El desván de Isidro
Otra vez las agujas del reloj se detienen. Otra vez el verano es mordido por una serpiente. Dime qué tiene su veneno porque lo he bebido y no sé dónde está nevando, tan sólo sé que ven hielo cuando me miran. Temo ser mordido y quieran devorarme entero. Tengo dentro un agujero negro que se traga los ``te quiero´´. Yo no quiero ser ese barco al que se suben y abandonan en mitad de la travesía. Ya dijo Unamuno que ``el modo de dar una vez en el clavo es dar cien veces en la herradura´´, y he decidido no ser el clavo, tampoco el martillo que golpea, soy quien sostiene la vida y hace lo que quiere con ella. Comentan que los veranos están para enamorarse en lo que dura un beso de sol a luna, pero no se dan cuenta que, cuando llega el otoño, los pájaros vuelven a sus nidos, aunque algunos se extravían y no llegan. A mí no me ha hecho falta que comience agosto para entender que no tienes que regresar si no te vas, que incluso cerrando los ojos puede arder tu hogar. Otra vez las agujas del reloj se detienen. Otra vez tengo que peregrinar hasta donde más duele. Las costuras del alma están rotas y me toca coser. No me importa si me pincho, la herida es bastante grande y ya he perdido todo lo que se podía perder. Ojalá encontrar la forma de escapar, si algún día acabo siendo preso de la libertad que me ofrecen los brazos de una mujer, sin que se rompa, como una vez a mí me tocó arder.
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