Sobre el arte de adivinación: el oráculo de Delfos
Oh, sibila de Delfos: canta, revela, sueña. Comparte como el ruiseñor esos misterios antiguos para libres concitar la claridad interior y la concordia en nuestras relaciones. Pues oculta en ese coro de aves permanece la bondad descrita en la ruta de migración, en el misterio de lo invisible. Secretos que trazan los alisios más allá del sendero pintado en nubes y ánforas: el encuentro amoroso. Entre jardines de lavanda y nomeolvides. Traduce la ornitomancia a través de la vitalidad compasiva de los hexámetros griegos. Junto con las dríades protectoras y liberadoras que nos otorgan bienaventuranza al favorecer la metamorfosis del miedo en amor benevolente. ¿Qué busca mi corazón? A pesar del miedo radical que sentimos frente al curso de la naturaleza. Cada día atenazados bajo la sensación de ser insuficientes, erróneos, culpables, melancólicos; bajo la sensación de estar vacíos, aburridos, solos, sedientos, perpetuamente cansados. Anhelamos una certeza frente a lo transitorio: —En esa toma de conciencia que va más allá de la noche oscura —dijo la sibila en el enigmático lenguaje de las aves—, conviértete en lo que ya eres. Arranca las espinas de tus manos palomas. Ya que el don de la clarividencia proviene del autoconocimiento, de la intuición del Uno, cuando somos capaces de experimentar la presencia natural, sanadora.
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