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La hora del crepúsculo. Duras, la casa de Neauphle, el jardín y el bosque.

18 min · 29 de abr de 2026
Portada del episodio La hora del crepúsculo. Duras, la casa de Neauphle, el jardín y el bosque.

Descripción

Este episodio de Cuaderno de una escritora, de Ana de Beraza, se adentra en el universo creativo y vital de Marguerite Duras, explorando la estrecha relación entre escritura, memoria, soledad y pérdida. El episodio recorre los espacios físicos y emocionales que configuran su obra, especialmente la casa de Neauphle, convertida en escenario íntimo de creación, aislamiento y filmación. En ella, Duras proyecta una mirada femenina, estática y profundamente introspectiva, donde la escritura se convierte en una forma de resistencia y supervivencia. El relato traza una red de paralelismos entre episodios reales de su vida y ficticios: muertes que se entrelazan —como la del aviador inglés en Vauville o la de su hermano en Indochina—, encuentros fortuitos en lugares como Roma, o imágenes aparentemente triviales que revelan una reflexión radical sobre la vida y la muerte. El episodio también examina su concepción extrema de la escritura: un acto solitario, secreto y arriesgado, inseparable del dolor, el deseo y la destrucción de una misma. Finalmente, el episodio plantea la escritura como una tentativa imposible de fijar la realidad: una búsqueda de una “palabra pura”, despojada y esencial, que trascienda el lenguaje mismo. En ese límite entre silencio y expresión, Duras encuentra su voz más radical. This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit elcuadernodeana.substack.com [https://elcuadernodeana.substack.com?utm_medium=podcast&utm_campaign=CTA_1]

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episode Atisbos. Vida, amor y lejanía de Miguel Hernández. artwork

Atisbos. Vida, amor y lejanía de Miguel Hernández.

