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Metafísica

Metafísica Del ser como fundamento a la crítica del ser La metafísica es la disciplina filosófica que interroga las estructuras más profundas de la realidad: qué es el ser, qué significa que algo exista, cómo se articulan la sustancia, la causalidad, el tiempo o la identidad. Tradicionalmente considerada la “filosofía primera”, ha sido también objeto de impugnación, por su tendencia a exceder los límites del conocimiento o por el carácter abstracto de su lenguaje. Antigüedad: el ser y sus estructuras Los pensadores presocráticos inauguran la preocupación metafísica con dos visiones contrapuestas. Para Parménides, el ser es uno, eterno e inmutable: el cambio es impensable, pues implicaría pasar del no-ser al ser. Heráclito, en cambio, sostiene que todo fluye (panta rhei): el cambio constante es la estructura misma de lo real. Este conflicto entre permanencia y devenir está en la raíz de la metafísica occidental. Platón busca reconciliar esta tensión distinguiendo dos niveles de realidad: el mundo sensible, cambiante y múltiple, y el mundo inteligible, eterno y verdadero. Las Ideas —formas inmutables y perfectas— son las auténticas realidades y fundamentos del conocimiento y la ética. El alma, por su naturaleza racional, pertenece a ese mundo superior. Aristóteles, por su parte, redefine la metafísica como el estudio del “ser en cuanto ser”. Introduce conceptos fundamentales: la sustancia como lo que existe por sí mismo; la distinción entre acto y potencia para explicar el cambio; las cuatro causas (material, formal, eficiente y final); y el motor inmóvil como principio último del movimiento. Con él, la ontología se convierte en el centro sistemático de la filosofía. ⛪ Edad Media: ser como participación y jerarquía En el marco cristiano, la metafísica adquiere una dimensión teológica. Plotino, desde el neoplatonismo, concibe toda la realidad como emanación del Uno, principio absoluto que trasciende incluso al ser. El mundo es un despliegue jerárquico en grados de realidad. San Agustín hereda este esquema y afirma que el ser proviene de Dios, y que el mal no es una entidad positiva, sino privación del ser. En su pensamiento, el alma humana participa del ser divino, y el conocimiento y la moral están ligados a esa estructura de dependencia ontológica. Tomás de Aquino profundiza esta línea integrando a Aristóteles. Distingue entre esencia (lo que algo es) y acto de ser (el hecho de existir): sólo en Dios coinciden ambos. El ser se dice de múltiples maneras, por analogía. La metafísica se convierte en una teología racional, orientada a comprender la creación y demostrar la existencia de Dios a partir del orden del mundo. ⚙ Modernidad: crítica, sistema y límites del ser La modernidad introduce un giro hacia el sujeto. Descartes funda la certeza en la conciencia de sí: “pienso, luego soy”. De ahí deriva una metafísica dualista que distingue entre la res cogitans (pensamiento) y la res extensa (materia). La existencia de Dios garantiza la realidad del mundo exterior, y la razón se convierte en el criterio de evidencia. Spinoza rechaza el dualismo y propone una única sustancia infinita: Dios o Naturaleza. Todo lo que existe es un modo de esa sustancia, que se expresa en infinitos atributos. Su monismo racionalista redefine el ser como necesidad lógica. Leibniz introduce las mónadas: sustancias indivisibles, sin extensión, dotadas de percepción interna. El universo es una armonía preestablecida por Dios, donde cada mónada refleja el todo sin interactuar causalmente con las demás. Hume, desde el empirismo, destruye las bases tradicionales de la metafísica. Niega la idea de sustancia y cuestiona la noción de causalidad como conexión necesaria. El conocimiento se reduce a impresiones y asociaciones mentales: la metafísica se convierte en psicología sin garantía objetiva. Kant responde a Hume redefiniendo la metafísica como crítica. Solo podemos conocer los fenómenos, es decir, la realidad tal como aparece bajo las formas del sujeto (espacio, tiempo, categorías). Los noúmenos —las cosas en sí— son incognoscibles. Con Kant, la metafísica abandona la pretensión de captar el ser absoluto y se transforma en una investigación sobre los límites y condiciones del conocimiento. Siglos XIX–XX: devenir, crítica del ser