IrreverenteMENTE
No estás apegado porque amas. Estás apegado porque no sabes soltar. Te quedas aunque te duela, aunque te desgaste, aunque te rompa. Y lo justificas. “Es que lo quiero”. No. Es que no sabes quién eres sin eso. El apego no es bonito. Es ansiedad, es miedo, es dependencia. Y lo más incómodo: no estás perdiendo a alguien… estás perdiendo una parte de lo que creías que eras. Por eso duele tanto.
18 episodios
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