El Comentario del Día

Domingo IX Tiempo Ordinario - 31.05

3 min · 31 de may de 2026
Portada del episodio Domingo IX Tiempo Ordinario - 31.05

Descripción

DOMINGOIX TIEMPO ORDINARIO. LA SANTÍSIMA TRINIDAD san Juan3, 16-18 Laintimidad de Dios   Todossentimos cierto reparo en mostrar nuestra intimidad. Es lógico. Hay un pudorconnatural, que nos acompaña siempre, y que ha de respetarse, pues cada serhumano tiene el derecho (y el deber) de protegerla. Para algunos, sin embargo,esto puede sonarles a “chino”, ya que van imponiéndose en nuestros ambientesotros “talantes” que muestran las vergüenzas del prójimo (físicas y morales)sin medida alguna ... ¡y así nos va! Da la impresión de haber violado elcarácter sagrado que hay en todo hombre, lo que, precisamente, le haceasemejarse a su Creador. Esa dignidad, cuando es violentada, queda ensombrecidao aniquilada en el fango de la indiferencia y del más puro relativismo. “Lagracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santoesté siempre con todos vosotros”. Hoy celebramos una gran fiesta en la Iglesia:la Santísima Trinidad. ¡Qué distinta es la pedagogía de Dios respecto alcomportamiento del hombre! Mientras que éste, en un abrir y cerrar de ojos,puede echar por tierra su propia dignidad, Dios “ha necesitado” de miles deaños para dar a conocer su intimidad. Si leemos con atención algunos libros delAntiguo Testamento, iremos descubriendo algunas pistas que nos hablan de lo másíntimo de Él. Así, al comienzo del Génesis, se nos presenta ese Espíritu(“Ruah”), que aleteaba sobre la creación, como dando su conformidad a lo queDios había realizado. Posteriormente, tres personajes “extranjeros” sepresentan ante Abraham para profetizarle que iba a tener descendencia... y así,una tras otra, las comparencias de Dios, dando a conocer quién es, van dejandounas huellas precisas, que culminan en la manifestación del Mesías, el VerboEncarnado, el Hijo de Dios, segunda persona de la Santísima Trinidad. “Tantoamó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno delos que creen en él, sino que tengan vida eterna”. Siempre se nos ha dicho queel misterio trinitario de Dios (una sola esencia y tres personas) era de losmás arduos y difíciles para la comprensión humana. Sin embargo, Jesucristo noslo ha hecho mucho más fácil. Para ello, sólo ha empleado el lenguaje del amor.Tú y yo no somos otra cosa, sino el fruto del amor de Dios. Algo que,aparentemente, pudiera resultar tan sencillo como es hablar del amor, seconvierte en un verdadero misterio (o más bien en escándalo o necedad) cuandovemos a ese Hijo de Dios clavado en una Cruz. Esa fue la entrega que hizo DiosPadre a todos los hombres, que aceptó voluntariamente el Hijo, y que propicióla llegada del Espíritu Santo, Señor y dador de Vida, para nuestrasantificación personal. Aprendamosde La Virgen a decir “sí” a Dios, y pocas cosas (por no decir ninguna) nosharán falta entonces... Hija de Dios Padre, Madre de Dios Hijo, Esposa de DiosEspíritu Santo, Templo y Sagrario de la Santísima Trinidad.

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episode Martes VIII Tiempo Ordinario - 02.06 artwork