y nuevas ontologías Hegel recupera la metafísica desde una lógica dialéctica: el ser se despliega como historia del Espíritu, en una totalidad racional que se realiza en el tiempo. El proceso metafísico es inseparable del devenir histórico. Nietzsche, en cambio, lleva a cabo una crítica radical: toda la metafísica occidental habría sido una negación de la vida, al inventar mundos ideales y eternos. Frente al ser como fundamento, propone el devenir, la voluntad de poder y la afirmación de lo múltiple y cambiante. Heidegger retoma la pregunta por el ser olvidada desde Platón. En Ser y tiempo, distingue entre el ser (Sein) y los entes (Seiendes), y sitúa al ser humano —el Dasein— como el lugar donde el ser se manifiesta y se oculta. La temporalidad, la finitud y el cuidado se convierten en estructuras fundamentales de una ontología fenomenológica. La filosofía del lenguaje, a través del empirismo lógico (Carnap, Ayer), niega el sentido de la metafísica tradicional: como sus proposiciones no son verificables empíricamente, carecen de valor cognitivo. La metafísica sería una serie de pseudoproblemas gramaticales disfrazados de verdades profundas. Quine continúa esta crítica, pero en lugar de eliminar la metafísica, la transforma: ya no se trata de verdades eternas, sino de preguntarse qué entidades estamos comprometidos a aceptar cuando formulamos nuestras mejores teorías científicas. Así nace una ontología naturalizada, inseparable de la epistemología y la lógica. Contemporaneidad: análisis técnico y renovación conceptual A partir de mediados del siglo XX, la filosofía analítica rehabilita la metafísica desde un enfoque más técnico. Se desarrollan teorías sobre: La modalidad (lo posible, necesario, contingente). La identidad a través del tiempo. La causalidad y la explicación. Los mundos posibles (David Lewis). La rigidez referencial y la esencia (Kripke, Plantinga). Este enfoque vuelve a formular preguntas clásicas —¿qué es el ser?, ¿qué cosas existen?, ¿cómo se estructuran?— pero con herramientas nuevas: lógica, semántica, teoría de conjuntos, filosofía del lenguaje. También emergen debates sobre la metafísica de la mente, del tiempo o de las estructuras sociales. ✨ Reflexión final La historia de la metafísica es la historia de una ambición y de una sospecha. Ha intentado describir lo más profundo y permanente de la realidad, pero también ha sido acusada de decir lo que no puede decirse. Sin embargo, su persistencia muestra que la pregunta por el ser es ineludible: incluso cuando se la niega, se la está reformulando. Hoy, la metafísica ya no es un discurso único: convive con múltiples lenguajes —analítico, fenomenológico, teológico, feminista, ecológico— y se abre a nuevas formas de interrogar lo real, sus límites y nuestras formas de habitarlo. Aquí tienes una selección de 20 autores clave en metafísica del texto, con etiquetas clasificatorias que reflejan sus posiciones según la Stanford Encyclopedia of Philosophy: Antigüedad Parménides – monista, racionalista ontológico, inmovilista Heráclito – dinamista, filósofo del devenir, pluralista Platón – realista platónico, dualista ontológico, idealista Aristóteles – realista moderado, hilemorfista, teleológico ⛪ Edad Media Plotino – neoplatónico, emanatista, misticismo metafísico San Agustín – participacionista, teísta, agustiniano Santo Tomás de Aquino – realista analógico, teísta aristotélico, distinción esencia-existencia ⚙ Modernidad Descartes – dualista sustancial, fundacionalista, racionalista Spinoza – monista sustancial, panteísta, determinista Leibniz – pluralista, idealista metafísico, armonía preestablecida Hume – empirista escéptico, antimetafísico, naturalista Kant – idealista trascendental, crítico de la metafísica, estructuralista a priori Siglos XIX–XX Hegel – idealista absoluto, dialéctico, historicista metafísico Nietzsche – antimetafísico, filósofo del devenir, crítico genealógico Heidegger – ontólogo fenomenológico, existencialista, destructor de la metafísica tradicional Carnap – verificacionista, antimetafísico lógico, empirista lógico Quine – naturalista ontológico, fisicalista, epistemólogo metafísico Contemporaneidad David Lewis – realista modal, mundos posibles, reduccionista ontológico Saul Kripke – esencialista modal, realista semántico, rigidez referencial Alvin Plantinga – esencialista, modalista, teísta analítico Metafísica Del ser como fundamento a la crítica del ser La metafísica es la disciplina filosófica que interroga las estructuras más profundas de la realidad: qué es el ser, qué significa que algo exista, cómo se articulan la sustancia, la causalidad, el tiempo o la identidad. Tradicionalmente considerada la “filosofía primera”, ha sido también objeto de impugnación, por su tendencia a exceder los límites del conocimiento o por el carácter abstracto de su lenguaje. Antigüedad: el ser y sus estructuras Los pensadores presocráticos inauguran la preocupación metafísica con dos visiones contrapuestas. Para Parménides, el ser es uno, eterno e inmutable: el cambio es impensable, pues implicaría pasar del no-ser al ser. Heráclito, en cambio, sostiene que todo fluye (panta rhei): el cambio constante es la estructura misma de lo real. Este conflicto entre permanencia y devenir está en la raíz de la metafísica occidental. Platón busca reconciliar esta tensión distinguiendo dos niveles de realidad: el mundo sensible, cambiante y múltiple, y el mundo inteligible, eterno y verdadero. Las Ideas —formas inmutables y perfectas— son las auténticas realidades y fundamentos del conocimiento y la ética. El alma, por su naturaleza racional, pertenece a ese mundo superior. Aristóteles, por su parte, redefine la metafísica como el estudio del “ser en cuanto ser”. Introduce conceptos fundamentales: la sustancia como lo que existe por sí mismo; la distinción entre acto y potencia para explicar el cambio; las cuatro causas (material, formal, eficiente y final); y el motor inmóvil como principio último del movimiento. Con él, la ontología se convierte en el centro sistemático de la filosofía. ⛪ Edad Media: ser como participación y jerarquía En el marco cristiano, la metafísica adquiere una dimensión teológica. Plotino, desde el neoplatonismo, concibe toda la realidad como emanación del Uno, principio absoluto que trasciende incluso al ser. El mundo es un despliegue jerárquico en grados de realidad. San Agustín hereda este esquema y afirma que el ser proviene de Dios, y que el mal no es una entidad positiva, sino privación del ser. En su pensamiento, el alma humana participa del ser divino, y el conocimiento y la moral están ligados a esa estructura de dependencia ontológica. Tomás de Aquino profundiza esta línea integrando a Aristóteles. Distingue entre esencia (lo que algo es) y acto de ser (el hecho de existir): sólo en Dios coinciden ambos. El ser se dice de múltiples maneras, por analogía. La metafísica se convierte en una teología racional, orientada a comprender la creación y demostrar la existencia de Dios a partir del orden del mundo. ⚙ Modernidad: crítica, sistema y límites del ser La modernidad introduce un giro hacia el sujeto. Descartes funda la certeza en la conciencia de sí: “pienso, luego soy”. De ahí deriva una metafísica dualista que distingue entre la res cogitans (pensamiento) y la res extensa (materia). La existencia de Dios garantiza la realidad del mundo exterior, y la razón se convierte en el criterio de evidencia. Spinoza rechaza el dualismo y propone una única sustancia infinita: Dios o Naturaleza. Todo lo que existe es un modo de esa sustancia, que se expresa en infinitos atributos. Su monismo racionalista redefine el ser como necesidad lógica. Leibniz introduce las mónadas: sustancias indivisibles, sin extensión, dotadas de percepción interna. El universo es una armonía preestablecida por Dios, donde cada mónada refleja el todo sin interactuar causalmente con las demás. Hume, desde el empirismo, destruye las bases tradicionales de la metafísica. Niega la idea de sustancia y cuestiona la noción de causalidad como conexión necesaria. El conocimiento se reduce a impresiones y asociaciones mentales: la metafísica se convierte en psicología sin garantía objetiva. Kant responde a Hume redefiniendo la metafísica como crítica. Solo podemos conocer los fenómenos, es decir, la realidad tal como aparece bajo las formas del sujeto (espacio, tiempo, categorías). Los noúmenos —las cosas en sí— son incognoscibles. Con Kant, la metafísica abandona la pretensión de captar el ser absoluto y se transforma en una investigación sobre los límites y condiciones del conocimiento. Siglos XIX–XX: devenir, crítica del ser y nuevas ontologías Hegel recupera