritu Santo habita en la Iglesia. Él es quien reúne lo que el pecado dispersó, santifica lo que Cristo redimió y preserva hasta el fin al pueblo que el Padre escogió. La Iglesia no es una asociación voluntaria sostenida por afinidades humanas, sino una creación sobrenatural del Dios trino. Si el Padre la eligió desde antes de la fundación del mundo y el Hijo la compró con su propia sangre, el Espíritu Santo la llama, la congrega, la vivifica y la guarda. Por ello, la Iglesia confiesa desde los primeros siglos ser una, santa y universal. Estas no son aspiraciones piadosas, sino realidades producidas por la obra del Espíritu. La Iglesia es una porque "hay un solo cuerpo y un solo Espíritu" (Efesios 4:4). Su unidad no nace de estructuras eclesiásticas, consensos políticos ni uniformidad cultural. Procede de la unión vital con Cristo, la Cabeza de la Iglesia. El mismo Espíritu que regeneró a cada creyente los bautizó en un solo cuerpo (1 Corintios 12:13). Allí donde el evangelio es fielmente predicado y los sacramentos son administrados conforme a la institución de Cristo, el Espíritu sigue reuniendo a sus elegidos desde toda lengua, tribu y nación. La verdadera unidad no sacrifica la verdad para conservar la paz; preserva la paz porque permanece en la verdad. La Iglesia es santa porque pertenece al Dios tres veces santo. Su santidad no consiste en la impecabilidad de sus miembros, sino en haber sido apartada para Dios mediante la sangre de Cristo y en ser continuamente transformada por la obra santificadora del Espíritu. El Consolador no solo convence de pecado, justicia y juicio (Juan 16:8), sino que también conforma progresivamente a los redimidos a la imagen del Hijo (2 Corintios 3:18). Una Iglesia sin santidad contradice su confesión; pero una Iglesia que lucha contra el pecado, se arrepiente y persevera manifiesta la fidelidad del Espíritu que no abandona la obra que comenzó. La Iglesia es universal porque el Reino de Cristo no conoce fronteras nacionales, étnicas ni temporales. El Espíritu Santo derribó el muro de separación entre judíos y gentiles y continúa llamando a hombres y mujeres de todos los pueblos para incorporarlos al mismo cuerpo. Esta universalidad también trasciende las generaciones: la Iglesia de hoy no es distinta de la Iglesia apostólica ni está desconectada de los santos que ya descansan en Cristo. Existe un solo pueblo del pacto, una sola fe, un solo Señor y una sola esperanza. Por eso confesamos con gratitud que la Iglesia permanecerá hasta el fin. No porque sea fuerte en sí misma, sino porque el Espíritu Santo es fiel. Él preserva la verdad frente al error, sostiene a los santos en medio de la persecución y levanta continuamente una generación que proclame las virtudes de Aquel que la llamó de las tinieblas a su luz admirable. Las puertas del Hades no prevalecerán contra la Iglesia (Mateo 16:18), no porque sus miembros sean invencibles, sino porque el Espíritu del Dios vivo mora en ella.

3. juli 202647 min
episode Santificado sea tu pueblo artwork

Santificado sea tu pueblo

El Espíritu Santo no solo regenera individuos; Él edifica un pueblo. Desde Pentecostés hasta el día glorioso del regreso de Cristo, el Espíritu reúne, vivifica, preserva y perfecciona a la santa Iglesia universal, ese pueblo comprado por la sangre del Cordero «de todo linaje y lengua y pueblo y nación» (Apocalipsis 5:9). La Iglesia no es una asociación voluntaria sostenida por entusiasmo humano, sino «edificio de Dios» (1 Corintios 3:9), «templo del Espíritu Santo» (Efesios 2:21-22) y «linaje escogido, real sacerdocio, nación santa» (1 Pedro 2:9). La identidad de la Iglesia descansa en la obra del Espíritu. Él aplica eficazmente los méritos de Cristo a los elegidos, los incorpora al cuerpo del Señor y los sella «para el día de la redención» (Efesios 4:30). Por eso la confesión histórica de la Iglesia afirma que creemos en «la santa Iglesia universal». Su santidad no nace de la impecabilidad de sus miembros, sino de la consagración que Dios ha obrado en ellos por pura gracia.

30. juni 202653 min
episode Habló por los profetas artwork

Habló por los profetas

Cuando confesamos que el Espíritu Santo "habló por los profetas", estamos afirmando una de las verdades más consoladoras de la fe cristiana: Dios no permaneció en silencio. El Dios infinito, santo e incomprensible descendió con infinita condescendencia para darse a conocer a criaturas finitas, caídas y rebeldes. La revelación no nació de la búsqueda del hombre por Dios, sino de la misericordia de Dios hacia el hombre. El pecado había oscurecido nuestro entendimiento y torcido nuestro corazón. Jamás habríamos encontrado el camino de regreso al Señor si Él no hubiera tomado la iniciativa de hablarnos. Por eso, el Espíritu Santo movió a los profetas y, más tarde, a los apóstoles para que escribieran, no sus propias especulaciones, sino la misma Palabra de Dios. Como declara el apóstol Pedro: "Los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo" (2 Pedro 1:21). Las Escrituras son, entonces, el don misericordioso mediante el cual Dios nos comunica la verdad acerca de Sí mismo, desenmascara nuestra condición de pecado, revela el único camino de redención en Jesucristo y nos guía en la senda de la vida. En ellas encontramos la sabiduría que conduce a la salvación y la voz del Buen Pastor que sigue llamando a sus ovejas. La inspiración divina garantiza que la Biblia posee la autoridad de su Autor. No es simplemente un registro humano de experiencias religiosas, sino la Palabra de Dios expresada por medio de autores humanos, preservados por el Espíritu Santo para comunicar fielmente todo cuanto Dios quiso revelar para nuestra salvación y santificación. Acerquémonos, pues, a las Escrituras con reverencia, gratitud y obediencia. Cada página nos recuerda que el Dios que pudo haber guardado silencio decidió hablar; el Dios que pudo habernos dejado en nuestras tinieblas encendió la luz de su verdad; el Dios que pudo condenarnos sin más nos mostró, en su Palabra, el camino de la vida eterna en Cristo. ¡Qué inmensa misericordia que el Espíritu Santo haya hablado por los profetas!

26. juni 202655 min