El Garaje Hermético de Máximo Sant

¿Van a DESAPARECER los SUV? ¡SÍ!

19 min · 12 de jul de 2026
Portada del episodio ¿Van a DESAPARECER los SUV? ¡SÍ!

Descripción

Hace apenas unos años esta pregunta habría parecido absurda. Los SUV han conquistado el mercado mundial hasta convertirse en el tipo de automóvil preferido por millones de conductores. Han desplazado a las berlinas, han reducido la presencia de los monovolúmenes y han transformado por completo la oferta de los fabricantes. Sin embargo, lo que hoy parece una tendencia imparable podría estar acercándose a un punto de inflexión. En este vídeo analizamos las razones por las que el reinado de los SUV podría entrar en declive durante los próximos años. No hablamos de una desaparición inmediata ni de una prohibición generalizada, sino de un cambio profundo en las condiciones técnicas, económicas y regulatorias que han favorecido su éxito durante las últimas dos décadas. La llegada masiva del coche eléctrico está alterando muchas de las reglas tradicionales de la industria. En un vehículo de combustión, la aerodinámica siempre ha sido importante, pero la baja eficiencia del motor ocultaba parte de sus efectos. En cambio, en un coche eléctrico la resistencia al aire se convierte en uno de los factores más determinantes para la autonomía. Y aquí los SUV parten con una clara desventaja: son más altos, tienen una mayor superficie frontal y suelen presentar peores coeficientes aerodinámicos que las berlinas o los familiares tradicionales. Esta realidad obliga a los fabricantes a compensar esa ineficiencia instalando baterías cada vez más grandes. Pero las baterías son caras, pesadas y complejas de fabricar. El resultado es un círculo vicioso donde más peso exige más batería y más batería incrementa todavía más el peso del vehículo. Una solución que puede funcionar en el segmento premium, pero que resulta mucho más difícil de sostener cuando se busca ofrecer vehículos eléctricos asequibles para el gran público. A este problema se suma la creciente presión de las ciudades. Cada vez más administraciones están cuestionando el impacto que tienen los vehículos de gran tamaño sobre el espacio público. Las plazas de aparcamiento, las calles y muchas infraestructuras urbanas fueron diseñadas para automóviles considerablemente más pequeños que los actuales. La consecuencia es una convivencia cada vez más complicada entre coches que no dejan de crecer y ciudades que mantienen las mismas dimensiones de siempre. También analizamos el debate sobre la seguridad. Aunque muchos conductores perciben los SUV como vehículos más seguros para sus ocupantes, numerosos estudios han puesto el foco en los riesgos que presentan para peatones y usuarios vulnerables. La altura de los frontales, los ángulos muertos y las características de los impactos están provocando que organismos de seguridad y reguladores revisen sus criterios de evaluación para los próximos años. Otro aspecto fundamental es el endurecimiento constante de las normativas medioambientales. Los fabricantes deben reducir las emisiones medias de toda su gama y los vehículos más pesados y menos eficientes complican enormemente el cumplimiento de esos objetivos. Esto podría hacer que determinados modelos dejen de ser rentables debido a las penalizaciones económicas asociadas a sus emisiones y consumos. Más allá de la tecnología y la legislación, existe además un cambio cultural que no debe subestimarse. Igual que ocurrió con otras tendencias del pasado, algunos sectores de la sociedad comienzan a cuestionar la lógica de utilizar vehículos cada vez más grandes para desplazamientos cotidianos en entornos urbanos. La imagen del SUV como símbolo de éxito o estatus podría estar perdiendo fuerza frente a una nueva valoración de la eficiencia, la racionalidad y el aprovechamiento del espacio. El contexto económico también juega un papel importante. Con el aumento del coste de vida, la inflación y unos precios de los automóviles cada vez más elevados, muchos compradores empiezan a analizar con más detalle qué reciben realmente a cambio del sobreprecio asociado a un SUV. Cuando se comparan consumos, espacio útil, comportamiento dinámico y costes de utilización, las diferencias no siempre justifican el desembolso adicional. Por eso estamos viendo un renovado interés por formatos que parecían condenados al olvido. Las berlinas modernas y los vehículos familiares ofrecen en muchos casos una mejor eficiencia, una autonomía superior en versiones eléctricas, un comportamiento más refinado y una capacidad de carga comparable a la de muchos SUV medianos. Lo que durante años fue considerado anticuado podría convertirse de nuevo en una alternativa muy atractiva.

