El Comentario del Día

Viernes IX Tiempo Ordinario - 12.06

3 min · 12 de jun de 2026
Portada del episodio Viernes IX Tiempo Ordinario - 12.06

Descripción

VIERNESIX TIEMPO ORDINARIO sanMarcos 12, 35-37 Quejarnosa Dios   “¡Quépersecuciones padecí! Pero de todas me libró el Señor”. Quejarse no es malo, loestéril es tomar la queja como justificación de nuestras omisiones … Un hombre,en el lecho de la muerte, hablaba a un amigo suyo sobre el sentido de lalibertad. Este amigo argumentaba que Dios, en su infinita misericordia, nopodía permitir que los hombres renunciaran a su amor. El anciano moribundo,después de un largo silencio, contestó: “Ése es el problema. Dios nos ha creadopara amarnos y para que le amemos. Sin libertad no existiría criatura algunacapaz de amar a Dios por sí mismo… todo lo demás sigue las “instrucciones” quemarca el orden y fin natural de la creación. Lo prodigioso del ser humano esque, en cualquier momento, puede decir ‘sí’ o ‘no’ a su Creador”. La queja,por tanto, es algo muy humano. Y todo lo que pertenece a la condición limitadadel hombre no tiene como responsable a Dios, sino al ejercicio de la libertad.La primera “limitación” del hombre fue el pecado, y su forma de pensar y actuarha ido realizándose en una dirección muy estrecha, creyendo que con sus solasfuerzas podría superar cualquier obstáculo. Dios, para muchos, supone unimpedimento para esas ínfulas de “autodeterminación” que, aparentemente, noshacen más independientes. Pero Dios “necesita” de nuestras quejas. Y la oraciónes el mejor medio para ser escuchados… y sentirnos libres de verdad. “Muchosson los enemigos que me persiguen, pero yo no me aparto de tus preceptos”.“Hacer lo que me da la gana” puede sonar a algo rotundo y muy personal. Larealidad es diferente. Cuando renunciamos a aquello que creemos nos reprime (lamoral, las costumbres, la educación, el bien común…), el efecto que conseguimoses el contrario: quedamos esclavizados por las cosas que mueren, y que no nosdan sentido de nada. En cambio, aquél que busca en su existencia elcumplimiento de la ley de Dios, proclamará junto al salmista: “El compendio detu palabra es la verdad, y tus justos juicios son eternos”. Lo salmosestán repletos de quejas. Jeremías era otro “gran quejica”. Muchos profetasapelaban a Dios compasión ante las misiones que les encomendaba… Jesucristo, enGetsemaní, pidió a su Padre que, si era posible, apartara el amargo cáliz de laPasión. El Hijo de Dios no tenía pecado, pero quiso llevar sobre sí todas lasquejas de la humanidad, desde Adán hasta el fin de los tiempos. Todo para quetú y yo recobráramos la única libertad que nos garantiza ser “libres”. “Lagente, que era mucha, disfrutaba escuchándolo”. También nosotros disfrutamos denuestra relación con Dios. Sabemos que, en todo momento, seremos escuchados porÉl, y que nuestras quejas no son motivo para abatirnos, sino de sacar fuerzasde nuestra debilidad. Así lo entendieron durante siglos aquellos que buscabanidentificarse con los sentimientos de Jesús, y así lo entendemos nosotros. Comodecía el propio san Pablo: “Todo es para bien”. A laVirgen se le dijo: “Bendita tú porque has creído”. Y ella extiende su mantoamoroso sobre cada uno de nosotros. En ese refugio de ternura y misericordia,oiremos voces que aclamarán al unísono: “Bienaventurados vosotros que osquejasteis y fuisteis escuchados”.

