Historias de la economía
👕Hay prendas que trascienden las tendencias para convertirse en auténticos símbolos. Y una de ellas es el polo. Presente en pistas de tenis, campos de golf, oficinas, pasarelas y fiestas, su sencillez esconde una historia de innovación estratégica y construcción de marca. Y todo partiendo de la mente de un genio, el campeón francés de tenis René Lacoste, que decidió desafiar los códigos de vestimenta de su deporte, con una prenda más cómoda y funcional. Una decisión que dio origen a la prestigiosa marca de ropa y que transformó la industria textil y el concepto del lujo. 🎾En todo este proceso fue clave la figura de René Lacoste, un hombre que entendía la innovación como una extensión de la competición. Había nacido en París, en 1904, y pronto se convirtió en uno de los tenistas más importantes de su tiempo, y en una auténtica celebridad. Campeón de 7 títulos de Grand Slam, además formó parte de la generación de ‘los Cuatro Mosqueteros’, que dominó el tenis mundial en los años 20, ganando dos Copas Davis. 💡Meticuloso y disciplinado, perseguía perfeccionar cada detalle de su juego, estudiando sus rivales, pero también el material con el que competía. Y fue esa mentalidad, más cercana a la de un ingeniero que a la de un deportista, la que le llevó a cuestionar la indumentaria tradicional de las pistas. En aquella época, los tenistas competían con un look que hoy nos parecería muy incómodo, con camisas de algodón de manga larga, como las que podía llevar la gente por la calle, perfectamente abotonadas, con cuellos rígidos y almidonados, y en algunos torneos hasta con corbata. Y todo acompañado de unos pantalones largos de franela. No era la equipación más adecuada para hacer deporte. 🥎Hasta que en 1928, Lacoste revolucionó el circuito. El tenista apareció en la final del campeonato francés con una camiseta no reglamentaria. ¡Le había cortado las mangas a la camisa! Además, estaba fabricada de algodón mercerizado, un material más ligero y transpirable, que era el mismo que utilizaban los oficiales británicos que habían aprendido a jugar a Polo en la India. Por metonimia, a esa nueva prenda se le acabó llamando polo. Ofrecía mayor libertad de movimiento, pero sin renunciar a la elegancia que exigía el deporte en aquella época.
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