la metafísica desde una lógica dialéctica: el ser se despliega como historia del Espíritu, en una totalidad racional que se realiza en el tiempo. El proceso metafísico es inseparable del devenir histórico. Nietzsche, en cambio, lleva a cabo una crítica radical: toda la metafísica occidental habría sido una negación de la vida, al inventar mundos ideales y eternos. Frente al ser como fundamento, propone el devenir, la voluntad de poder y la afirmación de lo múltiple y cambiante. Heidegger retoma la pregunta por el ser olvidada desde Platón. En Ser y tiempo, distingue entre el ser (Sein) y los entes (Seiendes), y sitúa al ser humano —el Dasein— como el lugar donde el ser se manifiesta y se oculta. La temporalidad, la finitud y el cuidado se convierten en estructuras fundamentales de una ontología fenomenológica. La filosofía del lenguaje, a través del empirismo lógico (Carnap, Ayer), niega el sentido de la metafísica tradicional: como sus proposiciones no son verificables empíricamente, carecen de valor cognitivo. La metafísica sería una serie de pseudoproblemas gramaticales disfrazados de verdades profundas. Quine continúa esta crítica, pero en lugar de eliminar la metafísica, la transforma: ya no se trata de verdades eternas, sino de preguntarse qué entidades estamos comprometidos a aceptar cuando formulamos nuestras mejores teorías científicas. Así nace una ontología naturalizada, inseparable de la epistemología y la lógica. Contemporaneidad: análisis técnico y renovación conceptual A partir de mediados del siglo XX, la filosofía analítica rehabilita la metafísica desde un enfoque más técnico. Se desarrollan teorías sobre: La modalidad (lo posible, necesario, contingente). La identidad a través del tiempo. La causalidad y la explicación. Los mundos posibles (David Lewis). La rigidez referencial y la esencia (Kripke, Plantinga). Este enfoque vuelve a formular preguntas clásicas —¿qué es el ser?, ¿qué cosas existen?, ¿cómo se estructuran?— pero con herramientas nuevas: lógica, semántica, teoría de conjuntos, filosofía del lenguaje. También emergen debates sobre la metafísica de la mente, del tiempo o de las estructuras sociales. ✨ Reflexión final La historia de la metafísica es la historia de una ambición y de una sospecha. Ha intentado describir lo más profundo y permanente de la realidad, pero también ha sido acusada de decir lo que no puede decirse. Sin embargo, su persistencia muestra que la pregunta por el ser es ineludible: incluso cuando se la niega, se la está reformulando. Hoy, la metafísica ya no es un discurso único: convive con múltiples lenguajes —analítico, fenomenológico, teológico, feminista, ecológico— y se abre a nuevas formas de interrogar lo real, sus límites y nuestras formas de habitarlo. Aquí tienes una selección de 20 autores clave en metafísica del texto, con etiquetas clasificatorias que reflejan sus posiciones según la Stanford Encyclopedia of Philosophy: Antigüedad Parménides – monista, racionalista ontológico, inmovilista Heráclito – dinamista, filósofo del devenir, pluralista Platón – realista platónico, dualista ontológico, idealista Aristóteles – realista moderado, hilemorfista, teleológico ⛪ Edad Media Plotino – neoplatónico, emanatista, misticismo metafísico San Agustín – participacionista, teísta, agustiniano Santo Tomás de Aquino – realista analógico, teísta aristotélico, distinción esencia-existencia ⚙ Modernidad Descartes – dualista sustancial, fundacionalista, racionalista Spinoza – monista sustancial, panteísta, determinista Leibniz – pluralista, idealista metafísico, armonía preestablecida Hume – empirista escéptico, antimetafísico, naturalista Kant – idealista trascendental, crítico de la metafísica, estructuralista a priori Siglos XIX–XX Hegel – idealista absoluto, dialéctico, historicista metafísico Nietzsche – antimetafísico, filósofo del devenir, crítico genealógico Heidegger – ontólogo fenomenológico, existencialista, destructor de la metafísica tradicional Carnap – verificacionista, antimetafísico lógico, empirista lógico Quine – naturalista ontológico, fisicalista, epistemólogo metafísico Contemporaneidad David Lewis – realista modal, mundos posibles, reduccionista ontológico Saul Kripke – esencialista modal, realista semántico, rigidez referencial Alvin Plantinga – esencialista, modalista, teísta analítico