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Portada del episodio ¿Van a DESAPARECER los SUV? ¡SÍ!

¿Van a DESAPARECER los SUV? ¡SÍ!

Hace apenas unos años esta pregunta habría parecido absurda. Los SUV han conquistado el mercado mundial hasta convertirse en el tipo de automóvil preferido por millones de conductores. Han desplazado a las berlinas, han reducido la presencia de los monovolúmenes y han transformado por completo la oferta de los fabricantes. Sin embargo, lo que hoy parece una tendencia imparable podría estar acercándose a un punto de inflexión. En este vídeo analizamos las razones por las que el reinado de los SUV podría entrar en declive durante los próximos años. No hablamos de una desaparición inmediata ni de una prohibición generalizada, sino de un cambio profundo en las condiciones técnicas, económicas y regulatorias que han favorecido su éxito durante las últimas dos décadas. La llegada masiva del coche eléctrico está alterando muchas de las reglas tradicionales de la industria. En un vehículo de combustión, la aerodinámica siempre ha sido importante, pero la baja eficiencia del motor ocultaba parte de sus efectos. En cambio, en un coche eléctrico la resistencia al aire se convierte en uno de los factores más determinantes para la autonomía. Y aquí los SUV parten con una clara desventaja: son más altos, tienen una mayor superficie frontal y suelen presentar peores coeficientes aerodinámicos que las berlinas o los familiares tradicionales. Esta realidad obliga a los fabricantes a compensar esa ineficiencia instalando baterías cada vez más grandes. Pero las baterías son caras, pesadas y complejas de fabricar. El resultado es un círculo vicioso donde más peso exige más batería y más batería incrementa todavía más el peso del vehículo. Una solución que puede funcionar en el segmento premium, pero que resulta mucho más difícil de sostener cuando se busca ofrecer vehículos eléctricos asequibles para el gran público. A este problema se suma la creciente presión de las ciudades. Cada vez más administraciones están cuestionando el impacto que tienen los vehículos de gran tamaño sobre el espacio público. Las plazas de aparcamiento, las calles y muchas infraestructuras urbanas fueron diseñadas para automóviles considerablemente más pequeños que los actuales. La consecuencia es una convivencia cada vez más complicada entre coches que no dejan de crecer y ciudades que mantienen las mismas dimensiones de siempre. También analizamos el debate sobre la seguridad. Aunque muchos conductores perciben los SUV como vehículos más seguros para sus ocupantes, numerosos estudios han puesto el foco en los riesgos que presentan para peatones y usuarios vulnerables. La altura de los frontales, los ángulos muertos y las características de los impactos están provocando que organismos de seguridad y reguladores revisen sus criterios de evaluación para los próximos años. Otro aspecto fundamental es el endurecimiento constante de las normativas medioambientales. Los fabricantes deben reducir las emisiones medias de toda su gama y los vehículos más pesados y menos eficientes complican enormemente el cumplimiento de esos objetivos. Esto podría hacer que determinados modelos dejen de ser rentables debido a las penalizaciones económicas asociadas a sus emisiones y consumos. Más allá de la tecnología y la legislación, existe además un cambio cultural que no debe subestimarse. Igual que ocurrió con otras tendencias del pasado, algunos sectores de la sociedad comienzan a cuestionar la lógica de utilizar vehículos cada vez más grandes para desplazamientos cotidianos en entornos urbanos. La imagen del SUV como símbolo de éxito o estatus podría estar perdiendo fuerza frente a una nueva valoración de la eficiencia, la racionalidad y el aprovechamiento del espacio. El contexto económico también juega un papel importante. Con el aumento del coste de vida, la inflación y unos precios de los automóviles cada vez más elevados, muchos compradores empiezan a analizar con más detalle qué reciben realmente a cambio del sobreprecio asociado a un SUV. Cuando se comparan consumos, espacio útil, comportamiento dinámico y costes de utilización, las diferencias no siempre justifican el desembolso adicional. Por eso estamos viendo un renovado interés por formatos que parecían condenados al olvido. Las berlinas modernas y los vehículos familiares ofrecen en muchos casos una mejor eficiencia, una autonomía superior en versiones eléctricas, un comportamiento más refinado y una capacidad de carga comparable a la de muchos SUV medianos. Lo que durante años fue considerado anticuado podría convertirse de nuevo en una alternativa muy atractiva.

