Pequeños y Grandes en la Fe
Muchas mujeres pasan años entregándose tanto… que dejan de verse con amor. Se vuelven expertas en cuidar a todos, menos a sí mismas. Y poco a poco empiezan a sentirse: cansadas, invisibles, solamente funcionales. Pero Dios nunca diseñó a una mujer para existir únicamente para resolver cosas. También la creó para: disfrutar, soñar, descansar, crear, reír, sentirse amada. Una mamá no deja de ser mujer por amar a sus hijos. Y cuidar de sí misma no la hace menos buena mamá. Al contrario. Las mujeres también necesitan sentirse vistas, valoradas, escuchadas, abrazadas. Porque ellas también tienen un corazón que a veces se cansa de sostener tanto.
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