Metafísica Del ser como fundamento a la crítica del ser La metafísica es la disciplina filosófica que interroga las estructuras más profundas de la realidad: qué es el ser, qué significa que algo exista, cómo se articulan la sustancia, la causalidad, el tiempo o la identidad. Tradicionalmente considerada la “filosofía primera”, ha sido también objeto de impugnación, por su tendencia a exceder los límites del conocimiento o por el carácter abstracto de su lenguaje. Antigüedad: el ser y sus estructuras Los pensadores presocráticos inauguran la preocupación metafísica con dos visiones contrapuestas. Para Parménides, el ser es uno, eterno e inmutable: el cambio es impensable, pues implicaría pasar del no-ser al ser. Heráclito, en cambio, sostiene que todo fluye (panta rhei): el cambio constante es la estructura misma de lo real. Este conflicto entre permanencia y devenir está en la raíz de la metafísica occidental. Platón busca reconciliar esta tensión distinguiendo dos niveles de realidad: el mundo sensible, cambiante y múltiple, y el mundo inteligible, eterno y verdadero. Las Ideas —formas inmutables y perfectas— son las auténticas realidades y fundamentos del conocimiento y la ética. El alma, por su naturaleza racional, pertenece a ese mundo superior. Aristóteles, por su parte, redefine la metafísica como el estudio del “ser en cuanto ser”. Introduce conceptos fundamentales: la sustancia como lo que existe por sí mismo; la distinción entre acto y potencia para explicar el cambio; las cuatro causas (material, formal, eficiente y final); y el motor inmóvil como principio último del movimiento. Con él, la ontología se convierte en el centro sistemático de la filosofía. ⛪ Edad Media: ser como participación y jerarquía En el marco cristiano, la metafísica adquiere una dimensión teológica. Plotino, desde el neoplatonismo, concibe toda la realidad como emanación del Uno, principio absoluto que trasciende incluso al ser. El mundo es un despliegue jerárquico en grados de realidad. San Agustín hereda este esquema y afirma que el ser proviene de Dios, y que el mal no es una entidad positiva, sino privación del ser. En su pensamiento, el alma humana participa del ser divino, y el conocimiento y la moral están ligados a esa estructura de dependencia ontológica. Tomás de Aquino profundiza esta línea integrando a Aristóteles. Distingue entre esencia (lo que algo es) y acto de ser (el hecho de existir): sólo en Dios coinciden ambos. El ser se dice de múltiples maneras, por analogía. La metafísica se convierte en una teología racional, orientada a comprender la creación y demostrar la existencia de Dios a partir del orden del mundo. ⚙ Modernidad: crítica, sistema y límites del ser La modernidad introduce un giro hacia el sujeto. Descartes funda la certeza en la conciencia de sí: “pienso, luego soy”. De ahí deriva una metafísica dualista que distingue entre la res cogitans (pensamiento) y la res extensa (materia). La existencia de Dios garantiza la realidad del mundo exterior, y la razón se convierte en el criterio de evidencia. Spinoza rechaza el dualismo y propone una única sustancia infinita: Dios o Naturaleza. Todo lo que existe es un modo de esa sustancia, que se expresa en infinitos atributos. Su monismo racionalista redefine el ser como necesidad lógica. Leibniz introduce las mónadas: sustancias indivisibles, sin extensión, dotadas de percepción interna. El universo es una armonía preestablecida por Dios, donde cada mónada refleja el todo sin interactuar causalmente con las demás. Hume, desde el empirismo, destruye las bases tradicionales de la metafísica. Niega la idea de sustancia y cuestiona la noción de causalidad como conexión necesaria. El conocimiento se reduce a impresiones y asociaciones mentales: la metafísica se convierte en psicología sin garantía objetiva. Kant responde a Hume redefiniendo la metafísica como crítica. Solo podemos conocer los fenómenos, es decir, la realidad tal como aparece bajo las formas del sujeto (espacio, tiempo, categorías). Los noúmenos —las cosas en sí— son incognoscibles. Con Kant, la metafísica abandona la pretensión de captar el ser absoluto y se transforma en una investigación sobre los límites y condiciones del conocimiento. Siglos XIX–XX: devenir, crítica del ser y nuevas ontologías Hegel recupera la metafísica desde una lógica