Martes VIII Tiempo Ordinario - 02.06

MARTESVIII TIEMPPO ORDINARIO sanMarcos 10, 28-31 La buenaconciencia   “Comohijos obedientes, no os amoldéis más a los deseos que teníais antes, en losdías de vuestra ignorancia”. ¿Han de identificarse nuestros deseos con los deDios? Evidentemente, no. Pues bien, no es para muchos una evidencia enabsoluto. Si algo que considero que me satisface (y pienso que “no hiere alvecino”) estoy en el pleno derecho de exigirlo... y, en primer lugar, a Dios.¿Cuántas veces hemos oído que la Iglesia busca “cortarnos las alas” con tantasprohibiciones “a diestro y siniestro”? Pero ¿qué es eso de que la Iglesia“busca”? Lavoluntad de la Iglesia se identifica con la de Dios... y aquí, no hay “trampani cartón”. No existe ninguna institución en el mundo donde la presunción deinocencia se opere, con tanta radicalidad, como en la Iglesia. Uno puede ir alsacramento de la confesión, por ejemplo, y echarle la culpa a otro de susmales, y el sacerdote presupondrá que esa persona actúa con rectitud deintención, aunque el penitente no sea en absoluto sincero. Por encima de lamediación de la Iglesia (nunca podemos olvidarlo) se encuentra la propiaconciencia donde, en último término, sólo se encuentran Dios y esa persona. ¿Cuál esel problema? Sencillamente, que nos gustaría que la Iglesia se identificara connuestros caprichos, de la misma manera que, en tantas ocasiones, y dependiendode las circunstancias, fabricamos un dios a nuestra imagen y semejanza. Lo dicemuy claramente san Pedro: “El que os llamó es santo; como él, sed tambiénvosotros santos en toda vuestra conducta”. Así pues, no se trata de que Diossea santo como yo lo soy, sino todo lo contrario. ¿De qué sirve llorar ante una“experiencia mística”, cuando, de verdad, lo que nos pide Dios es más docilidady más normalidad en nuestra conducta? “Muchosprimeros serán últimos, y muchos últimos primeros”. En ese trastocar(consciente o inconscientemente) lo que le corresponde a Dios y a nosotros,hay, en definitiva, un problema con la verdad. La afectividad se ha apoderadode nuestra razón, y a ver quién demuestra lo contrario. Parece que se hubierapuesto un gigantesco cartel en las nubes que dijera: “Todo vale cuando se tratade contradecir la voluntad de Dios, ahora bien, que nadie se atreva a llevarmela contraria”. Pero, ciertamente, más que en las nubes, Dios se encuentra ennuestros corazones, aunque se encuentren un tanto endurecidos... La Virgenlos transformará en carne si somos capaces de decir, tal y como dijo un díaElla: “He aquí la esclava del Señor”.

2 de jun de 20264 min
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Lunes VIII Tiempo Ordinario - 01.06

LUNESVIII TIEMPO ORDINARIO. SANTA MARÍA, MADRE LA IGLESIA sanMarcos 10, 17-27 El“buenísimo”   Hace añosera frecuente escuchar la siguiente expresión (casi siempre en tono simpático):“Todo el mundo es bueno”. Era casi como una jaculatoria que no pretendía otracosa, sino mostrar la bondad del ser humano. Significaba tener conciencia deque, sin ser perfectos, siempre hay un fondo de ingenuidad e indulgencia entodo hombre, lo que le capacita para obrar con una cierta rectitud y honradez.Sin embargo, esa predisposición de antiguo parece que ha dado ahora lugar a unacierta sospecha acerca del comportamiento de los demás. Hay algo en el ambienteque parece desvirtuar esos buenos sentimientos. A ese “algo” se le denomina:mentira. “La fuerza de Dios os custodia en la fe para la salvación que aguardaa manifestarse en el momento final. Alegraos de ello, aunque de momento tengáisque sufrir un poco, en pruebas diversas”. ¿Cuál es el motivo?: que hemos dado,una vez más la espalda a Dios. Cuando elapóstol san Pedro nos dice que es Dios, con su fuerza, el que nos protege, nolo está diciendo en un sentido metafórico, sino que es algo que pertenece a lomás íntimo de cada uno. Ninguna protección humana (un ideario político, ungobierno, un ejército... ni siquiera el amor de unos esposos o unos padres)puede igualarse con el amparo de Dios, porque radica en lo más hondo de nuestroser para garantizar nuestra propia existencia. ¡Esta es la raíz de la bondad deDios!, que se identifica con la única verdad posible. Lo demás (no nos llamemosa engaño) es producto de unos deseos efímeros, de unas ilusiones incumplidas...del lado de la mentira que, en tantas ocasiones, nos acompaña. “Nohabéis visto a Jesucristo, y lo amáis; no lo veis, y creéis en él; y osalegráis con un gozo inefable y transfigurado, alcanzando así la meta devuestra fe: vuestra propia salvación”. Unida a la verdad se encuentra la fe.Nada tiene que ver esa confianza con entregarse a un oscuro destino, si no,Dios no se hubiera encarnado. La fe que se nos pide se fundamenta en la vidareal de Cristo en cada uno de nosotros, vida que va más allá de lo que se puedepercibir con la vista o los sentidos, se trata de algo más radical: ¡Dios sehace alimento en cada Eucaristía! Lo comemos, materialmente hablando, y el almase transforma en morada Suya. “¿Por quéme llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios”. Un joven que es ganado porel amor de Cristo resulta incapaz de corresponder al ofrecimiento de dar suvida para ganar la eternidad en ese preciso instante. ¿Cuántas veces hemostenido esa oportunidad? Ese amigo que te habló un día de Dios, esa madre que teenseño a rezar cuando eras niño, esa iglesia con la que te topaste y entrasteen ella por curiosidad, esa muerte que tanto te impactó y te preguntaste: “¿porqué él (o ella), y no yo?” ... Sí, detrás de cada uno de esos acontecimientosse esconde la bondad de Dios en todo su esplendor, pero ¡andamos tan a lonuestro!, que, en vez de encontramos con el rostro amable de Jesús (como eljoven rico del Evangelio) nos encontramos con el nuestro propio que no lo estanto.... ¡cuánto nos cuesta aceptarnos, y aceptarle a Él! Miramos a María, nuestra Madre. Ellacontemplaba en su regazo a ese Hijo, y reconoció lo bueno que es Dios. LaVirgen nos llevará por caminos de verdad para extender el bien por todo elmundo.

