Soñar con los pies
En una sociedad tradicional y machista como la quiteña del siglo XX y XXI, dos mujeres nunca dejaron de hacer lo que más les gustaba: bailar. Elbita (82), bailó tango junto a su fallecido esposo. Cuando él muere ella decide seguir bailando, tomó clases y se preparó para la milonga. Clarita Rodríguez (73) bailó desde siempre, pero en 2018 empezó a tomar clases de salsa y bachata y desde entonces frecuenta, siempre que puede, espacios de baile como “Salsa al parque” y “Salsa en el Solar”. Buscamos entender por qué la gente mayor baila. No hay muchos espacios para que la gente mayor sea visible. La vida pública desaparece junto con la jubilación y el baile es uno de los pocos espacios donde las personas de la tercera edad son visibles. El baile también es uno de los pocos espacios de encuentro y convivencia intergeneracionales.
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