Guiones y guionistas
El artículo 787. ¿Quieres tener razón o quieres mejorar el guion? [https://cursosdeguion.com/787-quieres-tener-razon-o-quieres-mejorar-el-guion/] se publicó primero en Academia Guiones y guionistas [https://cursosdeguion.com]. Todos los guionistas dicen que quieren recibir notas sobre sus guiones. Hasta que las reciben. Porque una cosa es pedir opiniones y otra muy distinta escuchar que una escena no funciona, que un personaje no conecta o que el segundo acto se hace largo. En ese momento aparecen emociones que rara vez asociamos con la escritura: frustración, orgullo, inseguridad o incluso ganas de discutir. Pero ¿y si el verdadero problema no fueran las críticas sino nuestra forma de reaccionar ante ellas? Inspirado en las ideas de Adam Grant en Think Again, en este episodio vamos a hablar de cuatro personajes que aparecen una y otra vez cuando un guionista recibe comentarios sobre su trabajo: el predicador, el fiscal, el político y el científico. Y veremos por qué uno de ellos puede convertirse en el mejor aliado de cualquier reescritura. En la Academia Guiones y guionistas tenemos una masterclass nueva: “El One-Pager de Guion” [https://cursosdeguion.com/curso/masterclass-para-guionistas/]con la que aprenderemos a condensar una idea de película o serie en una sola página clara, atractiva y persuasiva. Es una herramienta clave para vender un proyecto cuando tienes que conseguir llamar la atención en poco tiempo. Ya está disponible para los suscriptores de los niveles Crecimiento o Profesional de la Academia. [https://cursosdeguion.com/academia-guiones-y-guionistas/] Y hay algunos guionistas que me están preguntando si este año voy a hacer consultorías sobre las Ayudas del ICAA. Sí, ya las estoy haciendo. Si quieres una, me escribes a davidestebancubero@gmail.com [davidestebancubero@gmail.com] y te digo cómo. Pero hazlo cuanto antes porque ya estoy agendando muchas y todavía tengo que hacer las de los que hicieron el taller de preparación a las Ayudas. Avisado quedas. EL MOMENTO MÁS ATERRADOR DESPUÉS DE ESCRIBIR UN GUION Hay un momento en la vida de cualquier guionista que genera una mezcla muy concreta de emociones: esperanza, ansiedad, miedo y una repentina necesidad de revisar el correo cada pocos minutos. Es el instante en el que envías tu guion a otra persona para recibir comentarios. Puede ser un amigo, un compañero de taller, un profesor, un productor o un script doctor. Da igual quién sea. El ritual suele ser el mismo: mandas el PDF, haces como que sigues con tu vida y finges una tranquilidad completamente falsa. Lo curioso es que uno cree que quiere sinceridad absoluta, pero no es exactamente verdad. Lo que en realidad espera escuchar es algo mucho más específico: “Me ha encantado. No cambiaría nada”. Es una expectativa bastante razonable si hablamos de una pizza. Menos razonable si hablamos de un primer borrador. Y entonces llega el mensaje. “Me ha gustado… pero”. En ese instante ocurre algo fascinante. El cerebro del guionista borra automáticamente el “me ha gustado” y amplifica el “pero” como si fuese el único diálogo importante de la escena. Puedes recibir diez elogios y una crítica, y adivina cuál será la frase que recordarás mientras te duchas esa noche. Exacto. Hace poco leí una idea del libro Think Again, de Adam Grant. Grant explica que las personas cambiamos constantemente entre cuatro modos mentales: el predicador, el fiscal, el político y el científico. Son formas diferentes de pensar, discutir y reaccionar cuando nuestras ideas entran en conflicto con las de otros. Mientras leía el libro pensé algo que me hizo sonreír. Adam Grant probablemente no estaba pensando en guionistas cuando escribió estas páginas. Pero la teoría encaja perfectamente con lo que sucede cuando recibimos notas sobre nuestros guiones. Porque el problema rara vez es la crítica. El problema suele ser el personaje en el que nos convertimos cuando la escuchamos. EL GUIONISTA PREDICADOR: “NO HABÉIS ENTENDIDO MI VISIÓN” El primero de estos personajes es el predicador. El predicador aparece cuando el guion deja de ser un texto y se transforma en una especie de religión personal. Ya no estamos hablando de escenas, estructura o personajes. Estamos defendiendo una verdad sagrada. Seguro que has vivido alguna conversación parecida. Alguien te dice que no termina de entender una decisión del protagonista y tú respondes que está hecha a propósito. Te comentan que el segundo acto se hace un poco largo y explicas que es una decisión narrativa consciente. Te dicen que no conectan con el personaje principal y aclaras que precisamente la película habla de la incomunicación. En ese momento, la sesión de notas deja de parecer una conversación y empieza a parecer una ceremonia religiosa. El objetivo ya no es descubrir si la crítica tiene algo de razón. El objetivo es defender el guion. El gran problema del modo predicador es que suele confundir intención y resultado. Nosotros sabemos perfectamente lo que queríamos contar. Conocemos la biografía completa del personaje. Sabemos qué siente en cada escena. Entendemos cada símbolo, cada subtexto y cada decisión narrativa. Pero el lector solo tiene acceso a una cosa: las páginas que le hemos dado. Todos hemos conocido a ese guionista que responde una crítica sencilla con una explicación de diez minutos sobre el pasado oculto del personaje o sobre una revelación que aparecerá más adelante. Y mientras escuchamos esa explicación surge una pregunta incómoda: si todo eso es tan importante, ¿por qué no estaba claro en el guion? EL GUIONISTA FISCAL: “VOY A DEMOSTRAR QUE TU NOTA ESTÁ MAL” El segundo personaje es el fiscal. Si el predicador quiere defender una verdad, el fiscal quiere ganar un juicio. Cuando recibe una