12 de jul de 202619 min
Portada del episodio Eficiencia ELÉCTRICOS vs TÉRMICOS: Lo que no te cuentan

Eficiencia ELÉCTRICOS vs TÉRMICOS: Lo que no te cuentan

¿Es verdaderamente el coche eléctrico el futuro indiscutible de la automoción gracias a su eficiencia, o nos están contando solo una versión cuidadosamente recortada de la historia? Durante años, nos han repetido sin cesar un discurso oficial y casi dogmático, tanto los "electrofans" como ciertos sectores de la industria: el motor eléctrico es una obra cumbre de la ingeniería capaz de alcanzar un espectacular noventa por ciento de eficiencia en su funcionamiento. Por el contrario, nos pintan al motor de gasolina o diésel como a un “dinosaurio” tecnológico, una reliquia humeante del pasado que apenas es capaz de aprovechar el treinta por ciento de la energía que consume. Hay que ver la vida con otros ojos y buscar puntos de vista diferentes para entender toda la verdad. Para descubrir qué tecnología es verdaderamente más eficiente en el mundo real, debemos aplicar sin trampas lo que los ingenieros denominamos el análisis "Well-to-Wheel", es decir, evaluar absolutamente todo el proceso energético desde el pozo de extracción hasta que la rueda pisa el asfalto. Porque la energía, por mucho que nos guste simplificar la realidad, no nace mágicamente al enchufar un cable en la pared de nuestro garaje ni al descolgar la pesada manguera en el surtidor de la estación de servicio. En la física aplicada al automóvil, esos temidos impuestos se pagan sistemáticamente en forma de calor desperdiciado. Cuando analizamos de forma fría esta cadena completa, el panorama idílico cambia por completo. Por el lado de los motores térmicos, nos encontramos con el fascinante “milagro líquido”. El petróleo no es otra cosa que pura energía solar que la naturaleza ha ido concentrando, empaquetando y "envasando" pacientemente a lo largo de millones de años de historia geológica. Su densidad energética es, hoy por hoy, un dato aplastante e imbatible que ningún laboratorio humano ha logrado replicar de manera viable. Hablamos de que un solo kilo de gasolina o de gasóleo es capaz de almacenar más de doce mil vatios-hora de energía latente. Haz la cuenta de este brutal abismo técnico: el combustible líquido es unas cincuenta veces más denso energéticamente. Gracias a esta maravilla de la química, con un pequeño depósito de apenas cincuenta kilos de peso —el equivalente exacto a esa pequeña maleta de mano que subes