El Comentario del Día
LUNES IXTIEMPO ORDINARIO sanMarcos 12, 1-1 Lajusticia de los “buenos” Eldesconcierto al que estamos sometidos, a causa del ambiente social que nosrodea, nos lleva, en tantas ocasiones, a perder el rumbo del verdadero criteriode las cosas. Ésta sería la clave para aquellos que quieren justificar susacciones por el mal comportamiento de terceros. La actuación de nuestrospolíticos, el ejercicio del poder de nuestros superiores, o la falta decomprensión de los que tenemos cerca, son estupendas excusas para que nuestrodesánimo o desgana se apodere de nosotros. Pero, ¿dónde se encuentra laresponsabilidad personal?, ¿por qué son los otros los culpables, y nosotrospermanecemos en una cierta autocompasión permanente? San Pedro, por su parte,nos aconseja algo bien distinto: “Poned todo empeño en añadir a vuestra fe lahonradez, a la honradez el criterio, al criterio el dominio propio, al dominiopropio la constancia, a la constancia la piedad, a la piedad el cariñofraterno, al cariño fraterno el amor”. “Éste esel heredero. Venga, lo matamos, y será nuestra la herencia”. Uno de los mayoresmales que se puede ejercer en este mundo es la justicia de los “buenos”. Sonaquellos que, tomándose la justicia por su cuenta, creen actuar en nombre delos divino, cuando en realidad lo que se esconde en esos corazones no es otracosa que el rencor, la envidia… o el odio. Cuando intentamos apropiarnos de loque no es nuestro, entonces el corazón se endurece y, dejando atrás lacoherencia y la verdad, buscamos cualquier justificación para adueñarnos odestruir lo que no es obra nuestra. Resulta mucho más “gratificante” ver eldolor ajeno que examinar la culpa propia. Parareconocer los errores es necesaria mucha humildad. Y este requisito no sólo seadquiere cuando uno recibe “palos”, sino, que encontrándonos en franca ventajaante los ojos del mundo, somos capaces de buscar la verdad, aunque ello nosacarree descubrir nuestra propia vergüenza. Ser coherentes, por otra parte, esser fieles a la verdad, y dar testimonio de ella, sin miedo y sin “mediastintas”. “Intentaronecharle mano, porque veían que la parábola iba por ellos; pero temieron a lagente, y, dejándolo allí, se marcharon”. La mentira, tarde o temprano, sedesenmascara, y descubrimos su vaciedad. Los que perseguían a Jesús no actuabanen nombre de la verdad, sino de sí mismos y de sus engaños. La VirgenMaría, por ser la llena de gracia, era capaz de reconocer en los detalles máspequeños la verdad de Dios, y nunca actuó amenazada por el miedo. EnPentecostés, la vimos en medio de aquellos discípulos miedosos, y fue la fuerzade aquellos corazones en donde se germinaba la Iglesia.
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