nota, no intenta comprenderla. Intenta desmontarla. Quiere encontrar contradicciones, errores o imprecisiones en el razonamiento de quien la formula. Escucha una crítica y comienza inmediatamente un interrogatorio. Si alguien dice que no termina de creer la historia de amor, el fiscal pregunta en qué escena exactamente. Si la respuesta es general, insiste. Quiere ejemplos concretos. Quiere pruebas. Quiere datos. Quiere convertir una impresión subjetiva en un informe pericial. Lo curioso es que muchas veces el fiscal es brillante. Tiene razón en muchas de sus observaciones. Puede demostrar que la crítica está mal formulada. Puede encontrar contradicciones en el argumento del lector. Incluso puede ganar la discusión. Pero aquí aparece una de las trampas más peligrosas de la reescritura. Ganar una discusión no significa necesariamente mejorar una película. Porque una persona puede explicar muy mal una sensación y, aun así, estar detectando un problema real. Quizá no sabe expresar por qué no conecta con un personaje. Quizá no puede identificar exactamente dónde se rompe el interés. Pero el hecho de que no sepa diagnosticar el problema no significa que el problema no exista. EL GUIONISTA POLÍTICO: “VOY A CAMBIARLO TODO” En el extremo contrario encontramos al político. Y al principio suele parecer la persona ideal para trabajar. Acepta todas las notas. Escucha todas las opiniones. Está de acuerdo con todo el mundo. Parece flexible, colaborador y abierto al cambio. Sin embargo, detrás de esa actitud se esconde otro problema. El político no está intentando descubrir qué necesita el guion. Está intentando agradar a todas las personas que opinan sobre él. Escucha a un amigo y cambia una escena. Escucha a otro lector y modifica un personaje. Habla con un productor y reescribe el final. Lee un comentario en redes sociales y altera el tono de la historia. Poco a poco, el guion empieza a parecer una obra escrita por un comité. Una especie de Frankenstein narrativo construido a partir de opiniones ajenas. El problema es que las notas rara vez apuntan todas en la misma dirección. Un lector pide más humor. Otro quiere menos. Uno quiere más acción. Otro más profundidad psicológica. Uno piensa que el protagonista es demasiado frío. Otro cree que es excesivamente emocional. El político intenta satisfacer a todos. Pero una historia diseñada para gustar a todo el mundo suele acabar sin entusiasmar a nadie. EL GUIONISTA CIENTÍFICO: EL MEJOR SCRIPT DOCTOR DE SÍ MISMO Y llegamos al cuarto personaje: el científico. Según Adam Grant, este es el modo mental más útil porque cambia una pregunta fundamental. El científico no escucha una crítica pensando que la otra persona está equivocada. Tampoco asume automáticamente que tiene razón. Su reacción es mucho más interesante. Se pregunta qué puede aprender de esa observación. En lugar de defender una posición, formula una hipótesis. En lugar de buscar culpables, busca información. El científico entiende algo fundamental para cualquier proceso de reescritura: la solución que propone un lector puede ser mala, pero el problema que ha detectado puede ser muy real. Imagina que alguien te dice que el protagonista debería tener un perro. La sugerencia puede parecer absurda. Quizá tu historia no necesita ningún perro. Quizá incluso empeoraría la película. Pero el científico no se queda en la superficie de la nota. Intenta averiguar qué hay detrás. ¿Por qué esa persona siente la necesidad de darle un perro al protagonista? Tal vez percibe que el personaje es demasiado frío. Tal vez necesita verlo cuidar de alguien. Tal vez echa en falta una faceta más vulnerable. De repente descubres que el perro nunca fue la solución. El perro era simplemente una pista. UNA REGLA DE ORO PARA ESCUCHAR NOTAS Existe una regla que muchos lectores y script doctors repiten desde hace años. Cuando tres personas distintas señalan el mismo problema, probablemente el problema existe. Pero cuando tres personas distintas proponen exactamente la misma solución, probablemente la solución no sea lo importante. Los espectadores suelen ser extraordinariamente buenos detectando síntomas. Perciben cuándo una escena no funciona, cuándo un personaje no conecta o cuándo una historia pierde energía. Lo que ya resulta más complicado es identificar con precisión por qué ocurre. Por eso escuchar notas no consiste en obedecerlas ni en rechazarlas. Consiste en interpretarlas. Igual que un detective busca pistas en una investigación, el guionista debe buscar pistas dentro de los comentarios que recibe. CONCLUSIÓN: REESCRIBIR TAMBIÉN ES APRENDER A CAMBIAR DE OPINIÓN La próxima vez que alguien critique tu guion, intenta observar qué personaje aparece primero. Quizá descubras a un predicador defendiendo cada decisión como si fuese un dogma. Quizá aparezca un fiscal dispuesto a desmontar cualquier argumento. Tal vez surja un político ansioso por agradar a todo el mundo. Y, con un poco de suerte, también aparecerá el científico. No porque sea perfecto, ni porque tenga menos ego o sea más inteligente. Sino porque entiende que cada borrador es una hipótesis y que el trabajo del guionista consiste en ponerla a prueba. Al final, reescribir no consiste en proteger la primera versión de una historia. Consiste en descubrir si existe una versión mejor esperando un poco más adelante. Y esa idea puede resultar incómoda. Porque muchos empezamos a escribir para demostrar que teníamos razón. Pero con los años descubrimos algo mucho más útil: que crecer como guionistas consiste, muchas veces, en aprender a cambiar de opinión. Y pocas habilidades son tan valiosas para una reescritura como esa. El artículo 787. ¿Quieres tener razón o quieres mejorar el guion? 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