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Creo en el Dios CONOCIBLE

41 min · Ayer41 min
portada del episodio Creo en el Dios CONOCIBLE

Descripción

La declaración «Creo en Dios» es el reconocimiento de un misterio profundo: Dios es incomprensible, pero gloriosamente conocible. Su esencia es tan vasta, trascendente y suprema que nuestras mentes finitas jamás podrán abarcarla; pretender contener su infinitud en nuestro entendimiento sería como intentar vaciar el océano en un vaso de agua. No obstante, este Dios que habita en luz inaccesible se ha inclinado hacia nosotros, haciéndose conocible al revelarse en las obras de la creación, en la autoridad de su Palabra escrita y, de forma suprema, en la encarnación de su Hijo, Jesucristo. Este conocimiento posee una doble virtud: humilla la mente al exponer nuestra pequeñez y limitaciones frente a la Majestad divina, pero simultáneamente la bendice e ilumina con la verdad pura, rescatándonos de las sombras de la superstición, el error y el fanatismo. Al confesar «Creo», nuestra respuesta no es el análisis frío, sino el asombro y la alabanza desbordante, pues al conocer a aquel que nos creó y redimió, descansamos en la seguridad de que el Dios Soberano del Credo es, por gracia, nuestro Padre y nuestro bien supremo.

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Creo en el Dios CONOCIBLE

La declaración «Creo en Dios» es el reconocimiento de un misterio profundo: Dios es incomprensible, pero gloriosamente conocible. Su esencia es tan vasta, trascendente y suprema que nuestras mentes finitas jamás podrán abarcarla; pretender contener su infinitud en nuestro entendimiento sería como intentar vaciar el océano en un vaso de agua. No obstante, este Dios que habita en luz inaccesible se ha inclinado hacia nosotros, haciéndose conocible al revelarse en las obras de la creación, en la autoridad de su Palabra escrita y, de forma suprema, en la encarnación de su Hijo, Jesucristo. Este conocimiento posee una doble virtud: humilla la mente al exponer nuestra pequeñez y limitaciones frente a la Majestad divina, pero simultáneamente la bendice e ilumina con la verdad pura, rescatándonos de las sombras de la superstición, el error y el fanatismo. Al confesar «Creo», nuestra respuesta no es el análisis frío, sino el asombro y la alabanza desbordante, pues al conocer a aquel que nos creó y redimió, descansamos en la seguridad de que el Dios Soberano del Credo es, por gracia, nuestro Padre y nuestro bien supremo.

Ayer41 min
episode Creo en DIOS, confío en Dios, confieso a Dios artwork

Creo en DIOS, confío en Dios, confieso a Dios

La declaración «Creo en Dios» no es una suposición vacilante, ni el producto de un sentimentalismo voluble o el refugio del pensamiento mágico; es, en la fe cristiana, un acto de la voluntad cimentado en la revelación objetiva. Creo porque CONOZCO, pues no hay fe verdadera sin conocimiento de Dios, un conocimiento real de la Divinidad que el Espíritu sella en el corazón. Este conocimiento no permanece como una teoría árida, sino que se transforma en una convicción vital: creo y por eso CONFÍO, depositando mi existencia entera en la soberanía y fidelidad de Aquel que se ha revelado como Padre Todopoderoso. Esta confianza desemboca naturalmente en la adoración, pues creo y eso CELEBRO, reconociendo que el fin principal del hombre es glorificar a Dios y gozar de Él para siempre. Finalmente, esta fe tiene una dimensión pública y eclesial: creo y esto CONFIESO, uniendo mi voz a la nube de testigos que, a través de los siglos y bajo la guía del Credo Niceno, proclaman la verdad inmutable del Dios Trino frente a un mundo en constante cambio que necesita la luz de la verdad y el conocimiento del Dios verdadero.

