El Comentario del Día
JUEVES IXTIEMPO ORDINARIO sanMarcos 12, 28b-34 Lafelicidad en el cumplimiento Somos tan reacios a aceptar órdenes que olvidamos que losmandamientos de Dios nos han sido dados para nuestro bien. En las SagradasEscrituras, se vincula el cumplimiento de los mandamientos a la felicidad. Sedice, por ejemplo “Así prolongarás tu vida”, o bien: “Para que tevaya bien y crezcas en número”. Son figuras que expresan cómo losmandamientos, que mueven al culto verdadero, a la relación auténtica con Dios,responden a lo que el hombre busca en su corazón. Los mandamientos protegen eldeseo de felicidad que hay en nosotros. Por eso, Dios ha querido revelarincluso normas que son alcanzables por la sola razón, de modo que seanfácilmente conocidas por todos y sin error. Porque el fin de la ley es el biendel hombre. En esta dinámica es lógico que el mandamiento más importante seaamar a Dios e, indisolublemente unido a éste, amar al prójimo. Cuando elescriba pregunta a Jesús, lo hace sólo sobre el primer mandamiento. Jesús leresponde con dos. De esa manera indica que el amor a Dios no se puede separarde la vida concreta que llevamos, es decir, que el amor a Dios se cumple en lavida. Con razón se dice que el amor al que tenemos cerca es la piedra de toquede nuestro amor a Dios. Amar a Dios significa también amar todo lo que Diosama, y lo que Dios más ama sobre la tierra es el hombre, no la humanidadabstracta sino cada hombre concreto. Elmandamiento del amor a Dios tampoco es reducible a un mero hacer bien lascosas. Decía el cardenal Van Thuan que si Dios sólo pretendiera nuestraeficacia, no habría creado hombres sino robots. Ciertamente ellos harían mejorlas cosas y no cometerían ningún mal moral. Querer es poner el corazón en Dios,hagamos lo que hagamos: se trata de hacer todas las cosas por Él. Y lasituación privilegiada para ello es el encuentro con otro hombre, creado aimagen y semejanza de Dios y redimido con la sangre de Cristo. En suencíclica sobre el Amor de Dios, Benedicto XVI señalaba también que “espropio de la madurez del amor que abarque todas las potencialidades del hombree incluya, por así decir, al hombre en su integridad”. A ello se refierentambién las palabras del mandamiento al indicar que el amor ha de ser con todotu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser. San Juan dela Cruz lo expresaba así: “Que ya no tengo oficio, que ya sólo en amar es miejercicio”. El Amor es lo que devuelve al hombre su integridad y nuncasomos tan íntegros como cuando amamos de verdad. En una sociedad propensa alestrés y en la que aumentan los sentimientos de ruptura, falta de realización ymalestar, hay que recordar que el hombre sólo se recompone amando. Hemos sidocreados para el amor. Y esa verdad, que podría parecer abstracta, lacomprobamos en Jesucristo, en quien el Amor se ha hecho carne y sangre comonosotros. La Virgennos indica la intensidad de la acción de la caridad. De ahí que en elmandamiento se subraye el “todo”. Amar a Dios con total intensidad, sea cualsea nuestra ocupación, es el camino para nuestra felicidad.
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