Orihuela. Un ambiente cerrado, de deambular devoto. En plena huerta, donde proliferan las iglesias y los religiosos, nace un 30 de octubre de 1910 Miguel Hernández, bajo la protección del judío converso San Daniel. Hay una panadería, un horno, un obrador de sedas; cordelerías, confiterías, hilados, alfarerías, carros, aperos… Hay monjas y monjes de más de treinta congregaciones. Hay humildad. Hay quebranto. Hay miseria. La atmósfera clerical nada risueña de las barriadas oriolanas. Vida Los jesuitas serán los primeros que estimularán al chiquillo, le darán permiso para «ser»; ellos intuirán, antes que nadie, la resistencia poética del pastorcillo —o, lo que es lo mismo, el lirismo originario, la espiritualidad más pura— y la querrán retener solo para sí. El padre, tratante de reses, un hombre rudo, parco en palabras, violento al extremo, sacará al hijo de la escuela Ave María y el Colegio Santo Domingo; lo alejará de los religiosos. Miguel leerá a escondidas en la habitación que da al corral, el padre apagará la luz cada vez que vea en el hijo cualquier asomo impropio de su origen. En palabras del hermano: «Entonces sucedían cosas terribles, que nos dejaban a todos espantados». La madre, doña Concepción, mitigará la desafección del padre, siempre se preocupará del hijo a espaldas del esposo; cuando el hijo acabe en la cárcel, le hará llegar ayuda y sustento para que siga con vida. En la casa de Calle Arriba, Miguel trepará la pared donde se alza la sierra con el rebaño en sus salidas de pastor. La naturaleza será su léxico, «una cabrita y un sueño…», su iconografía. En sus versos no habrá impostura, solo la necesidad de pertenecer, de buscar la verdad en el lenguaje. Los dolores de cabeza recurrentes, consecuencia de las palizas, no serán impedimento para su afán creativo. Miguel Hernández —el pastor poeta, amante del amor, apresado andante de la vida— nunca será del todo consciente de que ese entorno marcará su obra y su destino. Su trayectoria de vida dejará un reguero de atisbos que conducirán al final trágico. «(…) Las cárceles se arrastran por la humedad del mundo, van por la tenebrosa vía de los juzgados: buscan a un hombre, buscan a un pueblo, lo persiguen, lo absorben, se lo tragan. No se ve, que se escucha la pena de metal, el sollozo del hierro que atropellan y escupen: el llanto de la espada puesta sobre los jueces de cemento fangoso. Allí, bajo la cárcel, la fábrica del llanto, el telar de la lágrima que no ha de ser estéril, el casco de los odios y de las esperanzas, fabrican, tejen, hunden (...)». («Las cárceles», Viento del pueblo) El impulso de escribir poesía le quemará por dentro, no deseará otra cosa; temerá profanar el arte, solo ansiará honrarlo, adorarlo. Y, para eso, precisará de ayuda. «Comprende Ud.?», escribe al alcalde de Orihuela tras publicar su primer poemario, Perita en lunas. «Y yo tengo derecho, como artista y trabajador, a pedir a Ud. o un trabajo hasta que halle colocación de mi poesía, o una pensión hasta que halle trabajo». La búsqueda de sustento será el pan de cada día. Esa desesperación provocará un desencuentro con Federico García Lorca: «… he maldecido las putas horas y malas en que di a leer un verso a nadie»; Lorca no sabrá contener ni comprender el enfado del poeta alicantino. «¡LUCHA! No seas vanidoso de tu obra. Tu libro es fuerte, tiene muchas cosas de interés y revela a los buenos ojos, pasión de hombre, pero no tiene más cojones como tú dices que los de casi todos los poetas consagrados». «Dispensa, Lorca, amigo, calarré de nacimiento, el que haya dejado, ¡tanta!, anchura de tiempo entre tu carta y esta (…) Gracias por tu deseo de que mi obsesión de poeta incomprendido sea separada de mí. Aún no venía tu carta por el camino cuando me había divorciado de ella». No habrá posibilidad para el reencuentro ni la reconciliación. No habrá tiempo. La España oscura e implacable de 1936 les negará ese tiempo, como a tantos otros. Solo la poesía mitigará algo la rabia y la miseria que lleva arrastrando consigo. El poeta alicantino expresará su consternación por la muerte de Lorca y embellecerá el acabamiento del artista en Viento del pueblo: «(…) Entre todos los muertos de elegía, sin olvidar el eco de ninguno, por haber resonado más en el alma mía, la mano de mi llanto escoge uno. Federico García hasta ayer se llamó: polvo se llama. Ayer tuvo un espacio bajo el día que hoy el hoyo le da bajo la grama. ¡Tanto fue! ¡Tanto fuiste y ya no eres! Tu agitada alegría, que agitaba columnas y alfileres, de tus dientes arrancas y sacudes, y ya te pones triste, y sólo quieres ya el paraíso de los ataúdes. (…)» («Elegía primera, Viento del pueblo) AmorUna vez que conozca el amor de mujer y tome contacto con José María Cosió, Pablo Neruda o Vicente Aleixandre, su tenacidad y producción se volverán más impuras, su hondura e intelecto aullarán por salir a la luz. Los atisbos de vida, la naturaleza impetuosa, el corazón abigarrado y la peligrosidad nutrirán sus versos. «¿No cesará este rayo que me habita el corazón de exasperadas fieras y de fraguas coléricas y herreras donde el metal más fresco se marchita? ¿No cesará esta terca estalactita de cultivar sus duras cabelleras como espadas y rígidas hogueras hacia mi corazón que muge y grita? (...)» («No cesará este rayo que me habita?», El rayo que no cesa) En la poesía de Miguel Hernández existe una sincronía tan nítida con su vitalismo que leer sus poemas hace daño. Esa sincronía se expande: no se reduce a los versos ni al poeta, ni siquiera al pueblo de Orihuela, que lo delatará llevado por el fanatismo y el rencor, sino a la historia de un país que todavía cuesta transitar. Su vida será un ir y venir de la capital madrileña a la provincia. Escribirá a otros intelectuales, reclamará atención y amparo, estrechará relaciones, publicará en revistas; se desesperará, volverá a empezar. Irá haciéndose dueño del lenguaje; se comprometerá con los desheredados, amará. Sus versos se volverán más personales, más políticos, más distantes. Lejanía Sufrirá la muerte del hijo, irá al frente, será derrotado y encarcelado; la enfermedad y la ausencia de los suyos irán mellándolo poco a poco; pero su intelecto seguirá sucumbiendo a la métrica, seguirá siendo un poeta. Su alejamiento será imparable. «(…) No pudimos ser. La tierra no pudo tanto. No somos cuanto se propuso el sol en un anhelo remoto. Un pie se acerca a lo claro. En lo oscuro insiste el otro. Porque el amor no es perpetuo en nadie, ni en mí tampoco. El odio aguarda su instante dentro del carbón más hondo. Rojo es el odio y nutrido. El amor, pálido y solo. Cansado de odiar, te amo. Cansado de amar, te odio. Llueve tiempo, llueve tiempo (...)». («Canción última», Cancionero y romancero de ausencias) La guerra lo desencajará, lo sacará de su intuición poética y de la sensualidad; le hará consciente, por primera vez, de que sus versos serán herencia para el pueblo. Sus poemas apelarán a la lucha: «(...)Escríbeme a la lucha, siénteme en la trinchera: aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo, y defiendo tu vientre de pobre que me espera, y defiendo tu hijo. Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado, envuelto en un clamor de victoria y guitarras, y dejare a tu puerta mi vida de soldado sin colmillos ni garras (...)». («Canción de esposo soldado», El hombre que acecha) Para, más tarde, tocado espiritualmente, volverse más herméticos: «(...)Herido estoy, miradme: necesito más vidas. La que contengo es poca para el gran cometido de sangre que quisiera perder por las heridas. Decid quién no fue herido. Mi vida es una herida de juventud dichosa. ¡Ay de quien no esté herido, de quien jamás se siente herido por la vida, por el amor, la rosa, por el acero ardiente! (...)». («El herido», El hombre que acecha) Y, ya en encarcelado, verse a sí mismo desde la distancia en la devastación más íntima: «(...)Arena del desierto soy: desierto de sed. Oasis es tu boca donde no he de beber. Boca: oasis abierto a todas las arenas del desierto. Húmedo punto en medio de un mundo abrasador, el de tu cuerpo, el tuyo, que nunca es de los dos. Cuerpo: pozo cerrado a quien la sed y el sol han calcinado (...)». («Casida del sediento», Cancionero y romance de ausencias) Miguel Hernández sabrá resistir, amar y ser amado; sabrá, pese a todo y todos, “vivir haciendo», como diría su amigo Vicente Aleixandre. This is a public episode. 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28 de may de 202614 min
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La hora del crepúsculo. Duras, la casa de Neauphle, el jardín y el bosque.

