🎧 Buscar la idea sencilla que puedas probar ya en lugar de la idea perfecta que nunca llega: la historia de Esteban, oficial de mantenimiento industrial
Buscar la idea sencilla que puedas probar ya en lugar de la idea perfecta que nunca llega es una de esas decisiones que parece pequeña cuando la tomas y que con el tiempo resulta ser la más importante que podrías haber tomado.
Porque la idea perfecta tiene una característica muy concreta que casi nadie nombra: no existe.
No existe ahora, no va a existir dentro de tres meses aunque sigas pensando y no va a existir el año que viene aunque hagas más cursos, leas más libros y des más vueltas en tu cabeza a lo que podrías hacer.
Lo que sí existe, en cambio, es una idea sencilla que tienes ahora mismo, que está relacionada con algo que ya sabes hacer bien y que puedes probar sin necesitar nada más de lo que ya tienes hoy.
Esa idea no es perfecta, eso es verdad, pero tiene algo que la idea perfecta nunca va a tener: existe de verdad y puede salir de tu cabeza y convertirse en algo real si decides darle una oportunidad.
La pregunta ¿cómo buscar una idea sencilla en lugar de esperar la idea perfecta que paraliza? tiene una respuesta muy concreta, y es dejar de preguntarte cuál es la mejor idea posible y empezar a preguntarte cuál es la idea más pequeña que puedas probar esta semana sin complicarte la vida.
En el episodio de hoy te cuento la historia de Esteban, oficial de mantenimiento industrial con veinticinco años de experiencia, que pasó tres meses buscando el formato perfecto, el canal perfecto y el tema perfectamente definido sin hacer nada, hasta que un domingo por la tarde dejó de buscar la idea perfecta y se preguntó algo mucho más sencillo.
Lo que pasó en las cuatro semanas siguientes lo cambió todo, no porque hiciera algo extraordinario sino precisamente porque dejó de buscar lo extraordinario y empezó con lo más sencillo que tenía a mano.
Hay una parte sobre lo que ocurre cuando publicas algo imperfecto y dejas que la realidad te diga si tiene sentido seguir, que igual te hace ver el tiempo que llevas dando vueltas desde un ángulo completamente distinto.
Escucha el episodio porque hay algo dentro que lleva tiempo esperando que lo escuches.
¿Por qué la idea perfecta es la excusa más cara que existe?
Hay una diferencia muy concreta entre buscar la idea perfecta y buscar una idea que funcione, y esa diferencia no está en la calidad de la idea sino en lo que ocurre mientras buscas.
Quien busca la idea perfecta no hace nada mientras busca, porque ninguna idea que encuentre va a cumplir todos los requisitos que se ha puesto, y siempre va a haber algún motivo por el que esperar un poco más antes de empezar.
Quien busca una idea que funcione empieza, aprende mientras hace y ajusta a partir de lo que la realidad le enseña, que es la única manera de aprender lo que ningún libro ni ningún curso puede enseñar.
Por qué buscar la idea perfecta paraliza a quien más tiene para ofrecer se entiende exactamente aquí, porque las personas con más experiencia son las que más criterio tienen para evaluar ideas, y ese criterio les hace ver todos los defectos de cualquier idea que se les ocurre antes de darle una oportunidad.
¿Qué tiene de especial una idea sencilla frente a una idea perfecta?
Una idea sencilla tiene tres características que la hacen infinitamente más valiosa que la idea perfecta.
La primera es que existe, y algo que existe puede mejorarse, ajustarse y crecer, mientras que algo que solo existe en la cabeza no puede hacer nada de eso.
La segunda es que se puede probar rápido, con lo que ya se tiene y sin necesitar nada más, lo que permite obtener información real sobre si funciona antes de haber invertido meses de trabajo en ella.
La tercera es que genera aprendizaje real, el tipo de aprendizaje que no viene de pensar sino de hacer y de ver qué ocurre cuando algo sale de la cabeza y llega a alguien que lo necesita.
¿Por qué una idea sencilla que puedes probar ya vale más que la idea perfecta que nunca llega?
Esta pregunta tiene una respuesta, y es que la única manera de saber si una idea funciona es probarla, y la única manera de probarla es que exista fuera de tu cabeza.
La frase que lo resume todo
Hay domingos por la tarde en que la cabeza da vueltas y vueltas a lo mismo sin llegar a ningún sitio, y en algún momento de esa espiral aparece la sensación de que si siguieras dando vueltas un poco más quizás encontrarías la claridad que llevas buscando.
Esa claridad no llega dando más vueltas, llega haciendo algo.
Hay una frase que lo resume mejor que cualquier argumento que yo pudiera construir:
“No busques la idea perfecta, busca una idea sencilla que puedas probar esta semana sin complicarte la vida.”
No te pide que abandones el criterio, que publiques cualquier cosa sin pensar o que bajes el nivel de lo que quieres hacer.
Te pide que cambies la pregunta, que en lugar de preguntarte cuál es la mejor idea posible te preguntes cuál es la idea más sencilla que puedes probar con lo que ya tienes, y que esa pregunta, por simple que parezca, lo cambia todo.
La historia de Esteban
Esteban tiene 53 años y lleva más de veinticinco trabajando como oficial de mantenimiento industrial en una planta de producción.
Su trabajo consiste en mantener operativa la maquinaria de una planta que no puede parar, en diagnosticar averías en tiempo real y en encontrar soluciones cuando el tiempo apremia y no hay margen para el error.
Para la empresa era imprescindible.
Para él era su trabajo de siempre, tan cotidiano que llevaba años sin ver el valor que tenía.