dialéctica: el ser se despliega como historia del Espíritu, en una totalidad racional que se realiza en el tiempo. El proceso metafísico es inseparable del devenir histórico. Nietzsche, en cambio, lleva a cabo una crítica radical: toda la metafísica occidental habría sido una negación de la vida, al inventar mundos ideales y eternos. Frente al ser como fundamento, propone el devenir, la voluntad de poder y la afirmación de lo múltiple y cambiante. Heidegger retoma la pregunta por el ser olvidada desde Platón. En Ser y tiempo, distingue entre el ser (Sein) y los entes (Seiendes), y sitúa al ser humano —el Dasein— como el lugar donde el ser se manifiesta y se oculta. La temporalidad, la finitud y el cuidado se convierten en estructuras fundamentales de una ontología fenomenológica. La filosofía del lenguaje, a través del empirismo lógico (Carnap, Ayer), niega el sentido de la metafísica tradicional: como sus proposiciones no son verificables empíricamente, carecen de valor cognitivo. La metafísica sería una serie de pseudoproblemas gramaticales disfrazados de verdades profundas. Quine continúa esta crítica, pero en lugar de eliminar la metafísica, la transforma: ya no se trata de verdades eternas, sino de preguntarse qué entidades estamos comprometidos a aceptar cuando formulamos nuestras mejores teorías científicas. Así nace una ontología naturalizada, inseparable de la epistemología y la lógica. Contemporaneidad: análisis técnico y renovación conceptual A partir de mediados del siglo XX, la filosofía analítica rehabilita la metafísica desde un enfoque más técnico. Se desarrollan teorías sobre: La modalidad (lo posible, necesario, contingente). La identidad a través del tiempo. La causalidad y la explicación. Los mundos posibles (David Lewis). La rigidez referencial y la esencia (Kripke, Plantinga). Este enfoque vuelve a formular preguntas clásicas —¿qué es el ser?, ¿qué cosas existen?, ¿cómo se estructuran?— pero con herramientas nuevas: lógica, semántica, teoría de conjuntos, filosofía del lenguaje. También emergen debates sobre la metafísica de la mente, del tiempo o de las estructuras sociales. ✨ Reflexión final La historia de la metafísica es la historia de una ambición y de una sospecha. Ha intentado describir lo más profundo y permanente de la realidad, pero también ha sido acusada de decir lo que no puede decirse. Sin embargo, su persistencia muestra que la pregunta por el ser es ineludible: incluso cuando se la niega, se la está reformulando. Hoy, la metafísica ya no es un discurso único: convive con múltiples lenguajes —analítico, fenomenológico, teológico, feminista, ecológico— y se abre a nuevas formas de interrogar lo real, sus límites y nuestras formas de habitarlo. Aquí tienes una selección de 20 autores clave en metafísica del texto, con etiquetas clasificatorias que reflejan sus posiciones según la Stanford Encyclopedia of Philosophy: Antigüedad Parménides – monista, racionalista ontológico, inmovilista Heráclito – dinamista, filósofo del devenir, pluralista Platón – realista platónico, dualista ontológico, idealista Aristóteles – realista moderado, hilemorfista, teleológico ⛪ Edad Media Plotino – neoplatónico, emanatista, misticismo metafísico San Agustín – participacionista, teísta, agustiniano Santo Tomás de Aquino – realista analógico, teísta aristotélico, distinción esencia-existencia ⚙ Modernidad Descartes – dualista sustancial, fundacionalista, racionalista Spinoza – monista sustancial, panteísta, determinista Leibniz – pluralista, idealista metafísico, armonía preestablecida Hume – empirista escéptico, antimetafísico, naturalista Kant – idealista trascendental, crítico de la metafísica, estructuralista a priori Siglos XIX–XX Hegel – idealista absoluto, dialéctico, historicista metafísico Nietzsche – antimetafísico, filósofo del devenir, crítico genealógico Heidegger – ontólogo fenomenológico, existencialista, destructor de la metafísica tradicional Carnap – verificacionista, antimetafísico lógico, empirista lógico Quine – naturalista ontológico, fisicalista, epistemólogo metafísico Contemporaneidad David Lewis – realista modal, mundos posibles, reduccionista ontológico Saul Kripke – esencialista modal, realista semántico, rigidez referencial Alvin Plantinga – esencialista, modalista, teísta analítico Metafísica Del ser como fundamento a la