Este episodio de Cuaderno de una escritora, de Ana de Beraza, se adentra en el universo creativo y vital de Marguerite Duras, explorando la estrecha relación entre escritura, memoria, soledad y pérdida. El episodio recorre los espacios físicos y emocionales que configuran su obra, especialmente la casa de Neauphle, convertida en escenario íntimo de creación, aislamiento y filmación. En ella, Duras proyecta una mirada femenina, estática y profundamente introspectiva, donde la escritura se convierte en una forma de resistencia y supervivencia. El relato traza una red de paralelismos entre episodios reales de su vida y ficticios: muertes que se entrelazan —como la del aviador inglés en Vauville o la de su hermano en Indochina—, encuentros fortuitos en lugares como Roma, o imágenes aparentemente triviales que revelan una reflexión radical sobre la vida y la muerte. El episodio también examina su concepción extrema de la escritura: un acto solitario, secreto y arriesgado, inseparable del dolor, el deseo y la destrucción de una misma. Finalmente, el episodio plantea la escritura como una tentativa imposible de fijar la realidad: una búsqueda de una “palabra pura”, despojada y esencial, que trascienda el lenguaje mismo. En ese límite entre silencio y expresión, Duras encuentra su voz más radical. This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit elcuadernodeana.substack.com [https://elcuadernodeana.substack.com?utm_medium=podcast&utm_campaign=CTA_1]

