El desván de Isidro
Hay amores que duran un verano y veranos que guardamos toda la vida en el bolsillo. Llega 1 de agosto y recuerdo los collares que nos intercambiamos como si fueran el hilo rojo que nos mantiene unidos para siempre. Pasa un año, pasan dos, tres, cuatro… así hasta llevar ocho y ver una foto tuya en Chicago. Busco tu collar en el bolsillo y no lo encuentro. ¿Seguirías teniendo tú el mío? Aunque halla amores que duren un verano, hay amores que guardamos toda la vida en el bolsillo. También hay un puñado de recuerdos, el beso por arreglarte un zapato; el parque, la luna y su balanceo; las traseras de tu casa y las estrellas mojadas con ganas de sentir mis besos recorriendo todo tu cuerpo; el licor de nuestra última media noche y la foto en mi cuarto, donde nos intercambiamos el corazón con forma de collares. Qué valientes éramos… Y me he dado cuenta que un simple mensaje puede cambiarlo todo. Me dices que mantienes mi collar y yo, que te he esperado muchos años en la orilla, habré perdido el tuyo entre las olas, y mira que, si han roto contra mí, que ahora me encuentras desnudo con la foto entre mis manos, recordando la última luna del verano. ¿Quién sabía si volveríamos a probar el sol de entre nuestros labios? Los años han pasado y ahora vestimos diferente. La niña que una vez conocí, ha madurado, pero dice no haberme olvidado. El niño que una vez conociste, ha crecido y ha conseguido tatuar tu nombre en cada paso que ha dado. Pueden suceder los años y aunque cambie de pantalones, cada vez que he metido la mano en el bolsillo, te he sentido conmigo.
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