crítica del ser La metafísica es la disciplina filosófica que interroga las estructuras más profundas de la realidad: qué es el ser, qué significa que algo exista, cómo se articulan la sustancia, la causalidad, el tiempo o la identidad. Tradicionalmente considerada la “filosofía primera”, ha sido también objeto de impugnación, por su tendencia a exceder los límites del conocimiento o por el carácter abstracto de su lenguaje. Antigüedad: el ser y sus estructuras Los pensadores presocráticos inauguran la preocupación metafísica con dos visiones contrapuestas. Para Parménides, el ser es uno, eterno e inmutable: el cambio es impensable, pues implicaría pasar del no-ser al ser. Heráclito, en cambio, sostiene que todo fluye (panta rhei): el cambio constante es la estructura misma de lo real. Este conflicto entre permanencia y devenir está en la raíz de la metafísica occidental. Platón busca reconciliar esta tensión distinguiendo dos niveles de realidad: el mundo sensible, cambiante y múltiple, y el mundo inteligible, eterno y verdadero. Las Ideas —formas inmutables y perfectas— son las auténticas realidades y fundamentos del conocimiento y la ética. El alma, por su naturaleza racional, pertenece a ese mundo superior. Aristóteles, por su parte, redefine la metafísica como el estudio del “ser en cuanto ser”. Introduce conceptos fundamentales: la sustancia como lo que existe por sí mismo; la distinción entre acto y potencia para explicar el cambio; las cuatro causas (material, formal, eficiente y final); y el motor inmóvil como principio último del movimiento. Con él, la ontología se convierte en el centro sistemático de la filosofía. ⛪ Edad Media: ser como participación y jerarquía En el marco cristiano, la metafísica adquiere una dimensión teológica. Plotino, desde el neoplatonismo, concibe toda la realidad como emanación del Uno, principio absoluto que trasciende incluso al ser. El mundo es un despliegue jerárquico en grados de realidad. San Agustín hereda este esquema y afirma que el ser proviene de Dios, y que el mal no es una entidad positiva, sino privación del ser. En su pensamiento, el alma humana participa del ser divino, y el conocimiento y la moral están ligados a esa estructura de dependencia ontológica. Tomás de Aquino profundiza esta línea integrando a Aristóteles. Distingue entre esencia (lo que algo es) y acto de ser (el hecho de existir): sólo en Dios coinciden ambos. El ser se dice de múltiples maneras, por analogía. La metafísica se convierte en una teología racional, orientada a comprender la creación y demostrar la existencia de Dios a partir del orden del mundo. ⚙ Modernidad: crítica, sistema y límites del ser La modernidad introduce un giro hacia el sujeto. Descartes funda la certeza en la conciencia de sí: “pienso, luego soy”. De ahí deriva una metafísica dualista que distingue entre la res cogitans (pensamiento) y la res extensa (materia). La existencia de Dios garantiza la realidad del mundo exterior, y la razón se convierte en el criterio de evidencia. Spinoza rechaza el dualismo y propone una única sustancia infinita: Dios o Naturaleza. Todo lo que existe es un modo de esa sustancia, que se expresa en infinitos atributos. Su monismo racionalista redefine el ser como necesidad lógica. Leibniz introduce las mónadas: sustancias indivisibles, sin extensión, dotadas de percepción interna. El universo es una armonía preestablecida por Dios, donde cada mónada refleja el todo sin interactuar causalmente con las demás. Hume, desde el empirismo, destruye las bases tradicionales de la metafísica. Niega la idea de sustancia y cuestiona la noción de causalidad como conexión necesaria. El conocimiento se reduce a impresiones y asociaciones mentales: la metafísica se convierte en psicología sin garantía objetiva. Kant responde a Hume redefiniendo la metafísica como crítica. Solo podemos conocer los fenómenos, es decir, la realidad tal como aparece bajo las formas del sujeto (espacio, tiempo, categorías). Los noúmenos —las cosas en sí— son incognoscibles. Con Kant, la metafísica abandona la pretensión de captar el ser absoluto y se transforma en una investigación sobre los límites y condiciones del conocimiento. Siglos XIX–XX: devenir, crítica del ser y nuevas ontologías Hegel recupera la metafísica desde una lógica dialéctica: el ser se despliega como