
español
Historias personales y conversaciones
Oferta limitada
Después 4,99 € / mesCancela cuando quieras.
Acerca de Epistolar
Escribir cartas es una de esas cosas que dejamos de hacer. Este podcast busca rescatar algo que parece un arcaísmo. Artistas le pondrán la voz y el sentimiento a misivas de distintas épocas y temáticas. En tiempos de tanta inmediatez, Epistolar apuesta por rescatar el valor de la palabra, del contar pausado y del pensamiento. Una idea de Diego Jemio y Tomás Sprei con música original de Leandro Lombardo y José Ferrufino. Buscanos en Instagram como @epistolarpodcast.
Carta de Maria Callas a Aristóteles Onassis (Lee Anita Co)
“Amor mío, necesito afecto y ternura. Soy toda tuya. Haz conmigo lo que quieras”. Eso le escribió, en una ocasión, María Callas a su pareja Aristóteles Onassis. Él magnate naviero y una de las personas más ricas del mundo. Ella la soprano más cotizada del siglo pasado. Los dos de origen griego y protagonistas de una tragedia digna de su tierra. Se conocieron en una fiesta de máscaras en Venecia, cuando los dos estaban casados. Él comenzó a mandarle flores todos los días a todas partes. Dos años después, el amor comenzó en el yate Christina, de Onassis, el más lujoso de la época. Ella se entregó a la relación. Decidió abandonar los escenarios para buscar sosiego en ese vínculo. Se cortó el pelo porque él se lo pidió. Se sacó los lentes que siempre usaba porque él lo quiso. Al poco tiempo de conocerlo, no quedaba nada en la vida de Callas, salvo su relación con Onassis. Pero dije que ésta es una tragedia griega. Una llena de traiciones y maltratos. Después de nueve años de relación, Callas descubre leyendo el diario que Onassis iba a casarse con Jacqueline Kennedy. En este episodio, rescatamos esta carta de una Callas llena de esperanzas, antes de que Onassis mostrara su cara más cruel e inesperada. Lee la actriz y cantante Anita Co. ****** 30 de Enero, 1968. Aristo, Amor Mío, Este es un pequeño regalo de cumpleaños, lo sé, tienes que saber que después de ocho años y medio vividos juntos, te digo desde lo más profundo de mi corazón que estoy orgullosa de ti, te amo en cuerpo y alma y espero que Tú sientas lo mismo por mí. Tengo el privilegio de haber llegado a la cumbre de una dura carrera, de haber recibido de Dios la gracia de encontrarme contigo, como Yo Tú también has pasado del infierno a la cumbre. Espero que estemos unidos como lo estamos ahora. Busca, busca, te ruego que mantengamos soldada nuestra unión para siempre porque necesito tu amor y tu respeto para siempre. Soy demasiado orgullosa para reconocerlo, pero que sepas que eres mi respiro, mi mente, el orgullo y la ternura. Si pudieras imaginarte lo que siento por ti te sentirías el hombre más fuerte y más rico del mundo entero. Esto no es una carta de una niña, aquí hay una mujer herida, cansada y famosa que te ofrece los sentimientos más frescos y más jóvenes que nadie haya sentido jamás. No lo olvides nunca y estate siempre cerca, igual de cariñoso como en estos días en los que me has hecho sentir la reina del mundo. Amor Mío. Necesito tu cariño y tu ternura. Soy tuya. Haz de mi lo que quieras.
Carta de Haroldo Conti a su hijo (Lee Mario Alarcón)
Haroldo Conti fue docente, periodista y un escritor brillante. Uno de los más notables de su generación, junto a otros como Rodolfo Walsh, Antonio Di Benedetto y Juan José Saer. Su novela “Mascaró, el cazador americano” ganó el Premio Casa de las Américas en 1975. Pero ésta no es la historia del escritor ni del militante, que fue secuestrado y desaparecido por la dictadura argentina. Además de todo eso, Conti era papá. Esta carta está dirigida a su hijo Marcelo, al que llama Capitán. El escritor le cuenta de sus aventuras en el mar, le habla de educar el espíritu y le pide vivir en la luz y en la belleza. Lee el actor Mario Alarcón. ****** 9 de mayo de 1973 Marcelo, Capitán: Contale a la tía cómo es ese barquito y cuánto cuesta. Veré lo que puedo hacer. Ojalá pudiera regalarte la flota real británica. Espero que sea un barco razonable, que además de flotar como debe no me hunda a mí. Los otros días tuve una aventura que te hubiera gustado y pensé mucho en vos. El mar bajó como nunca y quedó a la vista un viejo barco de fierro hundido allí, entre San Bernardo y la Lucila del Mar. No había casi nadie y yo había salido a dar un paseíto para despejar la cabeza. Me arremangué los pantalones y me metí adentro y saqué unos pedazos. Entre ellos una costilla de fierro que traje varios kilómetros sobre los hombros y arranqué con mis propias manos. Estaba cubierta de incrustaciones marinas, mejillones, algas. Una verdadera reliquia. Quedé de cama, con la espalda reventada, pero contento. Parecía Jesucristo llevando aquel travesaño que olía a mar, chorreando agua por todos lados. Ya lo verás, si es que entra en el coche. Junté infinidad de caracoles, maderas y piedras. Los otros días encontré un extraño pez rojo que había arrojado el agua. Todavía estaba vivo. Lo metí en un balde, lo reviví y luego fui hasta la Lucila, que tiene un muelle muy largo, y lo devolví al mar. Puede ser que algún día vuelva a encontrarlo, más grande y se acuerde de mí. Me alegra mucho que trabajes en el colegio. Eso te hará bien. A vos y a todos los que te quieren. Trata, como tu hermana, de leer y ver buenas cosas que te ayuden en la vida, que formen tu voluntad y eduquen tu espíritu. Nosotros nacimos para las grandes cosas, sin despreciar a nadie. Para vivir en la luz, la verdad y la belleza. Un beso grande. Papá.
