ConBERTAciones
Tomarse de las manos es uno de los gestos más sencillos y, sin embargo, carga con el peso de muchas historias. Una mano extendida dice: «Aquí estoy». La mano que recibe susurra: «Confío en ti». Nos tomamos de las manos para celebrar: al adentrarnos en nuevas etapas, al estar ante promesas, al dar la bienvenida a aquello por lo que hemos orado Nos tomamos de las manos en el dolor: junto a camas de hospital, en salas de espera, al pie de una tumba donde las palabras parecen demasiado pequeñas. Un niño alza la mano instintivamente. Una madre la aprieta suavemente. Dos amigos entrelazan los dedos en un acuerdo silencioso. Dos amantes entrelazan sus manos como si estuvieran uniendo sus vidas con puntadas. A veces, tomarse de las manos es fortaleza. A veces, es rendición. A veces, es la única oración que podemos formular sin pronunciar palabra. Y es por eso que esta imagen nos conmueve tan profundamente: porque tomar una mano es decir: «No caminas solo». Incluso cuando el camino tenga curvas. Incluso cuando la noche parece larga. Incluso cuando no estamos seguros del siguiente paso. Tomarse de las manos no hace desaparecer el valle. Simplemente nos recuerda que, dentro de él, hay compañía. ¡Y eso, a veces, es más que suficiente!
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