ConBERTAciones

¿De esta manera... o no?

3 min · 15 de may de 2026
Portada del episodio ¿De esta manera... o no?

Descripción

A menudo decimos: «Así soy yo». O: «Así es él... así es ella». Pero, ¿qué estamos diciendo realmente? Permítanme darles un ejemplo. Cuando un panadero hornea un pastel, esa creación no se conoce verdaderamente hasta que se saca y se expone. Se ve, se huele, se prueba. Cumple su propósito cuando se comparte, se celebra y se disfruta. Cuando un artista crea una obra de arte, esta no está destinada a permanecer oculta en el estudio. Está destinada a ser exhibida, admirada y a conmover los corazones de quienes la contemplan. Existe para impactar la vida. Tanto el pastel como la obra de arte fueron creados con intención. Con un propósito. Y tú también. Y yo también. Fuimos creados con un propósito: el de compartir amor, el de reflejar belleza, el de manifestar el diseño único que nuestro Creador depositó en nuestro interior. Así que, cuando decimos: «Así soy yo», debemos preguntarnos: ¿Estamos aceptando quiénes somos... o estamos limitando aquello en lo que podemos convertirnos? Si un pastel se daña, el repostero puede repararlo. Si una pintura parece incompleta, el artista puede volver a ella, añadir detalles, intensificar los colores e incluso transformar la obra por completo. El creador siempre tiene la autoridad para perfeccionar lo que ha sido hecho. Lo mismo ocurre con nosotros. ¿Quién conoce los desastres que hemos hecho en nuestras vidas? ¿Quién conoce los errores, las malas decisiones, las etapas de quebranto? Nosotros los conocemos. Y Dios los conoce. Pero ÉL es el único que verdaderamente puede transformarnos. Cuando declaramos: «Así soy yo», como si fuera una afirmación definitiva, estamos, quizás sin darnos cuenta, sugiriendo que el Autor ya no puede moldearnos, perfeccionarnos ni restaurarnos. Y, sin embargo... Él puede hacerlo. Hoy es un buen día para recordar que nuestro Creador no ha cambiado Su propósito. ¡Este no es el final, porque Él sigue haciendo nuevas todas las cosas!

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114 episodios

Portada del episodio Cuando Es Bueno, Nunca Es Suficiente

Cuando Es Bueno, Nunca Es Suficiente

Hace años, después de una reunión social, una amiga que había estado conmigo por horas me llamó nuevamente esa misma noche. Recuerdo que alguien en mi familia preguntó: “¿Por qué te llama otra vez si ya estuvieron juntas tanto tiempo?” En ese momento, no recuerdo qué respondí. Pero hoy… lo entiendo. Cuando algo es bueno— cuando la compañía es correcta, cuando la conexión es genuina, cuando el momento está lleno de alegría— nunca es demasiado. Una buena conversación no termina cuando te levantas de la mesa. Una conexión real no se mide por el reloj. ¿Alguna vez te has quedado más tiempo en un restaurante solo para seguir conversando? ¿O has prolongado una reunión porque tu corazón no estaba listo para irse? Porque cuando es bueno… nunca es suficiente. Es lo mismo en la adoración. En la alabanza. En esos momentos donde tu alma conecta con lo que crees, con lo que sabes que es más grande que tú. Nunca son suficientes canciones. Nunca son suficientes oraciones. Nunca es suficiente gratitud. Algunos lo cuestionarán. Otros no lo entenderán. Algunos lo medirán por el tiempo. Pero lo que no ven es que cuando la razón es correcta, cuando el propósito es puro, cuando la presencia es real— el tiempo deja de tener límites. Así que no apresures lo que es bueno. No acortes lo que llena tu alma. No te disculpes por permanecer en la alegría. Porque cuando algo es real, cuando algo es significativo, cuando algo toca tu espíritu— nunca es demasiado… y nunca será suficiente. ✨

Ayer2 min
Portada del episodio When It’s Good, It’s Never Too Much

When It’s Good, It’s Never Too Much

Years ago, after a social gathering, a friend who had been with me for hours called me again later that evening. I remember someone in my family asking, “Why is she calling again if you were just together for so long?” At the time, I don’t even remember my answer. But today… I understand it. When something is good, when the company is right, when the connection is genuine, when the moment carries joy, it is never too much. A good conversation doesn’t end when you leave the table. A meaningful connection doesn’t fade with the clock. Have you ever stayed longer at a restaurant just to keep talking? Or lingered at a gathering because your heart wasn’t ready to leave? Because when it’s good… it’s never enough. It’s the same in worship. In praise. In those moments where your soul connects with what you believe, with what you know is greater than you. It’s never enough songs. Never enough prayers. Never enough gratitude. Some may question it. Some may not understand it. Some may measure it by time. But what they don’t see is that when the reason is right, when the purpose is pure, when the presence is real, time loses its limits. So don’t rush what is good. Don’t shorten what fills your soul. Don’t apologize for lingering in joy. Because when something is real, when something is meaningful, when something touches your spirit, it is never too much… and it will never be enough. BW