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Viernes IX Tiempo Ordinario - 12.06

VIERNESIX TIEMPO ORDINARIO sanMarcos 12, 35-37 Quejarnosa Dios   “¡Quépersecuciones padecí! Pero de todas me libró el Señor”. Quejarse no es malo, loestéril es tomar la queja como justificación de nuestras omisiones … Un hombre,en el lecho de la muerte, hablaba a un amigo suyo sobre el sentido de lalibertad. Este amigo argumentaba que Dios, en su infinita misericordia, nopodía permitir que los hombres renunciaran a su amor. El anciano moribundo,después de un largo silencio, contestó: “Ése es el problema. Dios nos ha creadopara amarnos y para que le amemos. Sin libertad no existiría criatura algunacapaz de amar a Dios por sí mismo… todo lo demás sigue las “instrucciones” quemarca el orden y fin natural de la creación. Lo prodigioso del ser humano esque, en cualquier momento, puede decir ‘sí’ o ‘no’ a su Creador”. La queja,por tanto, es algo muy humano. Y todo lo que pertenece a la condición limitadadel hombre no tiene como responsable a Dios, sino al ejercicio de la libertad.La primera “limitación” del hombre fue el pecado, y su forma de pensar y actuarha ido realizándose en una dirección muy estrecha, creyendo que con sus solasfuerzas podría superar cualquier obstáculo. Dios, para muchos, supone unimpedimento para esas ínfulas de “autodeterminación” que, aparentemente, noshacen más independientes. Pero Dios “necesita” de nuestras quejas. Y la oraciónes el mejor medio para ser escuchados… y sentirnos libres de verdad. “Muchosson los enemigos que me persiguen, pero yo no me aparto de tus preceptos”.“Hacer lo que me da la gana” puede sonar a algo rotundo y muy personal. Larealidad es diferente. Cuando renunciamos a aquello que creemos nos reprime (lamoral, las costumbres, la educación, el bien común…), el efecto que conseguimoses el contrario: quedamos esclavizados por las cosas que mueren, y que no nosdan sentido de nada. En cambio, aquél que busca en su existencia elcumplimiento de la ley de Dios, proclamará junto al salmista: “El compendio detu palabra es la verdad, y tus justos juicios son eternos”. Lo salmosestán repletos de quejas. Jeremías era otro “gran quejica”. Muchos profetasapelaban a Dios compasión ante las misiones que les encomendaba… Jesucristo, enGetsemaní, pidió a su Padre que, si era posible, apartara el amargo cáliz de laPasión. El Hijo de Dios no tenía pecado, pero quiso llevar sobre sí todas lasquejas de la humanidad, desde Adán hasta el fin de los tiempos. Todo para quetú y yo recobráramos la única libertad que nos garantiza ser “libres”. “Lagente, que era mucha, disfrutaba escuchándolo”. También nosotros disfrutamos denuestra relación con Dios. Sabemos que, en todo momento, seremos escuchados porÉl, y que nuestras quejas no son motivo para abatirnos, sino de sacar fuerzasde nuestra debilidad. Así lo entendieron durante siglos aquellos que buscabanidentificarse con los sentimientos de Jesús, y así lo entendemos nosotros. Comodecía el propio san Pablo: “Todo es para bien”. A laVirgen se le dijo: “Bendita tú porque has creído”. Y ella extiende su mantoamoroso sobre cada uno de nosotros. En ese refugio de ternura y misericordia,oiremos voces que aclamarán al unísono: “Bienaventurados vosotros que osquejasteis y fuisteis escuchados”.