La frase que lo cambió todo
Un sobrino suyo, estudiante de ingeniería industrial, le pidió ayuda para entender un sistema de detección de averías que habían visto en clase pero que nadie le había sabido explicar con claridad.
Esteban le explicó en cuarenta minutos lo que el sobrino llevaba semanas intentando entender, y el sobrino le dijo algo que se le quedó grabado:
—”Tío, deberías enseñar esto, lo explicas mejor que los profesores.”
Esteban se rió, pero esa frase no se fue.
Los tres meses de vueltas sin avanzar
Empezó a darle vueltas a la idea de compartir lo que sabía, pero no sabía exactamente en qué formato, en qué canal ni con qué enfoque exactamente.
Buscó el formato perfecto, el canal perfecto y el tema perfectamente definido durante tres meses sin publicar nada, sin compartir nada y sin dar ningún paso concreto porque ninguna opción le parecía suficientemente buena todavía.
Por qué buscar la idea perfecta es la excusa más cara que existe lo vivió Esteban en esos tres meses, porque mientras buscaba la claridad perfecta, la claridad que buscaba solo podía llegar haciendo algo que todavía no había hecho.
El domingo que cambió la pregunta
Un domingo por la tarde, harto de dar vueltas sin avanzar, Esteban dejó de preguntarse cuál era el formato perfecto y se preguntó algo mucho más sencillo:
—¿Cuál es la cosa más pequeña que puedo hacer hoy con lo que ya sé?
La respuesta fue inmediata: escribir un artículo explicando cómo diagnosticar la avería más común que encontraba cada semana en la planta, de manera tan sencilla que cualquier técnico con menos experiencia pudiera entenderlo y aplicarlo.
Tardó una hora y veinte minutos, lo publicó en LinkedIn y no sabía si le iba a interesar a alguien.
Pero existía, y eso era radicalmente diferente a los tres meses anteriores.
Lo que pasó cuando algo imperfecto llegó a alguien real
En cuatro días tuvo veintidós comentarios de técnicos de mantenimiento de toda España que le decían que ese artículo describía exactamente el problema que ellos veían cada semana y que nunca habían visto explicado de esa manera.
Uno le preguntó si tenía más contenido, otro si daba formación y un tercero dijo que lo iba a compartir con todo su equipo.
Esteban no tenía nada más, pero tenía algo que una semana antes no tenía: la certeza de que lo que sabía tenía valor fuera de la planta donde lo había estado usando durante veinticinco años.
Lo que construyó con una idea sencilla repetida
Siguió escribiendo, no siempre artículos largos, a veces un párrafo, a veces una respuesta a un comentario que se convertía en otro artículo, siempre sobre lo que ya sabía y siempre sin buscar la idea perfecta sino la idea más útil que podía compartir con lo que ya tenía.
Seis meses después tenía ochenta y tres publicaciones, una comunidad de más de cuatro mil técnicos que le seguían y su primera consultoría de pago con una empresa que necesitaba revisar sus protocolos de mantenimiento preventivo.
No dejó su trabajo, no montó una academia y no buscó la idea perfecta.
Buscó la idea más sencilla que podía probar, la probó, vio que funcionaba y la repitió.
Lo que Esteban le diría a quien lleva meses dando vueltas
Cuando le pregunté qué le diría a quien lleva tiempo dando vueltas a una idea sin dar el paso, me respondió con una claridad que no esperaba: le diría que la idea que tiene en la cabeza ya vale más que la idea perfecta que busca fuera, y que la única manera de comprobarlo es publicarla.
Lo que puedes aprender de esta historia
La historia de Esteban no tiene nada de excepcional, y eso es exactamente lo que la hace tan útil, porque demuestra que buscar la idea sencilla que puedas probar ya no requiere condiciones especiales, no requiere un momento de inspiración y no requiere tener todo resuelto antes de empezar.
Requiere cambiar la pregunta.
De cuál es la mejor idea posible a cuál es la idea más pequeña que puedo probar hoy con lo que ya tengo.
Esa diferencia es la que separa a quien lleva meses dando vueltas de quien lleva meses avanzando.
Por qué una idea sencilla publicada vale más que la idea perfecta guardada lo entiende quien lo ha vivido, y lo entiende bien, porque la realidad que devuelve una idea publicada, aunque sea imperfecta, es información que ninguna vuelta más en la cabeza puede darte.
Cómo puedes empezar tu propio camino
Hay una sola pregunta que cambia la dinámica de todo: ¿cuál es la idea más pequeña que puedo probar con lo que ya sé?
No la mejor, no la más original, no la más elaborada.
La más pequeña que exista en lo que ya sabes y que pueda ser útil para alguien que tiene ese problema ahora mismo.
Con esa respuesta tienes suficiente para empezar, y cuando algo imperfecto sale de tu cabeza y llega a alguien que lo necesita, ocurre lo que no puede ocurrir mientras lo sigues dando vueltas: aprendes algo real sobre si tiene sentido seguir.
Da el primer paso conmigo
Si has llegado hasta aquí es porque reconoces algo de lo que se describe en este episodio, porque llevas tiempo con una idea en la cabeza dando vueltas y porque en algún momento te has preguntado si llegará el momento de que esa idea salga de donde está.
Ese momento no llega solo.
Lo decides tú, con la idea más sencilla que tengas a mano y con la disposición de dejar que la realidad te diga si tiene sentido seguir.
Si quieres que te acompañe a identificar cuál es tu idea más sencilla y cuál es el primer paso concreto para probarla, para eso sirve una sesión 1 a 1 conmigo.
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¡Un abrazote 🤗!Toni Herrera 🎩 eMarketerSocial
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