historia del Espíritu, en una totalidad racional que se realiza en el tiempo. El proceso metafísico es inseparable del devenir histórico. Nietzsche, en cambio, lleva a cabo una crítica radical: toda la metafísica occidental habría sido una negación de la vida, al inventar mundos ideales y eternos. Frente al ser como fundamento, propone el devenir, la voluntad de poder y la afirmación de lo múltiple y cambiante. Heidegger retoma la pregunta por el ser olvidada desde Platón. En Ser y tiempo, distingue entre el ser (Sein) y los entes (Seiendes), y sitúa al ser humano —el Dasein— como el lugar donde el ser se manifiesta y se oculta. La temporalidad, la finitud y el cuidado se convierten en estructuras fundamentales de una ontología fenomenológica. La filosofía del lenguaje, a través del empirismo lógico (Carnap, Ayer), niega el sentido de la metafísica tradicional: como sus proposiciones no son verificables empíricamente, carecen de valor cognitivo. La metafísica sería una serie de pseudoproblemas gramaticales disfrazados de verdades profundas. Quine continúa esta crítica, pero en lugar de eliminar la metafísica, la transforma: ya no se trata de verdades eternas, sino de preguntarse qué entidades estamos comprometidos a aceptar cuando formulamos nuestras mejores teorías científicas. Así nace una ontología naturalizada, inseparable de la epistemología y la lógica. Contemporaneidad: análisis técnico y renovación conceptual A partir de mediados del siglo XX, la filosofía analítica rehabilita la metafísica desde un enfoque más técnico. Se desarrollan teorías sobre: La modalidad (lo posible, necesario, contingente). La identidad a través del tiempo. La causalidad y la explicación. Los mundos posibles (David Lewis). La rigidez referencial y la esencia (Kripke, Plantinga). Este enfoque vuelve a formular preguntas clásicas —¿qué es el ser?, ¿qué cosas existen?, ¿cómo se estructuran?— pero con herramientas nuevas: lógica, semántica, teoría de conjuntos, filosofía del lenguaje. También emergen debates sobre la metafísica de la mente, del tiempo o de las estructuras sociales. ✨ Reflexión final La historia de la metafísica es la historia de una ambición y de una sospecha. Ha intentado describir lo más profundo y permanente de la realidad, pero también ha sido acusada de decir lo que no puede decirse. Sin embargo, su persistencia muestra que la pregunta por el ser es ineludible: incluso cuando se la niega, se la está reformulando. Hoy, la metafísica ya no es un discurso único: convive con múltiples lenguajes —analítico, fenomenológico, teológico, feminista, ecológico— y se abre a nuevas formas de interrogar lo real, sus límites y nuestras formas de habitarlo. Aquí tienes una selección de 20 autores clave en metafísica del texto, con etiquetas clasificatorias que reflejan sus posiciones según la Stanford Encyclopedia of Philosophy: Antigüedad Parménides – monista, racionalista ontológico, inmovilista Heráclito – dinamista, filósofo del devenir, pluralista Platón – realista platónico, dualista ontológico, idealista Aristóteles – realista moderado, hilemorfista, teleológico ⛪ Edad Media Plotino – neoplatónico, emanatista, misticismo metafísico San Agustín – participacionista, teísta, agustiniano Santo Tomás de Aquino – realista analógico, teísta aristotélico, distinción esencia-existencia ⚙ Modernidad Descartes – dualista sustancial, fundacionalista, racionalista Spinoza – monista sustancial, panteísta, determinista Leibniz – pluralista, idealista metafísico, armonía preestablecida Hume – empirista escéptico, antimetafísico, naturalista Kant – idealista trascendental, crítico de la metafísica, estructuralista a priori Siglos XIX–XX Hegel – idealista absoluto, dialéctico, historicista metafísico Nietzsche – antimetafísico, filósofo del devenir, crítico genealógico Heidegger – ontólogo fenomenológico, existencialista, destructor de la metafísica tradicional Carnap – verificacionista, antimetafísico lógico, empirista lógico Quine – naturalista ontológico, fisicalista, epistemólogo metafísico Contemporaneidad David Lewis – realista modal, mundos posibles, reduccionista ontológico Saul Kripke – esencialista modal, realista semántico, rigidez referencial Alvin Plantinga – esencialista, modalista, teísta analítico

23. kesä 2025 - 9 min
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