El Comentario del Día
MARTESVIII TIEMPPO ORDINARIO sanMarcos 10, 28-31 La buenaconciencia “Comohijos obedientes, no os amoldéis más a los deseos que teníais antes, en losdías de vuestra ignorancia”. ¿Han de identificarse nuestros deseos con los deDios? Evidentemente, no. Pues bien, no es para muchos una evidencia enabsoluto. Si algo que considero que me satisface (y pienso que “no hiere alvecino”) estoy en el pleno derecho de exigirlo... y, en primer lugar, a Dios.¿Cuántas veces hemos oído que la Iglesia busca “cortarnos las alas” con tantasprohibiciones “a diestro y siniestro”? Pero ¿qué es eso de que la Iglesia“busca”? Lavoluntad de la Iglesia se identifica con la de Dios... y aquí, no hay “trampani cartón”. No existe ninguna institución en el mundo donde la presunción deinocencia se opere, con tanta radicalidad, como en la Iglesia. Uno puede ir alsacramento de la confesión, por ejemplo, y echarle la culpa a otro de susmales, y el sacerdote presupondrá que esa persona actúa con rectitud deintención, aunque el penitente no sea en absoluto sincero. Por encima de lamediación de la Iglesia (nunca podemos olvidarlo) se encuentra la propiaconciencia donde, en último término, sólo se encuentran Dios y esa persona. ¿Cuál esel problema? Sencillamente, que nos gustaría que la Iglesia se identificara connuestros caprichos, de la misma manera que, en tantas ocasiones, y dependiendode las circunstancias, fabricamos un dios a nuestra imagen y semejanza. Lo dicemuy claramente san Pedro: “El que os llamó es santo; como él, sed tambiénvosotros santos en toda vuestra conducta”. Así pues, no se trata de que Diossea santo como yo lo soy, sino todo lo contrario. ¿De qué sirve llorar ante una“experiencia mística”, cuando, de verdad, lo que nos pide Dios es más docilidady más normalidad en nuestra conducta? “Muchosprimeros serán últimos, y muchos últimos primeros”. En ese trastocar(consciente o inconscientemente) lo que le corresponde a Dios y a nosotros,hay, en definitiva, un problema con la verdad. La afectividad se ha apoderadode nuestra razón, y a ver quién demuestra lo contrario. Parece que se hubierapuesto un gigantesco cartel en las nubes que dijera: “Todo vale cuando se tratade contradecir la voluntad de Dios, ahora bien, que nadie se atreva a llevarmela contraria”. Pero, ciertamente, más que en las nubes, Dios se encuentra ennuestros corazones, aunque se encuentren un tanto endurecidos... La Virgenlos transformará en carne si somos capaces de decir, tal y como dijo un díaElla: “He aquí la esclava del Señor”.
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