12 de jun de 20263 min
Portada del episodio Jueves IX Tiempo Ordinario - 11.06

Jueves IX Tiempo Ordinario - 11.06

JUEVES IXTIEMPO ORDINARIO sanMarcos 12, 28b-34 Lafelicidad en el cumplimiento    Somos tan reacios a aceptar órdenes que olvidamos que losmandamientos de Dios nos han sido dados para nuestro bien. En las SagradasEscrituras, se vincula el cumplimiento de los mandamientos a la felicidad. Sedice, por ejemplo “Así prolongarás tu vida”, o bien: “Para que tevaya bien y crezcas en número”. Son figuras que expresan cómo losmandamientos, que mueven al culto verdadero, a la relación auténtica con Dios,responden a lo que el hombre busca en su corazón. Los mandamientos protegen eldeseo de felicidad que hay en nosotros. Por eso, Dios ha querido revelarincluso normas que son alcanzables por la sola razón, de modo que seanfácilmente conocidas por todos y sin error. Porque el fin de la ley es el biendel hombre. En esta dinámica es lógico que el mandamiento más importante seaamar a Dios e, indisolublemente unido a éste, amar al prójimo. Cuando elescriba pregunta a Jesús, lo hace sólo sobre el primer mandamiento. Jesús leresponde con dos. De esa manera indica que el amor a Dios no se puede separarde la vida concreta que llevamos, es decir, que el amor a Dios se cumple en lavida. Con razón se dice que el amor al que tenemos cerca es la piedra de toquede nuestro amor a Dios. Amar a Dios significa también amar todo lo que Diosama, y lo que Dios más ama sobre la tierra es el hombre, no la humanidadabstracta sino cada hombre concreto. Elmandamiento del amor a Dios tampoco es reducible a un mero hacer bien lascosas. Decía el cardenal Van Thuan que si Dios sólo pretendiera nuestraeficacia, no habría creado hombres sino robots. Ciertamente ellos harían mejorlas cosas y no cometerían ningún mal moral. Querer es poner el corazón en Dios,hagamos lo que hagamos: se trata de hacer todas las cosas por Él. Y lasituación privilegiada para ello es el encuentro con otro hombre, creado aimagen y semejanza de Dios y redimido con la sangre de Cristo. En suencíclica sobre el Amor de Dios, Benedicto XVI señalaba también que “espropio de la madurez del amor que abarque todas las potencialidades del hombree incluya, por así decir, al hombre en su integridad”. A ello se refierentambién las palabras del mandamiento al indicar que el amor ha de ser con todotu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser. San Juan dela Cruz lo expresaba así: “Que ya no tengo oficio, que ya sólo en amar es miejercicio”. El Amor es lo que devuelve al hombre su integridad y nuncasomos tan íntegros como cuando amamos de verdad. En una sociedad propensa alestrés y en la que aumentan los sentimientos de ruptura, falta de realización ymalestar, hay que recordar que el hombre sólo se recompone amando. Hemos sidocreados para el amor. Y esa verdad, que podría parecer abstracta, lacomprobamos en Jesucristo, en quien el Amor se ha hecho carne y sangre comonosotros. La Virgennos indica la intensidad de la acción de la caridad. De ahí que en elmandamiento se subraye el “todo”. Amar a Dios con total intensidad, sea cualsea nuestra ocupación, es el camino para nuestra felicidad.

Ayer3 min
Portada del episodio Miércoles IX Tiempo Ordinario - 10.06

Miércoles IX Tiempo Ordinario - 10.06

MIÉRCOLES IX TIEMPO ORDINARIO SanMarcos 12, 18-27 Las cosascomo medios   “Tengosiempre tu nombre en mis labios cuando rezo, de noche y de día”. Hay unaexpresión que hoy día se utiliza muy poco: “comunión de los santos”. Con estaspalabras la Iglesia ha querido enseñar la eficacia de la oración. No se tratavivir grandes experiencias místicas, ni cosas fuera de lo normal, sino que esla “comunicación” que, de la manera más sencilla, se produce entre aquellos quecompartimos una misma fe. Cuandosan Pablo dirige una carta a Timoteo, le está recordando que no se encuentrasolo. Gracias al poder de la oración somos capaces de crear la gran “Red” entrelos hijos de Dios. Lo que tenemos entre manos es mucho más radical, ya que esel mismo Dios quién se ha comprometido a entrar en semejante dinámicacomunicativa. ¿Cuál es nuestra fuerza?… nos lo recuerda también san Pablo:“Porque Dios no nos ha dado un espíritu cobarde, sino un espíritu de energía,amor y buen juicio”. Desdehace algunos años nos venimos asombrando de la renovación constante de lastecnologías en el mundo de la comunicación. El mundo se nos ha quedado“pequeñito” porque podemos comunicarnos con cualquiera y en cualquier parte.Con un diminuto teléfono podemos mantener una conversación sea la distancia quesea. Satélites, antenas, cable, ondas… todo está dispuesto para que el hombreno se sienta solo. Pero, curiosamente, el resultado suele ser el contrario.Cuanto más avance hay en la técnica, encontramos más soledad en los corazones.¿Cuál es el problema? que el hombre parece estar al servicio de esas nuevastecnologías, y no al revés. “Pero nome siento derrotado, pues sé de quién me he fiado y estoy firmemente persuadidode que tiene poder para asegurar hasta el último día el encargo que me dio”.Fiarse de Dios es poner todas las demás cosas como medios, no como fin. Elbrillo que puede producirnos una gran avance tecnológico quedará oscurecido porun nuevo descubrimiento, y así consecutivamente. Lo que viene de Dios, encambio, nunca se agota, y la oración es la que nos hace permanecer siempre encomunicación con Él y con todos los hombres… nunca envejecerá semejanteinstrumento divino. “Estáisequivocados, porque no entendéis la Escritura ni el poder de Dios”. Así es elhombre: siempre intentando superar el orden creado, porque la tentación del“seréis como dioses” le acompañará hasta el fin de los tiempos. Por muchos“Einsteins” que se pusieran de acuerdo, ninguno de ellos podría siquierainventar una gota de rocío. Nos dejamos deslumbrar por tantos fuegos deartificio, que no sabemos saborear un minuto de silencio en diálogo con Dios. Si miramos a María, nuestra Madre,veremos en su rostro la dulzura de un alma que se entrega en oración. Pero esaoración no consiste en misticismos extraordinarios, sino en convertir cada unade nuestras acciones, pensamientos y palabras en continuo diálogo divino.

