ConBERTAciones
La tabla de planchar… Puede que algunos de ustedes ni siquiera sepan de qué estoy hablando. Nuestras abuelas tenían una; la montaban un domingo por la noche, con la plancha calentándose, preparando la ropa para la semana que se avecinaba. No se trataba solo de quitar las arrugas; se trataba de preparación, de intención, de cuidado. Y últimamente, he estado pensando en esa tabla de planchar. En todas las cosas que ya no tenemos. El teléfono fijo, ese que estaba pegado a la pared, el único puente entre nuestro hogar y el mundo exterior. Las cubiteras de metal, con esa pequeña palanca que había que girar con la precisión justa para soltar los cubitos de hielo. Cosas sencillas. Cosas ordinarias. Cosas cotidianas. Han desaparecido silenciosamente. Ahora llevamos pequeñas computadoras en nuestras manos. Enviamos nuestra ropa a que la planchen fuera de casa. El hielo sale con una forma perfecta con solo pulsar un botón, sin siquiera tener que abrir la puerta del refrigerador. Y eso está bien. La comodidad no es el enemigo. Pero, en algún punto del camino, junto con esos objetos, también dejamos ir algo menos visible: pequeñas disciplinas, ritmos sosegados, fragmentos de sabiduría, sentido común. Cosas que nos moldearon. Porque la verdad es que…hay cosas en la vida que, una vez perdidas, no se vuelven a encontrar tan fácilmente. Así que hoy te invito a hacer una pausa y preguntarte: ¿Qué has dejado ir que alguna vez fue bueno para ti? No todo lo antiguo tiene que regresar; pero hay cosas que vale la pena recuperar. Un hábito. Una conversación. Un ritmo. Una forma de cuidar. Quizás hoy sea un buen día para regresar… con sabiduría, con cuidado, e incluso… con alegría!
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