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Un cristiano NO DESERTA

33 min · 5 de may de 202633 min
Portada del episodio Un cristiano NO DESERTA

Descripción

La perseverancia es la gracia de Dios obrando en el creyente para perseguir la madurez con determinación, una determinación que se traduce en permanencia firme y aguante paciente en medio de pruebas, sequedades y combates del alma. Como está escrito: “el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Filipenses 1:6). Perseverar es el llamado a la milicia santa; hay cruz, disciplina y esperanza. Así, el creyente avanza —a veces cojeando, pero jamás retrocediendo—, porque ha sido tomado por una mano que no suelta. Desertar sería negar la fidelidad de Aquel que sostiene; perseverar es, en última instancia, la evidencia de que estamos siendo verdaderamente sostenidos por aquél que es poderoso y fiel, quien multiplica nuestras fuerzas y en Su victoria nos ayuda a prevalecer.

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Un cristiano NO DESERTA

La perseverancia es la gracia de Dios obrando en el creyente para perseguir la madurez con determinación, una determinación que se traduce en permanencia firme y aguante paciente en medio de pruebas, sequedades y combates del alma. Como está escrito: “el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Filipenses 1:6). Perseverar es el llamado a la milicia santa; hay cruz, disciplina y esperanza. Así, el creyente avanza —a veces cojeando, pero jamás retrocediendo—, porque ha sido tomado por una mano que no suelta. Desertar sería negar la fidelidad de Aquel que sostiene; perseverar es, en última instancia, la evidencia de que estamos siendo verdaderamente sostenidos por aquél que es poderoso y fiel, quien multiplica nuestras fuerzas y en Su victoria nos ayuda a prevalecer.

5 de may de 202633 min
Portada del episodio Sí, Señor

Sí, Señor

Nuestra «aptitud» para la devoción y el servicio no emana de nuestra propia capacidad, sino que es un fruto del pacto eterno sellado con la sangre de Cristo. La verdadera diligencia consiste en ocuparnos con temor y temblor en nuestra salvación, reconociendo que es Dios quien opera en nosotros tanto el querer como el hacer, por su buena voluntad. Así, el creyente no es un agente pasivo; más bien, al ser equipado por el «Gran Pastor», es impulsado a una laboriosidad ferviente en toda obra buena. Esta diligencia es la evidencia externa de una obra interna: el Dios de paz nos perfecciona y nos mueve a actuar, de modo que nuestro trabajo no es una carga legalista, sino una manifestación de que Su voluntad se está cumpliendo en nosotros para Su gloria eterna. Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno, os haga APTOS en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo.  (Heb 13:20-21)

23 de abr de 202642 min
Portada del episodio El cardio espiritual

El cardio espiritual

En la vida cristiana, la piedad no es un sentimiento pasajero ni un deber religioso estéril. Es el cardio espiritual: el ejercicio continuo y vigoroso de los santos, aquel latido incesante del corazón regenerado que, bajo la soberana gracia del Espíritu Santo, fortalece el carácter, aviva la devoción y produce madurez en Cristo. Como el ejercicio cardiovascular fortalece el músculo del corazón físico, la piedad —entendida como PIEDAD— es el entrenamiento diario que Dios mismo obra en sus hijos para conformarlos a la imagen de su Hijo (Romanos 8:29). Para el creyente, este ejercicio no es un intento legalista de ganar el favor de Dios, sino la respuesta agradecida de un corazón que ya ha sido transformado. “Ejercítate para la piedad” (1 Timoteo 4:7). Esta no es una sugerencia decorativa, es un mandato. Así como el cuerpo se marchita sin movimiento, el alma se entumece sin disciplina. ¿Cómo luce la piedad? ¿Cuál es la rutina de los llamados de Dios? Son diversos los ejercicios del alma que un cristiano debe practicar, pero todos buscan el mismo fin; magnificar a Cristo y rendir mente, cuerpo, voluntad, conducta y anhelos a Su Señorío. Seis ejercicios espirituales constituyen la búsqueda y práctica de la piedad: {P}LENITUD en Cristo {I}NQUIETUD sin Cristo {E}SPERANZA prevaleciente {D}EPENDENCIA del Señorío {A}MISTAD con Dios {D}ESPRECIO del mal

22 de abr de 202652 min