10 de jun de 20263 min
Portada del episodio Martes IX Tiempo Ordinario - 09.06

Martes IX Tiempo Ordinario - 09.06

MARTES IX TIEMPO ORDINARIO sanMarcos 12, 13-17 ¿Completarla Pasión de Cristo?   “Esperady apresurad la venida del Señor, cuando desaparecerán los cielos, consumidospor el fuego, y se derretirán los elementos”. ¡Vaya manera de comenzar unacarta! San Pedro no se anda con “chiquitas”. Para algunos podría sonar a ciertaamenaza, o género apocalíptico, tal y como la emprende el vicario de Cristo ensu segunda carta. Con lenguaje de nuestros días, podríamos asegurar que laexperiencia de Cristo en medio de sus discípulos fue “muy fuerte”. No setrataba de la continuidad de algo a lo que estaban acostumbrados (la ley, eltemplo, los sacerdotes…), sino que la ruptura con todo lo anterior fue radical.El mismo Jesús había dicho que Él venía a renovar todas las cosas. Y laAscensión de la que tantos habían sido testigos, no fue el final de nada, sinoel comienzo de todo. “Mientrasesperáis estos acontecimientos, procurad que Dios os encuentre en paz con él,inmaculados e irreprochables”. Cristo anunció su segunda venida, ya definitiva,y todos la esperan como “agua de mayo”. San Pedro apela a esa predisposición,necesaria por nuestra parte, para poder completar en nuestra carne la Pasión yResurrección de Jesús. Si hemos sido incorporados al Cuerpo Místico de Cristo,no se trata de vivir entre nubes, sino de construir a “golpe” de rectitud deintención nuestra vida con Él. “Consideradque la paciencia de Dios es nuestra salvación”. Esperar al Hijo de Dios no escuestión de sentarse en la “parada del autobús”, y mirar de vez en cuando elreloj porque hoy viene con retraso. La paciencia a la que alude el apóstol esla que tiene como alimento la virtud teologal de la Esperanza. “Saber esperar”,expresión empleada por santos de nuestro tiempo, es reconocer que todasnuestras expectativas están fijadas en una persona: Jesucristo. Por eso,ninguno de nuestros actos caerán en “saco roto”, sino que se prolongan hastaalcanzar el deseo de Dios: nuestra salvación. Una consecuencia de tal espera esnuestra perseverancia: “Estad en guardia para que no os arrastre el error deesos hombres sin principios, y perdáis pie”… “Lo quees del César pagádselo al César, y lo que es de Dios a Dios”. Los agravioscomparativos nunca van a solucionarnos nada. Intentar hacer de Dios un“monigote” con el que jugar en ratos libres, es arrogarnos el papel dedirectores de ficción. Tolkien, el autor de “El Señor de los Anillos”, en unode sus primeros libros, entendía la Creación como una gran orquesta sinfónica.En cuanto alguien “se iba de tono” (¡admirable respeto por la libertad!), undesorden empañaría la obra divina (¡buena analogía del pecado!). Dios respetamis actos hasta tal punto, que otros, siempre siguiendo la ley natural y elbien común, han de respetar mis decisiones como venidas del mismo Dios. Hastaese punto llega la imagen del ser humano a identificarse con su Creador. Poreso, resulta tan milenaria la veneración de los cristianos por los estados ygobiernos en cuanto al desvelo y cuidado por sus ciudadanos (siempre, porsupuesto, que se cuide el principio de subsidiariedad y bien común). “Sequedaron admirados”. También nos admiramos nosotros de la Virgen María, queguardaba en su corazón los prodigios de Dios que hizo en ella, y que ahora nosdispensa, con su amor maternal, a cada uno de nosotros.