Ayer3 min
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Domingo IX Tiempo Ordinario - 31.05

DOMINGOIX TIEMPO ORDINARIO. LA SANTÍSIMA TRINIDAD san Juan3, 16-18 Laintimidad de Dios   Todossentimos cierto reparo en mostrar nuestra intimidad. Es lógico. Hay un pudorconnatural, que nos acompaña siempre, y que ha de respetarse, pues cada serhumano tiene el derecho (y el deber) de protegerla. Para algunos, sin embargo,esto puede sonarles a “chino”, ya que van imponiéndose en nuestros ambientesotros “talantes” que muestran las vergüenzas del prójimo (físicas y morales)sin medida alguna ... ¡y así nos va! Da la impresión de haber violado elcarácter sagrado que hay en todo hombre, lo que, precisamente, le haceasemejarse a su Creador. Esa dignidad, cuando es violentada, queda ensombrecidao aniquilada en el fango de la indiferencia y del más puro relativismo. “Lagracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santoesté siempre con todos vosotros”. Hoy celebramos una gran fiesta en la Iglesia:la Santísima Trinidad. ¡Qué distinta es la pedagogía de Dios respecto alcomportamiento del hombre! Mientras que éste, en un abrir y cerrar de ojos,puede echar por tierra su propia dignidad, Dios “ha necesitado” de miles deaños para dar a conocer su intimidad. Si leemos con atención algunos libros delAntiguo Testamento, iremos descubriendo algunas pistas que nos hablan de lo másíntimo de Él. Así, al comienzo del Génesis, se nos presenta ese Espíritu(“Ruah”), que aleteaba sobre la creación, como dando su conformidad a lo queDios había realizado. Posteriormente, tres personajes “extranjeros” sepresentan ante Abraham para profetizarle que iba a tener descendencia... y así,una tras otra, las comparencias de Dios, dando a conocer quién es, van dejandounas huellas precisas, que culminan en la manifestación del Mesías, el VerboEncarnado, el Hijo de Dios, segunda persona de la Santísima Trinidad. “Tantoamó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno delos que creen en él, sino que tengan vida eterna”. Siempre se nos ha dicho queel misterio trinitario de Dios (una sola esencia y tres personas) era de losmás arduos y difíciles para la comprensión humana. Sin embargo, Jesucristo noslo ha hecho mucho más fácil. Para ello, sólo ha empleado el lenguaje del amor.Tú y yo no somos otra cosa, sino el fruto del amor de Dios. Algo que,aparentemente, pudiera resultar tan sencillo como es hablar del amor, seconvierte en un verdadero misterio (o más bien en escándalo o necedad) cuandovemos a ese Hijo de Dios clavado en una Cruz. Esa fue la entrega que hizo DiosPadre a todos los hombres, que aceptó voluntariamente el Hijo, y que propicióla llegada del Espíritu Santo, Señor y dador de Vida, para nuestrasantificación personal. Aprendamosde La Virgen a decir “sí” a Dios, y pocas cosas (por no decir ninguna) nosharán falta entonces... Hija de Dios Padre, Madre de Dios Hijo, Esposa de DiosEspíritu Santo, Templo y Sagrario de la Santísima Trinidad.

31 de may de 20263 min
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Sábado VIII Tiempo ordinario - 30.05

