Pequeños y Grandes en la Fe
Efesios 4:32 dice: “Sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo.”
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39 episodios
La Mamá que perdió el espejo
Muchas mujeres pasan años entregándose tanto… que dejan de verse con amor. Se vuelven expertas en cuidar a todos, menos a sí mismas. Y poco a poco empiezan a sentirse: cansadas, invisibles, solamente funcionales. Pero Dios nunca diseñó a una mujer para existir únicamente para resolver cosas. También la creó para: disfrutar, soñar, descansar, crear, reír, sentirse amada. Una mamá no deja de ser mujer por amar a sus hijos. Y cuidar de sí misma no la hace menos buena mamá. Al contrario. Las mujeres también necesitan sentirse vistas, valoradas, escuchadas, abrazadas. Porque ellas también tienen un corazón que a veces se cansa de sostener tanto.
El Árbol que Esperaba la Lluvia
Hoy conoceremos la historia de un viejo olivo en medio de un valle seco, un árbol que todos daban por perdido… excepto alguien que podía ver vida donde otros solo veían grietas. A través de una temporada de sequía, espera y silencio, este cuento nos recuerda una verdad profunda: 🌿 que Dios muchas veces trabaja primero en las raíces antes de mostrar las flores. En este episodio hablaremos de: * los procesos invisibles del corazón, * la paciencia en tiempos difíciles, * cómo las temporadas secas también tienen propósito, * y por qué no debemos rendirnos cuando todavía no vemos resultados. No te apresures a llamarte seco. No te rindas solo porque aún no ves flores. Hay raíces dentro de ti que siguen vivas. Y yo sé exactamente cómo hacerlas florecer otra vez. Confía en mis tiempos. Incluso ahora… estoy enviando lluvia
El niño que guardaba estrellas
Este cuento nos recuerda que Dios muchas veces obra en lo sencillo: una palabra amable, una oración, un abrazo, una presencia tranquila en medio del caos. En el episodio de hoy viajaremos a un pequeño pueblo donde la esperanza parecía apagarse poco a poco… hasta que un niño llamado Tomás comenzó a caminar con un misterioso frasco “lleno de estrellas”. A través de un encuentro inesperado, descubrirá que incluso las luces más pequeñas pueden transformar la oscuridad de otros.
La Niña que no Sabía Como Regresar
El Jardín que Aprendió a Esperar
El alma humana es como un jardín. Hay momentos de lluvia, de espera, de invierno y de florecer. Dios trabaja en silencio, debajo de la tierra, en las raíces que nadie ve. A veces te sientes estancado, sin resultados, sin señales. Pero justo ahí, en esa quietud aparente, tu raíz está profundizando. Está aprendiendo a sostener tu propósito. El mundo mira las flores, pero Dios mira las raíces. Florecer antes de tiempo es como abrir los ojos antes del amanecer: te pierdes la belleza del proceso. La fe verdadera no es creer cuando ves brotes, sino seguir confiando cuando no hay señales de vida.
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