a la cabina del avión— puedes recorrer plácidamente entre ochocientos y mil kilómetros por autopista. Para intentar siquiera igualar esa misma hazaña con electricidad pura, estarías completamente obligado a montar en el chasis una gigantesca batería de setecientos kilos. A esto hay que sumarle una logística de transporte abrumadoramente eficiente. Por supuesto, toda esta tremenda perfección logística se desmorona de golpe cuando el líquido llega a los inyectores. El motor térmico, trabajando bajo sus inevitables límites, rompe la eficiencia. El propulsor de gasolina, bajo el ciclo Otto, aprovecha apenas dos euros y medio de cada diez que pagas, tirando todo el resto por el tubo de escape o el radiador. El diésel, trabajando por una mayor relación de compresión, mejora notablemente la jugada aprovechando cerca de cuatro euros de cada diez. Es un derroche mecánico, sí, pero su sistema de almacenamiento es tan absurdamente ligero que hemos podido permitirnos ignorar este lujo durante un siglo. Y ahora pongamos bajo la lupa al aspirante al trono. Mecánicamente, el coche eléctrico es una joya indiscutible. Sin pistones ni explosiones violentas, su motor convierte el noventa por ciento de la energía que recibe en movimiento. Si la carrera fuera solo dentro del capó, aplastaría sin piedad a los motores térmicos. Pero la electricidad sufre del "embudo invisible" de la red eléctrica. La corriente viaja por kilómetros de cables, pagando su peaje en forma de Efecto Joule. Desde la central hasta tu cargador, pierdes cerca del veinte por ciento de la energía. Los electrones, a diferencia de la gasolina, sí se pierden por el camino. Además, el eléctrico sufre la penalización del peso: debe vencer la inercia de cargar con media tonelada extra en cada semáforo y cuesta, destrozando su ventaja en eficiencia dinámica. El veredicto final de los números es claro. Para recorrer cien kilómetros, un gasolina requiere extraer sesenta y dos kilovatios-hora de la naturaleza; un diésel moderno exige cincuenta y dos; y un eléctrico puro se planta en cuarenta y ocho. El eléctrico gana, pero la diferencia real frente a un buen diésel es solo un margen estrecho, no el abismo prometido. Sumando a esto el tiempo de repostaje —tres minutos frente a largas recargas— la conclusión es que no hay una solución única. El eléctrico brilla en la ciudad, el diésel domina en las largas distancias por su eficiencia bruta, y la gasolina mantiene su indiscutible refinamiento.