9 de jun de 20263 min
Portada del episodio Lunes IX Tiempo Ordinario - 08.06

Lunes IX Tiempo Ordinario - 08.06

LUNES IXTIEMPO ORDINARIO sanMarcos 12, 1-1 Lajusticia de los “buenos”   Eldesconcierto al que estamos sometidos, a causa del ambiente social que nosrodea, nos lleva, en tantas ocasiones, a perder el rumbo del verdadero criteriode las cosas. Ésta sería la clave para aquellos que quieren justificar susacciones por el mal comportamiento de terceros. La actuación de nuestrospolíticos, el ejercicio del poder de nuestros superiores, o la falta decomprensión de los que tenemos cerca, son estupendas excusas para que nuestrodesánimo o desgana se apodere de nosotros. Pero, ¿dónde se encuentra laresponsabilidad personal?, ¿por qué son los otros los culpables, y nosotrospermanecemos en una cierta autocompasión permanente? San Pedro, por su parte,nos aconseja algo bien distinto: “Poned todo empeño en añadir a vuestra fe lahonradez, a la honradez el criterio, al criterio el dominio propio, al dominiopropio la constancia, a la constancia la piedad, a la piedad el cariñofraterno, al cariño fraterno el amor”. “Éste esel heredero. Venga, lo matamos, y será nuestra la herencia”. Uno de los mayoresmales que se puede ejercer en este mundo es la justicia de los “buenos”. Sonaquellos que, tomándose la justicia por su cuenta, creen actuar en nombre delos divino, cuando en realidad lo que se esconde en esos corazones no es otracosa que el rencor, la envidia… o el odio. Cuando intentamos apropiarnos de loque no es nuestro, entonces el corazón se endurece y, dejando atrás lacoherencia y la verdad, buscamos cualquier justificación para adueñarnos odestruir lo que no es obra nuestra. Resulta mucho más “gratificante” ver eldolor ajeno que examinar la culpa propia. Parareconocer los errores es necesaria mucha humildad. Y este requisito no sólo seadquiere cuando uno recibe “palos”, sino, que encontrándonos en franca ventajaante los ojos del mundo, somos capaces de buscar la verdad, aunque ello nosacarree descubrir nuestra propia vergüenza. Ser coherentes, por otra parte, esser fieles a la verdad, y dar testimonio de ella, sin miedo y sin “mediastintas”. “Intentaronecharle mano, porque veían que la parábola iba por ellos; pero temieron a lagente, y, dejándolo allí, se marcharon”. La mentira, tarde o temprano, sedesenmascara, y descubrimos su vaciedad. Los que perseguían a Jesús no actuabanen nombre de la verdad, sino de sí mismos y de sus engaños. La VirgenMaría, por ser la llena de gracia, era capaz de reconocer en los detalles máspequeños la verdad de Dios, y nunca actuó amenazada por el miedo. EnPentecostés, la vimos en medio de aquellos discípulos miedosos, y fue la fuerzade aquellos corazones en donde se germinaba la Iglesia.

8 de jun de 20263 min