ABRIENDO LOS OJOS - Reflexiones desde la periferia
Comienzo esta reflexión con las mismas preguntas que hacía en la anterior entrega. ¿Verdaderamente creen ustedes que lo que estamos viviendo en España es una democracia o gobierno del pueblo? ¿Es el pueblo español el que gobierna a través de sus representantes? ¿Y, por último, realmente nos sentimos representados por quienes nos gobiernan? Estas mismas preguntas sirven para desarrollar lo que pretendemos comentar ahora y la resumimos en dos ¿A dónde hemos llegado con esta llamada democracia y que con tanta ilusión inauguramos hace 50 años? ¿Realmente votamos a los que ejercen la política para hacer lo que están haciendo? No voy a hablar de lo que hemos avanzado económica o socialmente, de cómo ha evolucionado este país, para muchos a mejor y para otros muchos, también, a peor. Quiero que juntos reflexionemos si el modo de gobernarnos y las instituciones de nuestro estado democrático cuentan con la confianza, la valoración positiva, el reconocimiento y el beneplácito de los que somos gobernados. Los que están al frente o forman parte de cualquier institución de gobierno o de oposición, por encima de cualquier otro aspecto, este es el que deberían tener más en cuenta. Y sin embargo, hemos llegado a una situación que demuestra a las claras, y con todo el descaro, que no es así. La Política con mayúscula ha dejado de ser un arte, para convertirse en el chusmerío y chismerío más vergonzante que podamos sentir y experimentar ajenamente. Realmente nos abochorna como día sí y el otro también actúan unos y otros, los que gobiernan y los que se oponen a que se gobierne. Y que se dé por aludido el que quiera, o se ponga la mano en el pecho. Todos, sin darse cuenta se mimetizan, se imitan, repiten los mismos cánones y ni siquiera se esfuerzan en buscar nuevas fórmulas, nuevas dinámicas, ser diferentes, buscar otra manera de transitar por la política. Practican la estúpida fórmula de que con el insulto se acaba con otro más gordo, y reclaman un respeto para sí que no son capaces de darle al otro. Una espiral absurda, estúpida e interminable.
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