29 de abr de 202618 min
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Predilecciones. De la «Posesión» de Byatt al descenso de Karoline

En este episodio, Ana de Beraza explora cómo una idea puede poseer a quien escribe y convertir la escritura en una experiencia de obsesión, riesgo y revelación. A partir de Posesión, de A. S. Byatt, analiza la relación entre amor, literatura y deseo, y cómo la inspiración —lejos de ser inofensiva— puede llegar a condicionar una vida entera. Se detiene en la construcción de la novela, en sus juegos metaficcionales y en la tensión entre biógrafos, poetas y personajes, para reflexionar sobre la escritura como un territorio donde lo íntimo y lo intelectual se entrelazan. En la segunda parte, conecta estas ideas con La chica de la aguja (2024), de Magnus von Horn, y el descenso de su protagonista, Karoline: una mirada al terror psicológico, la pasividad existencial y la atracción hacia lo insoportable. Un ensayo sonoro sobre predilecciones, creación y los mecanismos —a veces oscuros— que llevan a mirar, escribir y sentir hasta el límite. This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit elcuadernodeana.substack.com [https://elcuadernodeana.substack.com?utm_medium=podcast&utm_campaign=CTA_1]

19 de mar de 202614 min
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Un amor y dos poetas brutales

En este nuevo episodio de Entrelíneas, Ana de Beraza reflexiona sobre Un amor, de Sara Mesa: una novela sobre el aislamiento, el deseo y la búsqueda de identidad en un pueblo casi deshabitado. A través de Nat, su protagonista, explora la incomodidad de amar, la extrañeza y la obsesión por comprender lo que quizá debería permanecer en misterio. El episodio profundiza después sobre la poesía y la brutalidad luminosa de dos voces radicales: Leopoldo María Panero y Emily Dickinson. Entre el delirio y la reclusión voluntaria, entre la fractura y la lucidez, la autora reflexiona sobre el amor como impulso creador y destructivo, sobre la soledad como territorio fértil y sobre la escritura como acto de resistencia. Un episodio sobre amar, escribir y perseverar; sobre el miedo a empezar de nuevo y la obstinación de quien, pese a todo, sigue corrigiendo el mismo poema. This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit elcuadernodeana.substack.com [https://elcuadernodeana.substack.com?utm_medium=podcast&utm_campaign=CTA_1]

20 de feb de 202614 min
episode Panorama (1977), novelitas inolvidables y Porno, un negocio despiadado: un reportaje desaparecido en la red artwork

Panorama (1977), novelitas inolvidables y Porno, un negocio despiadado: un reportaje desaparecido en la red

En este episodio, Ana de Beraza recorre la entrevista de Clarice Lispector en Panorama (1977) para reflexionar sobre la escritura, el agotamiento creativo y los periodos de vacío tras terminar una obra. A continuación, revisita una constelación de novelas breves inolvidables —de Camus a Duras, de Bolaño a Schweblin— y se detiene en la figura de Meursault y la conciencia suspendida de El extranjero. El cierre aborda el documental Porno, un negocio despiadado, hoy desaparecido de las plataformas, como contrapunto real y perturbador sobre la explotación, la impunidad digital y la huella irreversible de la violencia íntima difundida en la red. This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit elcuadernodeana.substack.com [https://elcuadernodeana.substack.com?utm_medium=podcast&utm_campaign=CTA_1]

30 de ene de 202611 min