Carta de León Ferrari a Juan Pablo II pidiendo la anulación del Juicio Final (Lee Jorge D'Elia)
Cuando se habla del artista León Ferrari, muchas veces los periodistas usan la palabra irreverente. Sin embargo, ese término es inexacto. Para que se den una idea, Ferrari, junto a otros artistas, fundó un club al que llamó “CIHABAPAI”. ¿Qué significa es sigla? Club de Impíos Herejes Apóstatas Blasfemos Ateos Paganos Agnósticos e Infieles en formación. Si hay algo que hizo Ferrari a lo largo de su carrera es enfurecer a los católicos de su país. En 2004, una de sus muestras fue clausurada, por la inclusión de un objeto de Jesús crucificado sobre un avión bombardero estadounidense. El entonces cardenal Jorge Bergoglio, hoy Papa Francisco, calificó a la obra de “blasfema”. Años antes, en 1997, León Ferrari, en nombre de su club, le escribió una carta a Juan Pablo II, en la que le exigía la anulación del Juicio Final y de la inmortalidad. Poderoso sarcasmo. Belleza de ideas. La provocación como arma estética y política. Lee el actor Jorge D'Elía. ****** Buenos Aires, 24 de diciembre de 1997. A Juan Pablo II De nuestra consideración: Se acerca el fin del milenio. Se acerca, posiblemente, el Apocalipsis y el Juicio Final. Si es cierto que son pocos los que se salvan, como advierte el Evangelio, se acerca para la mayor parte de la humanidad el comienzo de un infierno inacabable. Para evitarlo basta volver a la justicia que Dios Padre dictó en el Génesis. Si Él castigó la desobediencia de Eva suprimiendo nuestra inmortalidad, no es justo que el Hijo nos la haya restituido, tantos siglos después, prolongando padeceres. Si una parte de la Trinidad dicta una sentencia cuya pena termina y se completa con la muerte, no puede otra parte abrir cada causa, agregar otra sentencia, resucitar el cadáver y aplicar un castigo adicional que repite infinitas veces el castigo ya cumplido por el pecador una vez muerto. La justicia del Hijo contradice y viola la del Padre. La existencia del Paraíso no justifica la del Infierno: la bondad de los pocos salvados no les permitirá ser felices sabiendo eternamente que novias o hermanas o madres o amigos y también desconocidos y enemigos (prójimo que Jesús nos ordena amar y perdonar) sufren en tierras de Satanás. Le solicitamos entonces volver al Pentateuco y tramitar la anulación del Juicio Final y de la inmortalidad. Lo saludamos atentamente, CIHABAPAI.
Carta de rechazo de Manuela Sáenz a su ex marido (Lee Cristina Banegas)
Los libros de historia suelen hablar de los hombres como únicos agentes de cambio del proceso histórico. De Manuela Sáenz se dice que fue la amante de Simón Bolívar. Pero ésa es una mirada muy chiquita y muy injusta sobre su vida. Ella organizó tertulias, reclutó tropas, procuró ropa y material para el ejército. Fue una figura clave para la historia independentista de América del Sur. En 1816, en uno de sus viajes a Panamá con su padre, Manuela fue presentada a James Thorne, un médico y comerciante inglés que la doblaba en edad. El matrimonio fue arreglado y Manuela aceptó el trato de su padre con resignación. Algunos años más tarde, una noche de junio de 1822, Manuela conoció a Simón Bolívar en una fiesta en su honor, luego de su entrada triunfante con el Ejército Patriota en Quito. Se enamoraron. Se convirtieron en amantes, en compañeros y en confidentes. En una decisión inédita para la época, Manuela se separó de Thorne para iniciar una relación con Bolívar y vivir sola en una casa. Pero el médico no se resignaba. En varias ocasiones le pidió que volviera a su lado. Pero eso era imposible. Ella amaba a Bolívar y describía a Thorne como un “langostino desabrido”. Después de una de sus insistencias, Manuela le dijo nuevamente que no con esta contundente carta. Lee -y es un honor contar con ella- la actriz, directora y docente Cristina Banegas. ****** ¡No, no, no más hombre! ¡Por Dios! ¿Por qué me hace usted escribirle, faltando a mi resolución? Vamos, ¿qué adelanta usted sino hacerme pasar por el dolor de decirle mil veces no? Señor: usted es excelente, es inimitable; jamás diré otra cosa sino lo que es usted. Pero, mi amigo, dejar a usted por el general Bolívar es algo; dejar a otro marido sin las cualidades de usted, sería nada. ¿Y usted cree que