Espero tu email
Me compré un Kebab y me senté en un banco que había justo en frente de la dirección que Santi me había dado. Y me puse a cenar con vistas a la casa de Luis. Eran las nueve y media. Pronto recibiría el mensaje de buenas noches, el que abría a diario nuestras larguísimas conversaciones nocturnas. Y así fue, a las diez cero cero me llegó al móvil la notificación del chat de Gmail. El móvil no funcionaba igual que el de ordenador, así que tardé un rato en poder contestar.
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