9 de jul de 202615 min
Portada del episodio BMW Serie 7, JAGUAR XJ12 y MERCEDES Clase S, V12 a tu alcance

BMW Serie 7, JAGUAR XJ12 y MERCEDES Clase S, V12 a tu alcance

¿Es posible cumplir el sueño de tener un motor V12, cientos de caballos de potencia y un lujo digno de un jefe de estado por el precio de un utilitario de segunda mano? En este vídeo nos sumergimos en la época dorada de las grandes berlinas de los años noventa para analizar a fondo tres leyendas que han perdido mucho valor en el mercado, pero absolutamente nada de su pedigrí: el BMW Serie 7, el Jaguar XJ12 y el Mercedes-Benz Clase S. A mediados de los ochenta y durante toda la década de los noventa, el mundo del automóvil vivió una contienda tecnológica fascinante. En las altas esferas de las marcas premium decidieron que para buscar la excelencia absoluta un motor V8 ya no era suficiente. Hacía falta más refinamiento, más suavidad y el equilibrio perfecto que solo otorgan doce cilindros en V. Esta feroz rivalidad nos dejó escaparates tecnológicos impresionantes que hoy, por caprichos de la depreciación, se pueden encontrar por una fracción de su valor original. Pero atención: aunque el precio de compra sea asequible, el mantenimiento de sus complejas mecánicas sigue siendo el de un buque insignia. BMW Serie 7 (E38) 750i: El atleta con traje a medida Lanzado al mercado en 1994, el E38 luce unas proporciones perfectas. Su estampa era tan elegante que fue el coche elegido para el James Bond de Pierce Brosnan en "El mañana nunca muere" y fue el primer automóvil europeo en ofrecer navegación GPS integrada de fábrica. Bajo el capó esconde el motor M73 de 5.4 litros y 326 CV, una mecánica sedosa con soluciones increíbles, como sus bielas de fractura, partidas mediante un impacto hidráulico controlado para lograr un encaje milimétrico alrededor del cigüeñal. En marcha es, con diferencia, la berlina que más invita a ser conducida por el propio dueño gracias a una dirección precisa y un chasis que esconde de forma magistral sus más de dos toneladas. Puntos débiles a revisar: Pérdida de píxeles en las pantallas del habitáculo, fugas de aceite en las juntas de las tapas de balancines, fatiga en el vaso de expansión de plástico del sistema de refrigeración y desgaste en los silentblocks de la suspensión delantera debido al peso del motor. Jaguar XJ12 (X305): El aristócrata de salón inglés En 1994, Jaguar recuperó sus líneas curvas clásicas y los cuatro faros redondos con la generación X300. La exclusiva versión de doce cilindros recibió el código X305. Este V12 de 6 litros y 318 CV es la evolución final de la arquitectura que propulsó al icónico E-Type y que ganó en Le Mans. El habitáculo es una experiencia sensorial pura que huele a cuero Connolly auténtico y madera de nogal, ofreciendo un rodar celestial y una ausencia de vibraciones casi irreal. Puntos débiles a revisar: Posibles focos de corrosión en pasos de rueda y bajos, un vano motor extremadamente congestionado que complica cualquier mantenimiento, degradación de las bobinas de encendido por el calor acumulado y la absoluta necesidad de mantener el sistema de refrigeración al día para no deformar las culatas de aluminio. Mercedes-Benz Clase S (W140) S600: El acorazado indestructible El W140 es un vehículo gigante, imponente y brutalista. Mercedes-Benz retrasó años su desarrollo e invirtió miles de millones de marcos para asegurarse de crear, de forma indiscutible, el mejor automóvil del mundo y humillar a BMW. Su majestuoso motor V12 de 6 litros llegó a declarar hasta 408 CV. Conducir este coche es como viajar en una cápsula de aislamiento absoluto gracias a sus pesadísimos cristales de doble hoja y a sistemas como el cierre asistido neumático de las puertas. Un auténtico búnker diseñado para devorar kilómetros en autopista. Puntos débiles a revisar: El célebre cableado ecológico cuyo aislante se deshace con los años, fallos en el evaporador del climatizador (que exige desmontar todo el salpicadero para cambiarlo), desgaste prematuro de frenos y rótulas por su masa descomunal, y fugas en la laberíntica red de tubos de vacío del sistema neumático. Conclusión Los motores V12 de los años noventa representan la cúspide romántica de la ingeniería, una era irrepetible donde las marcas no escatimaban en gastos para demostrar su supremacía tecnológica. Hoy su adquisición es asequible, pero demandan compradores muy conscientes del coste de su mantenimiento.

7 de jul de 202623 min
Portada del episodio Coches JAPONESES de los ’90, ¿vivimos una BURBUJA?

Coches JAPONESES de los ’90, ¿vivimos una BURBUJA?