yo, después de ser la predilecta de este general por siete años, y con la seguridad de poseer su corazón, preferiría ser la mujer de otro, ni del Padre, ni del Hijo, ni del Espíritu Santo, o de la Santísima Trinidad? Si algo siento es que no haya sido usted mejor para haberlo dejado. Yo sé muy bien que nada puede unirme a Bolívar bajo los auspicios de lo que usted llama honor. ¿Me cree usted menos honrada por ser él mi amante y no mi esposo? ¡Ah!, yo no vivo de las preocupaciones sociales, inventadas para atormentarse mutuamente. Déjeme usted en paz, mi querido inglés. Hagamos otra cosa. En el cielo nos volveremos a casar, pero en la tierra no. ¿Cree usted malo este convenio? Entonces diría yo que usted es muy descontentadizo. En la patria celestial pasaremos una vida angélica y toda espiritual (pues como hombre, usted es pesado); allá todo será a la inglesa, porque la vida monótona está reservada a su nación (en amores digo; pues en lo demás, ¿quienes más hábiles para el comercio y la marina?). El amor les acomoda sin placeres; la conversación, sin gracia, y el caminar, despacio; el saludar, con reverencia; el levantarse y sentarse, con cuidado; la chanza, sin risa. Todas estas son formalidades divinas; pero a mí, miserable mortal, que me río de mí misma, de usted y de todas las seriedades inglesas, ¡Qué mal me iría en el cielo! Tan malo como si me fuera a vivir en Inglaterra o Constantinopla, pues me deben estos lugares el concepto de tiranos con las mujeres, aunque no lo fuese usted conmigo, pero sí más celoso que un portugués. Eso no lo quiero. ¿No tengo buen gusto? Basta de chanzas. Formalmente y sin reírme, y con toda la seriedad, verdad y pureza de una inglesa, digo que no me juntaré jamás con usted. Usted anglicano y yo atea, es el más fuerte impedimento religioso; el que estoy amando a otro, es el mayor y más fuerte. ¿No ve usted con qué formalidad pienso? Su invariable amiga, Manuela.
Carta de despedida de Angelina Bruschetta a Agustín Lara (Lee Marcela Guzmán)
No debe ser fácil ser la mujer de alguien tan famoso. Mucho menos, si esa persona es Agustín Lara, galán codiciado y figura emblemática del bolero mexicano. Autor de más de 500 canciones. Por ejemplo, “Noche de ronda” y “María Bonita”. El “Flaco”, así, le dicen en su país. Cuando ya era una estrella, Lara inició un romance con Angelina Bruschetta, a quien -según dicen sus biógrafos- amaba con locura. El vínculo duró de 1928 a 1938. En esos años, ella siempre fue su asistente personal, su agenda, su secretaria sin sueldo. Eso, sumado a las infidelidades de Lara, transformaron su vida en algo opaco y rutinario. Un buen día, Angelina se cansó. Sin preaviso, dejó esta carta de despedida en el tapa del piano. El mismo piano que Lara usaba para componer y dedicarle canciones de amor. Lee la actriz Marcela Guzmán. ****** Agustín: Tal vez porque mi menguada personalidad no alcanzó nunca la desmesurada dimensión que has adquirido tú es por lo que me invade una espantosa sensación de desamparo al salir de tu vida. Sé que en la mía nunca serás un eco, sino voz viva, latente presencia. Con todo, ahora, durante tu ausencia, logré encontrarme a mí misma, aún sofocada dentro de las estrujantes sensaciones que me han envuelto desde la confesión de Maquencita. Ahora estoy consciente de que sería imperdonable locura aceptar un matrimonio compartido con un fantasma de tu pasado; un matrimonio mutilado de antemano. Es mejor así. Tú siempre estarás bajo los reflectores de la fama, y yo volveré a la oscuridad, donde tal vez llegue tu luz e ilumine mis noches sin torturantes remordimientos. Otras serán mis torturas; las presiento desde ya; y mi vida correrá entre tres palpitantes eras: antes de ti, contigo y después de ti. No te dejo un adiós; ni siquiera un hasta luego; si acaso un hasta nunca y mi nombre, Angelina.
Elige tu suscripción
Más populares
Oferta limitada
Premium
20 horas de audiolibros
Podcasts solo en Podimo
Disfruta los shows de Podimo sin anuncios
Cancela cuando quieras
1 mes por 1 €
Después 4,99 € / mes
Premium Plus
100 horas de audiolibros
Podcasts solo en Podimo
Disfruta los shows de Podimo sin anuncios
Cancela cuando quieras
Disfruta 30 días gratis
Después 9,99 € / mes
1 mes por 1 €. Después 4,99 € / mes. Cancela cuando quieras.