La arquitectura no es una caja

E66. Se dice de mí

52 min · 22 de jun de 2026
Portada del episodio E66. Se dice de mí

Descripción

Hay una frase que debería preocuparnos más que cualquier ausencia en una reunión: los brillantes se están yendo. Se van a empresas, a centros privados, a otros países, a lugares donde su tiempo vale algo y donde su inteligencia no se mide por la cantidad de actas que soportan sin morder a nadie. Mientras tanto, dentro de la universidad, seguimos confundiendo compromiso con obediencia, vocación con sacrificio inútil y excelencia con buena burocracia. Este episodio va de reuniones eternas, camisetas emocionales, guardianes del acta, funcionarios del gesto y esa extraña capacidad institucional para premiar a quien aguanta más, no necesariamente a quien piensa mejor. Porque si la universidad no cambia, quizá no se quede con los mejores. Quizá se quede con los que asisten a todo, rellenan todo, sonríen en todo y jamás preguntan si algo tiene sentido. Y eso, aunque venga con sello oficial, no es excelencia. Es una tragedia administrativa con café malo.

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69 episodios

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E69. Se necesita tocacojones acreditado

Nos enseñaron a obedecer, a adaptarnos, a esperar nuestro turno y a aceptar que algunas cosas “siempre se hicieron así”. Pero ¿qué pasa cuando la norma ya no sirve, el sistema dejó de pensar y quedarse quieto empieza a ser más peligroso que equivocarse? En este episodio hablamos de Shackleton atrapado en un hielo que seguía moviéndose, de Elon Musk mirando los restos de un cohete destruido, de una célula sintética que algunos se negaron a considerar biología, de Francisco Mojica y una idea rechazada antes de cambiar la ciencia, de un sándwich mixto que no existía porque el programa no tenía botón y de Black Mountain College, una universidad nacida del hartazgo y la mala hostia. Pero, sobre todo, hablamos de esas personas incómodas que preguntan por qué, desafían lo establecido y, cuando nadie sabe responder, se atan la cinta en la cabeza y salen igual. Porque no hacer nada también es una decisión. Y quizá el futuro no necesite más gente obediente. Quizá se necesita tocacojones acreditado.

13 de jul de 20261 h 4 min
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E68. Sigo enamorado

Un error de horario hizo que entrara en una clase de Arquitectura con un libro de Anatomía bajo el brazo. Salí de allí decidido a dejar Medicina. Fue un amor a primera vista, extraño, accidental y definitivo. Más de veinticinco años después, la pregunta ya no es cómo me enamoré de la arquitectura, sino qué estamos haciendo para que tantos estudiantes dejen de quererla. Hemos convertido la pasión en créditos, el entusiasmo en rúbricas y la vocación en una carrera de resistencia hecha de entregas, noches sin dormir y rituales que nadie se atreve a cuestionar. Este episodio habla de cómo nace una vocación, de cómo puede apagarse y de nuestra responsabilidad como profesores. Porque enseñar arquitectura no consiste solo en transmitir técnicas, normas y herramientas. También debería significar enseñar a mirar, a descubrir y a desear. Sigo enamorado de la arquitectura. Lo que no sé es si todavía estamos enseñando a enamorarse de ella.

6 de jul de 202643 min
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E67. Yo sobreviví a un estudio de arquitectura

Yo sobreviví a un estudio de arquitectura. Y no, no hablo de maquetas bonitas, renders heroicos ni arquitectos mirando al horizonte con casco blanco. Hablo de otra cosa. De estudiantes que entran a aprender y terminan sirviendo café al ego. De estudios famosos donde tu mayor contacto con la arquitectura es cambiar capas a las tres de la mañana. De oficinas pequeñas donde aprendes más en tres meses que en media carrera. Y también de auténticas fábricas de hacer edificios como chorizos. Sí, chorizos. Con ladrillos, normativa exprimida, paredes al límite legal y armarios tan estrechos que hasta las perchas entraban de lado, pidiendo perdón. Este episodio va de la cocina real de la arquitectura. De obra. De explotación. De maestros que saben más de hormigón que muchos conferenciantes de “habitar”. De esa profesión capaz de hablar de humanidad mientras maltrata a quienes la producen. Y también va de una pregunta incómoda: ¿cuántos talentos brillantes abandonaron la arquitectura no porque no valieran, sino porque la arquitectura los trituró antes de tiempo? Yo sobreviví a un estudio de arquitectura. Pero el problema no es haber sobrevivido. El problema es que todavía haya que sobrevivir.

29 de jun de 202645 min
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E66. Se dice de mí

Hay una frase que debería preocuparnos más que cualquier ausencia en una reunión: los brillantes se están yendo. Se van a empresas, a centros privados, a otros países, a lugares donde su tiempo vale algo y donde su inteligencia no se mide por la cantidad de actas que soportan sin morder a nadie. Mientras tanto, dentro de la universidad, seguimos confundiendo compromiso con obediencia, vocación con sacrificio inútil y excelencia con buena burocracia. Este episodio va de reuniones eternas, camisetas emocionales, guardianes del acta, funcionarios del gesto y esa extraña capacidad institucional para premiar a quien aguanta más, no necesariamente a quien piensa mejor. Porque si la universidad no cambia, quizá no se quede con los mejores. Quizá se quede con los que asisten a todo, rellenan todo, sonríen en todo y jamás preguntan si algo tiene sentido. Y eso, aunque venga con sello oficial, no es excelencia. Es una tragedia administrativa con café malo.

22 de jun de 202652 min