Ayer47 min
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Ponte águila, ponte trucha

En el argot popular, esta expresión es un llamado a la alerta. Para el creyente, una actitud y virtud necesaria es la cautela. Definimos la cautela como el ejercicio donde, con estricto examen y en alerta permanente, cuidamos nuestra conducta y nuestra mente. La vida cristiana no es un paseo pasivo; es una milicia. La cautela debe sumarse a la perseverancia para no desmayar, a la sobriedad para juzgar rectamente, y a la diligencia para actuar con prontitud. Nuestro Señor Jesús utilizó frecuentemente el imperativo "Mirad", una señal de alarma que nos obliga a mantener la guardia alta para no ser desviados del Reino de los Cielos. He aquí cuatro frentes donde debemos ponernos en actitud "águila" y en modo "trucha": 1. Cautela con la incongruencia - "MIRAD, pues, cómo oís; porque a todo el que tiene, se le dará; y a todo el que no tiene, aun lo que piensa tener se le quitará." (Lucas 8:18) - No basta con estar expuestos a la Palabra; debemos examinar cómo la recibimos. La incongruencia nace cuando oímos con ligereza, sin permitir que la verdad penetre el corazón. El juicio de Dios es severo: quien desprecia la luz que tiene, acabará en tinieblas, perdiendo incluso la apariencia de espiritualidad que creía poseer. 2. Cautela con la avaricia - "MIRAD, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee." (Lucas 12:15) - Debemos estar "truchas" ante la sutil mentira de que nuestra dicha, seguridad o valor dependen de nuestras posesiones. La cautela aquí actúa como un centinela que nos recuerda nuestra total dependencia de la providencia divina, cortando de raíz el deseo insaciable de acumular lo que es temporal. 3. Cautela con los engañadores - "MIRAD que no seáis engañados; porque vendrán muchos en mi nombre... Mas no vayáis en pos de ellos." (Lucas 21:8) - En un mundo de relativismo y falsos maestros, la cautela es vital. Debemos filtrar todo mensaje a través de la Sola Scriptura. El engañador no siempre viene con cuernos, a veces viene con Biblia en mano pero sin Cristo en el centro. Estar alerta significa discernir los tiempos y las voces, rehusando seguir cualquier camino que se aparte de la sana doctrina. 4. Cautela con la mundanalidad - "MIRAD también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida..." (Lucas 21:34) - La mundanalidad no es solo el pecado abierto, sino el entorpecimiento del alma por las ansiedades y placeres de este siglo. La cautela nos advierte que un corazón "cargado" es un corazón que no puede vigilar. Si estamos demasiado absortos en lo terrenal, el día del Señor nos sorprenderá como un lazo. VELANDO EN SOBRIEDAD La cautela es, en última instancia, el antídoto contra el sueño espiritual. Como hijos de la luz, nuestra postura debe ser de expectativa activa y autocontrol constante. No podemos permitirnos el lujo de la negligencia espiritual mientras el mundo duerme en su ignorancia. "Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios." (1 Tesalonicenses 5:6) - Ponte águila, ponte trucha. Que tu examen sea estricto, tu alerta sea permanente y tu vida sea un testimonio de que el Rey está a las puertas.

12 de may de 202635 min
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Los ebrios no ganan batallas

SOBRIOS PARA LA BATALLA “sed sobrios y velad” (1 Pedro 5:8) no es sugerencia, es estrategia de guerra. La sobriedad, en su esencia, no se limita a la abstinencia de sustancias, sino que se define así: cuando no somos dominados por el mal, sino por la santidad y el gozo de Cristo. El ebrio —sea de vino, de pasiones o de su propio ego— pierde la lucidez del alma, y un corazón sin gobierno es plaza abierta para el enemigo. El ebrio, en su necedad y desesperación, los bebe todos los vicios y deleites carnales. Pero el cristiano sobrio, gobernado por el Espíritu (Efesios 5:18), camina con mente clara y afectos ordenados, no anestesiado por el mundo sino vivificado por la gracia. Nadie conquista tentaciones dormido, ni vence el pecado con los sentidos embotados; la santidad no florece en la niebla, sino en la vigilante claridad de un alma rendida a Cristo, donde el gozo no embriaga para perderse, sino que fortalece para pelear y perseverar.

6 de may de 202639 min
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Un cristiano NO DESERTA

La perseverancia es la gracia de Dios obrando en el creyente para perseguir la madurez con determinación, una determinación que se traduce en permanencia firme y aguante paciente en medio de pruebas, sequedades y combates del alma. Como está escrito: “el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Filipenses 1:6). Perseverar es el llamado a la milicia santa; hay cruz, disciplina y esperanza. Así, el creyente avanza —a veces cojeando, pero jamás retrocediendo—, porque ha sido tomado por una mano que no suelta. Desertar sería negar la fidelidad de Aquel que sostiene; perseverar es, en última instancia, la evidencia de que estamos siendo verdaderamente sostenidos por aquél que es poderoso y fiel, quien multiplica nuestras fuerzas y en Su victoria nos ayuda a prevalecer.

5 de may de 202633 min