Los años 90 fueron, sin lugar a dudas, la verdadera "Edad de Oro" del motor japonés. Hoy analizamos por qué modelos que hace diez años comprabas a precios asequibles hoy cuestan más que cuando salieron del concesionario. ¿Es solo nostalgia o estamos ante la última oportunidad de conducir un “coche de verdad”? Entre 1989 y 1999, la economía de Japón permitió a las marcas sobredimensionar la calidad y buscar la perfección mecánica por encima del ahorro de costes. Así nacieron tecnologías que hoy siguen pareciendo adelantadas a su tiempo y verdaderos iconos que están liderando esta subida estratosférica en el mercado: -Honda Civic Type R EK9: El sonido del VTEC y un motor B16B que demostró que no hacían falta ocho cilindros para emocionarse al volante. -Honda NSX: El "Ferrari" japonés, con chasis de aluminio, ergonomía de caza de combate y la puesta a punto del mismísimo Ayrton Senna. -Mazda MX-5 NA: La esencia pura de la conducción, sin electrónica compleja, ligero y con una caja de cambios mítica. -Mazda RX-7 FD3S: Una obra de arte de diseño imbatible en curvas gracias a su perfecto equilibrio de pesos y su motor rotativo biturbo. -Mitsubishi Lancer Evolution VI: La viva imagen de los rallyes de los 90, con tracción total inteligente y el legendario e indestructible motor 4G63. -Nissan Silvia S14: Un coupé de propulsión trasera codiciado por el mundo del drift y con uno de los mejores motores para potenciar, el SR20DET. -Nissan Skyline GT-R R34: El "Godzilla" definitivo, un icono de la cultura pop con su bloque RB26DETT y una tecnología inalcanzable en su época. -Subaru Impreza 22B GT Turbo: El inconfundible sonido bóxer, la tracción simétrica y el legado directo e imborrable de Colin McRae. -Toyota Celica GT-Four ST205: Tracción total, la robustez del motor 3S-GTE y una historia de ingenio legendario en el mundial de rallyes. -Toyota Supra A80: El rey absoluto de las subastas actuales, famoso por el resistente motor 2JZ-GTE y su eterno cambio de 6 marchas. ¿Por qué se han disparado los precios ahora? Esta tormenta perfecta en el mercado de ocasión responde a tres factores fundamentales que han vaciado la oferta: -La generación de los videojuegos: Quienes crecieron soñando con estos coches en simuladores virtuales en los 90 ahora tienen la edad y el poder adquisitivo para comprarlos en la vida real. -La normativa estadounidense: La estricta regla que permite a EE. UU. importar legalmente coches que no se vendieron allí tras cumplir 25 años está vaciando el mercado global y elevando los precios. -El escape a la electrificación: Frente al coche autónomo y eléctrico moderno, los coleccionistas buscan la pureza analógica, el olor a gasolina y recuperar el control total al volante. Decálogo para invertir (sin arruinarse) Si estás pensando en dar el paso y hacerte con uno de estos modelos JDM, sigue estas reglas de oro antes de invertir tus ahorros: -Huye del tuning irreversible; las unidades estrictamente de serie mantienen intacto su valor. -Evita el óxido a toda costa; la mecánica se repara, pero un chasis podrido es el final del coche. -Valora el volante a la derecha; son unidades más baratas, pero su valor de reventa siempre será menor en nuestro país. -Exige un historial de importación claro para evitar pesadillas burocráticas al matricular. -Realiza siempre una prueba de compresión, fundamental en motores turbo veteranos y rotativos. -Cuidado con la fatiga del chasis por el "Efecto Drift"; revisa bien las torretas de suspensión. -Asegúrate de que existan recambios específicos de carrocería en el mercado. -Revisa la instalación eléctrica; los plásticos biodegradables de la época pueden generar graves problemas. -Apuesta por ediciones especiales; retienen y aumentan mejor su valor con el paso del tiempo. -Disfrútalo en la carretera; la mecánica de estos coches sufre muchísimo más estando parada que en movimiento. La nostalgia es el combustible más caro del mundo. Estos coches son el testamento de una época donde la ingeniería no tenía límites. Si tienes uno, consérvalo; y si lo estás buscando, no lo dejes para mañana.

5 de jul de 202617 min
Portada del episodio Los “One-Hit-Wonder” del DISEÑO de coches

