El desván de Isidro
Hace buena noche para subirse a la cornisa y echar un vistazo hacia lo que una vez fui, hacia lo que nunca fuimos. Una vez dije que no creía en las modas y al final he acabado siendo una, con Londres y Budapest entre mis ojos. Empecé escribiéndole unos versos con sabor a rosas y acabaron derramados los pétalos por mis mejillas rotas. Es difícil aguantar el peso del cielo, cuando es posible que estén todos los besos y sonrisas que perdimos, mientras saltábamos charcos por el mundo entero. Y no niego que me perdí al levantarme del aterrizaje forzoso, mientras buscaba las mariposas que ya no volaban por sus entrañas. Con la misma frase que antes me salvaba, hoy, me mata. Un "te quiero" ha pasado de ser un oasis al desierto que se traga hasta lo que no tengo. Por eso he roto los poemas, el aroma a maremoto me asustó y salí corriendo de la orilla. Dicen que donde fuiste tan feliz, siempre regresarás, pero dime quién se queda bajo un árbol, esperando a que caigan los rayos. Que sí, yo también he sido piedra al igual que estrella. Y si un cometa es una estrella fugaz, ¿qué es cuando se estrella?
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