Ayer2 min
Portada del episodio Tomarse de las Manos

Tomarse de las Manos

Tomarse de las manos es uno de los gestos más sencillos y, sin embargo, carga con el peso de muchas historias. Una mano extendida dice: «Aquí estoy». La mano que recibe susurra: «Confío en ti». Nos tomamos de las manos para celebrar: al adentrarnos en nuevas etapas, al estar ante promesas, al dar la bienvenida a aquello por lo que hemos orado Nos tomamos de las manos en el dolor: junto a camas de hospital, en salas de espera, al pie de una tumba donde las palabras parecen demasiado pequeñas. Un niño alza la mano instintivamente. Una madre la aprieta suavemente. Dos amigos entrelazan los dedos en un acuerdo silencioso. Dos amantes entrelazan sus manos como si estuvieran uniendo sus vidas con puntadas. A veces, tomarse de las manos es fortaleza. A veces, es rendición. A veces, es la única oración que podemos formular sin pronunciar palabra. Y es por eso que esta imagen nos conmueve tan profundamente: porque tomar una mano es decir: «No caminas solo». Incluso cuando el camino tenga curvas. Incluso cuando la noche parece larga. Incluso cuando no estamos seguros del siguiente paso. Tomarse de las manos no hace desaparecer el valle. Simplemente nos recuerda que, dentro de él, hay compañía. ¡Y eso, a veces, es más que suficiente!

29 de may de 20262 min
Portada del episodio Holding Hands

Holding Hands

Holding hands is one of the simplest gestures, yet it carries the weight of entire stories. A hand extended says, I’m here. A receiving hand whispers, I trust you. We hold hands in celebration—walking into new seasons, standing before promises, welcoming what we prayed for. We hold hands in sorrow—at hospital beds, in waiting rooms, at gravesides where words feel too small. A child reaches up instinctively. A mother squeezes gently. Two friends clasp fingers in silent agreement. Two lovers intertwine hands as if stitching their lives together. Sometimes holding hands is strength. Sometimes it is surrender. Sometimes it is the only prayer we can form without speaking. And that is why the image moves us so deeply: because to hold a hand is to say, You do not walk alone. Even when the road bends. Even when the night feels long. Even when we are unsure of the next step. Holding hands does not remove the valley. It simply reminds us there is companionship within it. And that, sometimes, is more than enough!

29 de may de 20262 min
Portada del episodio La tabla de Planchar

La tabla de Planchar

La tabla de planchar… Puede que algunos de ustedes ni siquiera sepan de qué estoy hablando. Nuestras abuelas tenían una; la montaban un domingo por la noche, con la plancha calentándose, preparando la ropa para la semana que se avecinaba. No se trataba solo de quitar las arrugas; se trataba de preparación, de intención, de cuidado. Y últimamente, he estado pensando en esa tabla de planchar. En todas las cosas que ya no tenemos. El teléfono fijo, ese que estaba pegado a la pared, el único puente entre nuestro hogar y el mundo exterior. Las cubiteras de metal, con esa pequeña palanca que había que girar con la precisión justa para soltar los cubitos de hielo. Cosas sencillas. Cosas ordinarias. Cosas cotidianas. Han desaparecido silenciosamente. Ahora llevamos pequeñas computadoras en nuestras manos. Enviamos nuestra ropa a que la planchen fuera de casa. El hielo sale con una forma perfecta con solo pulsar un botón, sin siquiera tener que abrir la puerta del refrigerador. Y eso está bien. La comodidad no es el enemigo. Pero, en algún punto del camino, junto con esos objetos, también dejamos ir algo menos visible: pequeñas disciplinas, ritmos sosegados, fragmentos de sabiduría, sentido común. Cosas que nos moldearon. Porque la verdad es que…hay cosas en la vida que, una vez perdidas,  no se vuelven a encontrar tan fácilmente. Así que hoy te invito a hacer una pausa y preguntarte: ¿Qué has dejado ir que alguna vez fue bueno para ti? No todo lo antiguo tiene que regresar; pero hay cosas que vale la pena recuperar. Un hábito. Una conversación. Un ritmo. Una forma de cuidar. Quizás hoy sea un buen día para regresar… con sabiduría, con cuidado, e incluso… con alegría!

25 de may de 20263 min