Los “One-Hit-Wonder” del DISEÑO de coches

¿Sabes exactamente qué es un “One-Hit-Wonder”? Seguramente estés muy familiarizado con este término en la industria musical. Se trata de ese artista o grupo que, casi por arte de magia, alcanza un éxito brutal a nivel mundial con un único tema que suena en todas las emisoras, pero que nunca jamás logra repetir ese nivel de popularidad en el resto de su carrera. Pasan a la historia por una sola obra y luego desaparecen. Pero, ¿crees que en el mundo tan técnico y complejo del diseño del automóvil existen también los “One-Hit-Wonders”? La respuesta es un rotundo sí. ¿Cómo es posible que alguien trace una línea perfecta y luego se hunda en la absoluta intrascendencia? Hoy vamos a rescatar a esos genios que, tras tocar el cielo con un solo coche, terminaron diseñando objetos mundanos. En la historia del automóvil todos conocemos de sobra a los grandes titanes del diseño: Bertone, Gandini, Giugiaro, Pininfarina. Son creadores inagotables con listas de éxitos larguísimas. Sin embargo, existe otra estirpe muy peculiar de diseñadores. En el sector del motor esto es especialmente cruel. Diseñar un coche no es solo dibujar algo bonito; es una pelea a muerte con la física, con los costes de producción y con los ingenieros. Pasar de diseñar el superdeportivo más codiciado del planeta a terminar trazando el frontal de un coche económico o electrodomésticos tiene que ser un golpe al ego dificilísimo de digerir. Nuestra historia de genialidades fugaces comienza justo después de la Segunda Guerra Mundial. Estados Unidos quería el "Coche del Mañana", y Preston Tucker encargó a George S. Lawson envolver un chasis demencial. Lawson diseñó para el Tucker 48 una carrocería con un coeficiente aerodinámico asombroso de 0.27, integrando el mítico "ojo de cíclope" direccional y medidas de seguridad impensables en aquella época. Tras peleas internas, abandonó el proyecto y su rastro se perdió. El hombre que aterrorizó a Detroit no volvió a pisar la élite automotriz. Años más tarde, BMW bordeaba la quiebra y necesitaba un milagro. El conde alemán Albrecht von Goertz fue el elegido para trazar el legendario BMW 507. Goertz concibió una obra de artesanía en aluminio de una belleza tan arrebatadora que obligaba a moldear cada panel a mano. El resultado era espectacular, pero sus inmensos costes de producción casi hunden a la marca. Tras este innegable éxito estético absoluto, Goertz terminó diseñando pianos Steinway, cámaras fotográficas y hasta mobiliario de oficina. El diseño japonés también tiene sus propios héroes. En 1967, Satoru Nozaki demostró que Japón no solo copiaba a Occidente creando el brillante Toyota 2000GT. Nozaki diseñó una silueta extremadamente baja y fluida, logrando que un coche japonés fuera considerado por primera vez una verdadera obra de arte a nivel global. Sin embargo, tras firmar este hito histórico, Nozaki fue absorbido por la gigantesca jerarquía corporativa de Toyota y nunca volvió a firmar una obra maestra con su nombre propio. En 1970, el futurismo extremo tomó forma gracias a Paolo Martin, trabajando para Pininfarina. Usando el chasis de un Ferrari de carreras, creó el asombroso Ferrari Modulo. No era un coche, era una declaración de guerra a cualquier convención: sin puertas convencionales, con un techo completo que se deslizaba hacia adelante y ruedas totalmente carenadas. Está también el caso de la cumbre técnica: el McLaren F1 de 1992. Gordon Murray fue el indudable padre intelectual, pero Peter Stevens fue quien esculpió su perfecta carrocería de materiales aeroespaciales para ser estable a 390 kilómetros por hora sin grandes alerones. Tras tocar el techo absoluto de la automoción, el cruel destino industrial llevó a Stevens a trabajar en el restyling de la decadente MG Rover, intentando poner faldones modernos a coches ya desfasados. Y no podemos olvidar a Ken Okuyama. En el año 2004 logró lo impensable: ser el primer diseñador no italiano en liderar la creación de un Ferrari de serie. Rompió con las curvas clásicas y apostó por la funcionalidad aerodinámica extrema para crear el Ferrari Enzo, un verdadero shock visual. Aunque posteriormente fundó su propia firma de diseño, su gran impacto en la cultura popular global quedó congelado en aquel preciso e irrepetible instante. En definitiva, estos fascinantes relatos nos enseñan que, en el diseño de coches, a veces los astros se alinean con un presupuesto generoso, una marca audaz y un artista inspirado. Lo verdaderamente difícil en este despiadado sector no es llegar a la cima una vez, sino conseguir quedarse en ella cuando la industria exige dejar de soñar y empezar a hacer números. Estos nombres ya tienen su lugar eterno en el olimpo, aunque solo haya sido por el destello de un solo coche.

2 de jul de 202619 min