SÁBADOVIII TIEMPO ORDINARIO sanMarcos 11, 27-33 Laverdadera autoridad   Jesústiene la respuesta adecuada a la pregunta sobre la Verdad y del hombre ytambién posee un poder, sobre todo, tanto por ser Dios como por su sacrificioredentor. Una vez resucitado recuerda a sus discípulos: “Me ha sido dado todopoder en el cielo y en la tierra...”. Sinembargo, en nuestro mundo no siempre ambas van unidas. Muchas veces tienen elpoder personas que no son capaces de dar respuestas y que, por lo mismo, acabanretorciendo la realidad y maltratando al hombre. Los regímenes totalitarios sonde este tipo. Sus gobernantes se sienten capaces de preguntar todo y quierenregular hasta las cosas más pequeñas. Disponen de la fuerza para hacerlo, perono pueden apelar ni a la verdad ni al bien para justificar sus decisiones.También nos encontramos, a veces, con una autoridad desprovista de poder. Hayquien tiene verdaderas respuestas para el hombre o una situación, pero no puedehacerlas valer por carecer de la fuerza necesaria. Laetimología de “autoridad” remite a un verbo latino, “augeo”, que significa“hacer crecer”. Tiene autoridad, pues, quien ayuda al crecimiento del otro. Poreso la autoridad es reconocida por sí misma. Un niño la reconoce en sus padresy un alumno en sus maestros. La autoridad se acaba imponiendo por su mismaverdad. Eso no significa que siempre le hagamos caso. Basta pensar en lasenseñanzas de la Iglesia y en la resistencia de algunos frente a ellas. Sinembargo, siempre podemos medir la autoridad por lo que supone de ayuda paranosotros. Así como el poder a veces puede ser opresivo, la autoridad siempre esliberadora. Lo ideal es que caminen juntas, porque el poder, por sí mismo no esmalo. En elEvangelio nos encontramos con unos personajes que se sorprenden por el modo deactuar de Jesús. Éste hacía milagros, hablaba de una manera nueva y se mostrabaen el mundo como Señor de la historia y de los elementos. Quienes le preguntanson personas importantes: sumos sacerdotes, escribas, ancianos… ¿Por qué lohacen? La primera impresión es que pretenden colocar a Jesús por debajo deellos. Quieren saber con la única finalidad de dominar. Es como en la época delos fisiócratas en que se hizo célebre la expresión “saber es poder”. NuestroSeñor desmonta su pretensión. Lo hace con otra pregunta que pretende desmontarla falacia de sus interlocutores. Les interroga sobre el bautismo de Juansabiendo que no le van a responder. Y aquellos no contestan, precisamente,porque no les interesa la verdad sino mantener su influencia y posición. Segúnlo que digan se hacen culpables por no creer y según lo que responda deberánenfrentarse al pueblo. Optan por el silencio que, en este caso, les condena. También ala Virgen se le puede preguntar todo … siempre y cuando estemos dispuestos a laVerdad.

30 de may de 20263 min
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Viernes VIII Tiempo Ordinario - 29.05

VIERNES VIII TIEMPO ORDINARIO sanMarcos 11, 11-26 Administradoresde las gracias de Dios   “Llegarona Jerusalén, entró en el templo y se puso a echar a los que traficaban allí,volcando las mesas de los cambistas y los puestos de los que vendían palomas. Yno consentía a nadie transportar objetos por el templo. Y los instruía,diciendo: - «¿No está escrito: “Mi casa se llamará casa de oración para todoslos pueblos” Vosotros, en cambio, ¿la habéis convertido en cueva de bandidos?»Se enteraron los sumos sacerdotes y los escribas y, como le tenían miedo,porque todo el mundo estaba asombrado de su doctrina, buscaban una manera deacabar con él.” Cada vez que leemos o escuchamos un caso de algún sacerdote queha sido infiel a su ministerio, por muy lejos que sea, nos da una pena enorme.Convertimos la casa de Dios en una casa de bandidos. No sé qué pasará por lacabeza y el corazón de los que hacen verdaderas atrocidades. Comprendemosmuy bien la debilidad humana. Pero cuando cada día un sacerdote tiene entre susmanos indignas al Señor en la Eucaristía, cuando contempla a unos centímetrosla debilidad del Todopoderoso se compromete a cambiar de vida. Los sacerdotessólo son un canal para la gracia de Dios, pero ese canal no puede ni enfangarseni obstruirse. “Que cadauno, con el don que ha recibido, se ponga al servicio de los demás, como buenosadministradores de la múltiple gracia de Dios. El que toma la palabra, quehable palabra de Dios. El que se dedica al servicio, que lo haga en virtud delencargo recibido de Dios. Así, Dios será glorificado en todo, por medio deJesucristo, a quien corresponden la gloria y el poder por los siglos de lossiglos. Amén” Por eso, cuesta entender a un sacerdote que celebra a diario laSanta Misa y traiciona gravemente su sacerdocio. Le pedimos a Dios por todoslos sacerdotes, para que nunca se crean seguros, ni superhombres, ni dueños denada. Que nunca piensen que todos tenemos que ser calvos y gorditos, y que elque más o el que menos es un pecador como cualquiera. Que jamás nos escudemosen los pecados de otros para justificar el nuestro y nunca trasmitamos elpesimismo de tantos que han desesperado de Dios. Los sacerdotes sonadministradores y tienen que hacer de la Iglesia casa de oración. Quenuestra Madre la Virgen, Madre de los sacerdotes, ayude a todos en su Iglesia atrasparentar a Cristo.

29 de may de 20262 min